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CURA Llevaba un colchón en su auto... por las dudas

Jorge Beratz

Un sacerdote recordado en Santiago por las obras que llevó adelante

Por Alfredo Peláez
Desde changuito pensé que aquel cura de la parroquia del barrio (San Roque), era de apellido Vera. Con él hice mi primera comunión y confieso que lo admiré. De grande me di cuenta de que el apellido era Beratz, que sonaba como Vera. Lo recuerdo al padre como un gringo grandote, desaliñado, pero de corazón noble. Vestido con su eterno guardapolvo que alguna vez fue blanco y limpio, tenía fama de mujeriego. Era muy abierto comunitariamente. Fue otro personaje de Santiago que quedó en el olvido.
La investigación me llevo un año. Comenzó en Santiago y finalizo en Coronel Pringles en donde descansan sus restos y viven sus sobrinos. Los Beratz, incluido el padre Jorge, son de esa ciudad del sur de la provincia de Buenos Aires, situada cerca de las sierras de Pillahuincó, cercanas a Bahía Blanca.
En el obispado de Santiago del Estero, me dieron un nombre, Noemí y un teléfono. Hablé con Noemí y me derivo al señor Juan Coronel, que conoce como nadie la parroquia de San Roque, desde los cimientos. "Tengo 83 años asi que no me pregunten de fechas, sí de hechos, fui muy amigo del padre Beratz" nos comenta telefónicamente desde su casa santiagueña y nos entrega una valiosa historia sobre el cura. "Usted está cerca —me dice— de los familiares de Jorge, ellos son de Coronel Pringles, allí está un hermano, Alberto, no sé si vivirá". Efectivamente había fallecido hacia un par de años. Hablé con un sobrino del cura, Carlos y con una sobrina, Marta, y fui construyendo la pirámide familiar, rica en anécdotas. Gente de bien con campos en Coronel Pringles.
Los Beratz, de origen alemán, fueron 11 hermanos, Jorge fue el antepenúltimo, nacido el 27 de septiembre de 1917 en Coronel Pringles, hijo de José Beratz y Catalina Minig. Sus hermanos fueron Esteban José, Miguel, Luis, Catalina, Rosa, Alfonso, Vicente, Emilio, Alberto y Toribia.
Se ordenó cerca de La Plata y vino a Tacañitas. Falleció en Santiago del Estero el 7 de septiembre de 1981. Tenía 63 años.

Monseñor Tato lo sacó de la parroquia
Don Juan Coronel guarda en sus 83 años muchas vivencias del padre Jorge Beratz. No solo era su amigo, sino su compinche de aventuras. Vivió siempre cerca de la parroquia San Roque, en el pasaje Arsenio Salazar, y la vio levantarse desde los cimientos.
El obispo Manuel Tato
"Cuando llegó Jorge Beratz, la parroquia tenía levantado los cimientos a 1 metro 20 de altura. Venia desde Tacañitas, una localidad situada en el departamento Taboada próxima a Añatuya, de la mano del obispo José Weimann, era su secretario", comenta don Juan.
Weimann fue ordenado obispo de Santiago del Estero el 8 de septiembre de 1940. Dos años más tarde coronó la imagen de Nuestra Señora de Loreto en el santuario ubicado en la ciudad del mismo nombre.
"Cuando llegó, juntó a los vecinos, comenta don Juan y nos dijo: ´Bueno hay que salir a manguear, tenemos que terminar la parroquia´. Él se arremango su sotana, era un albañil más y quedo como cura párroco. Después fue al barrio Ejército Argentino, a la capilla de Mailín, que también terminó".
—¿Por qué lo trasladan?
—Por orden de monseñor Manuel Tato, obispo de Santiago y devoto de la Virgen de Sumampa. Fue en la década del 60. Beratz tenía un Opel modelo 59 de color verde, que se lo habían regalado sus hermanos. Monseñor estaba enamorado del auto y siempre se lo pedía. Un buen día Jorge le dijo que no, Tato se enojó y lo trasladó. Esa fue la historia. Monseñor Tato murió un año antes que el cura Beratz. Tato en agosto de 1980 y Jorge el 7 de septiembre de 1981. Yo acompañé sus restos a Coronel Pringles, su ciudad natal, en donde descansa"
—¿Tenía fama de mujeriego?
—Nada que ver. Era un excelente religioso. Esa fama se la hicieron aquí. Usted sabe cómo son los santiagueños.
La misma pregunta se la hice a su sobrino Carlos. Me contestó: "Se comentaba que el tío no llevaba rueda de auxilio en su auto, sino un colchón".
Luego don Juan agrega: “Del Ejercito Argentino fue a una capilla que también levantó sobre la Ruta 9, ´Espíritu Santo´ y en Mailin, una escuela. Fue un enorme sacerdote, siempre construyendo y ayudando a la comunidad que lo adoraba por su don de gente. También estuvo en la localidad cordobesa de La Falda.
Historia de un cura que fue personaje y también mujeriego.
©Ramírez de Velasco y el autor

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc10 de julio de 2022 a las 8:44

    Ya que el Sr. Juan Coronel dio datos y nombres, sería bueno que quienes afirman que el sacerdote era mujeriego también proporcionen datos y nombres, pero... los mitos no se analizan.

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  2. Muy buen artículo 👍!!
    Arq Maria lopez ramos

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  3. Interesante nota. ¡FELICITACIONES!

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  4. Nuestra familia siempre asistía a las misas del Padre Veratz en Bo. Belgrano. Lo querían mucho.
    Es una pena que el relato de este artículo, que resalta la obra, la entrega y el sacrificio de toda su vida sacerdotal, resulten empañados por el título y la frase final del artículo, que son los dos elementos de un escrito que se marcan y permanecen en la memoria del lector desprevenido.
    Creo que si se quería recordar y honrar la memoria del padre Beratz, muy merecida por cierto, es un recurso de poco tino sensacionalizar (o amarillentar) el título y conclusión del artículo.
    Por lo demás, buena tarea investigativa y también decisión de recordar la gente que le hizo bien a nuestra sociedad.

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  5. Los casó a mis padres en la parroquia San Roque, nos bautizó a todos mis hermanos y a mi, bautismo y comunión. Maravilloso saerdote, muy querido. Lo recuerdo con mucho afecto. También puedo agregar que le gustaba el folclore y tocaba muy bien el bombo.

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