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POLÉMICA Hombres, no próceres

José de San Martín

José de San Martín fue, en todo caso, uno de los mejores hijos que ha dado la Patria, le adjudican paternidad las maestras sarmientinas


José Francisco de San Martín no fue, como dicen “el Padre de la Patria” y tampoco el único “Libertador de América”. Uno lo dice así y seguro que varios piensan: “Este tipo está loco, niega lo evidente, se pone en contra de algo que es muy sabido”.
(Ojalá los lectores no abandonen la lectura del escrito en este instante, sigan el razonamiento y, si no están de acuerdo, al final, abajo, expongan sus argumentos).
Pero, vayamos por partes, dijo Jack el Destripador. Ser el padre de alguien o de algo, es conferirle importancia no solamente sobre todos los demás, sino también sobre la cosa misma. Es, como se dice, “el padre de la criatura” o, dicho en términos futboleros, el famoso “hijos nuestros”, que se gritaban, de tribuna a tribuna, los hinchas de casi todos los equipos de la Argentina en los clásicos de hacha y tiza.
Es decir, la Patria es mucho más grande que San Martín y, obviamente, existía antes de su nacimiento. Porque eso de afirmar que la Argentina nació un día es lo mismo que negar que antes haya habido gente aquí. Decir que la Argentina empieza ser el viernes 25 de mayo de 1810 es lo mismo que afirmar que hubo un “Fiat lux” en la historia de esta bendita tierra. Había oscuridad, caos, una mescolanza de cosas sin arriba ni abajo, allá ni aquí, en la que sólo existían Dios y los ángeles y un día cualquiera Dios dijo “hágase la luz” y la Argentina, como un pase de Mandrake comenzó a existir.
A quienes les gustan las analogías con parientes para explicar la historia debieran decir, en todo caso, que San Martín fue uno de los mejores hijos de la Patria. Y ahí sí se estaría tirando la pelota al menos en buena dirección.
Otra cosita, si San Martín quería tanto a la Argentina que, de hecho, ni siquiera se llamaba así todavía, ¿qué se fue a hacer a Chile y al Perú? Como que usted no puede arreglar los dramas en su casa, con su señora y sus hijos y se va a solucionar los problemas que tienen sus vecinos.
A veces es necesario simplificar un poco la historia para explicarla a los chicos cuando preguntan por qué no van a clases el 25 de mayo, el 20 de junio, el 9 de julio. El error de la enseñanza de la historia en la Argentina fue seguir diciendo lo mismo cuando a los alumnos les empezaban a salir pelitos en las piernas, cuando los canutos enrollados les aparecían más arriba, cuando les nacía la barba y el bigote y más adelante cuando los compagnones les colgaban largos. Y seguían y seguían dándole a la lata con idénticos cuentitos.
Oiga, la historia no es el cuentito de la maestra de la primaria. Ni San Martín es el Padre de la Patria ni Bernardino Rivadavia es el Más Grande Hombre Civil ni Manuel Belgrano era un boludito que no sabía nada de armas ni mataron a Mariano Moreno en alta mar, ¡deje de embromar!, ni el obispo Benito Lué, dijo lo que dicen que dijo en el cabildo abierto de mayo de 1810.
La historia de San Martín más conocida, la que vienen repitiendo como loros miles de maestros argentinos desde hace más de cien años, la escribió Bartolomé Mitre que —no se caiga de culo, amigo— era del partido enemigo de San Martín. Si investiga un poquito la historia, se dará con que Mitre pertenecía a la misma línea política de unitarios que Rivadavia, enemigo número uno de San Martín. Mitre era unitario, exiliado, contrario de Juan Manuel de Rosas. Y viene San Martín y en su testamento le deja su sable ¿a quién?, a Rosas. ¿Quiere que escriba a favor del biografiado o que tuerza un poco la historia para dejarla aseada, bien peinada y perfumada, mirando para su lado?
Pero si no le gustan estas explicaciones, lea un poco más, no se quede con lo que le dijo la señorita de quinto B.

Leer más: una historia distinta de la llegada de Juan Núñez de Prado a Santiago del Estero, con las tropas españolas en la plaza Libertad, el barrio 8 de Abril, los tambores de las comparsas

Y lo otro, lo del “Libertador de América”. Bueno, si se habla de Libertador, pero libertador en serio, ese es Simón Bolívar: le deben su libertad Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y Bolivia, que, de yapa, lleva su nombre. Cinco para Bolívar, tres para San Martín. Volviendo a la comparación con el fútbol, si fuera la copa “Libertadores de América”, la "Vino Tinto" gana cinco a tres, casi por goleada.
Pero, fuera de broma, amigo, si a usted no le gusta la historia porque unos dicen una cosa y otros otra, es también porque no quiere entender que esa es, justamente, la esencia de la ciencia que estudia lo que nos pasó, para saber cómo mirar el presente y encarar lo que viene. Una carta hallada doscientos años después, a veces cambia toda la visión de un hecho que se tenía por cierto y obliga a repensar los hechos bajo la luz de ese nuevo documento. Quien crea que estudiar el pasado es meterse con una ciencia estática, quieta, inmóvil, mejor que investigue estatuas.
Hablando de eso, los hombres que hicieron la historia argentina cuando tenían ganas de ishpar, se apeaban del caballo e ishpaban, no eran de bronce como le quiso enseñar el profesor de segundo año en el discurso del Día de la Bandera. No eran inmaculados, impolutos, irreprochables, no eran esos semidioses que quieren mostrar los periodistas de Clarín y La Nación (fundado justamente por Mitre), sino solamente hombres obsedidos por una ilusión política.
Como lo sabe cualquiera que ha leído un poquito nomás, acertaban, erraban, ganaban, perdían, pedían perdón, ¡eran humanos!, ¿entiende?
Eso de Padre de la Patria, Libertador de América es una paparruchada que enseñaban las maestras sarmientinas de antes, aún contra la opinión de Sarmiento. Como usted sabe, Mitre no escribió nunca un libro titulado Historia Argentina, sus mayores obras son “Historia de San Martín” e “Historia de Belgrano”. ¿Sabe lo que dijo Sarmiento sobre la de Belgrano? “Es la historia de un zonzo escrita por otro zonzo”.
¿Ve?, a veces es necesario leer un poquito para informarse. Aproveche ahora que están filmando algo sobre Carlos Menem, para borrarse de esa pedorrez de Netflix y, con esa misma plata, compre dos o tres libros por mes. Si los agarra verá que muerden, ¡y cómo!, y eso lo entusiasmará para seguir leyendo.
Por si no lo sabe, uno se entera más y mejor de lo que pasa ahora en la Argentina y en el mundo, repasando la Política de Aristóteles que mirando una serie por el telefonito o leyendo en cualquier sitio de internet.
Incluido este, por supuesto.
©Juan Manuel Aragón
A 28 de septiembre del 2023, llegando a Sacha Pozo, a rezarle a San Gil

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