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RECUERDOS La vida en los barrios era otra cosa

La familia en el barrio

A veces las madres se pasaban por encima de la tapia, un bizcochuelo que les había salido rico, en señal de buena vecindad


Cuando el locro o un bizcochuelo les salía rico, las madres se pasaban una fuente, envuelta con un repasador, por encima de la tapia. Tiempo después el gesto era retribuido por la vecina, que enviaba una porción de pastel de novios que le había salido exquisita. Al devolver el plato los chicos decíamos: “Dice mi mamá que estaba muy rico, que uno de estos días va a venir a tomar unos mates para que le pase la receta”.
En los barrios crecían amistades entre vecinos de toda la vida y todos miraban los hijos de todos, porque hoy por mí, mañana por ti, además los chicos son buenos, pero si se los vigila son mejores, la calle está llena de peligros, por eso hay que andar con cuidado. Pero no eran frases hechas, sino principios rectores de la vida de la gente.
Cuando moría un vecino, el resto hacía una colecta, cada uno ponía plata según sus posibilidades para entregar a los deudos, pero nadie se andaba fijando con cuánto se habían hecho ver los otros. Y mientras durase el velorio, ya sea en la casa o en la sala velatoria de la parroquia, hacían turnos para no dejar sola a la familia en semejante trance.
Vivir en el mismo barrio no era suficiente para adquirir la calidad de vecino, había que demostrarlo. De hecho, en varios de ellos, cuando llegaba la Navidad o el Año Nuevo, se cerraba la cuadra y festejaban todos juntos, cada cual ponía lo suyo. Los chicos tiraban cohetes de esquina a esquina, seguros dentro de los cien metros de la calle, felices.
La gente no tenía pretensiones, se mandaba a los chicos a la escuela del barrio: los varoncitos jugaban a la pelota en un baldío y las mujercitas se reunían en alguna casa entrenarse para ser madres, con sus muñecas. A la nochecita todos solían estar  en la vereda jugando a las estatuas, la pilladita, las escondidas, la rayuela,  hasta que los llamaban porque había que cenar.
Los sábados a la tarde los padres descansaban, sacaban la reposera a la vereda y llevaban una cerveza y quizás una picada de queso y mortadela, como quien acortar la jornada y acostumbrar los ojos al descanso dominical. A veces se cargaban de vereda a vereda por el fútbol o se cruzaban para pasarse el último chisme de la política. Frente a algunas casas se reunía una multitud, con la gente menuda pidiendo Cocacola, la chica más grande conversando con el novio y el cuñado que había caído de visita con la familia a cuestas.
No había diferencias, en el barrio,  tampoco eran  unos más que otros, por más que don Alfredo trabajaba en Gas del Estado y pasaba las vacaciones con su familia en Mar del Plata, los Acuña tenían auto porque el viejo era taxista o los Gallardo criaban gallos de riña en el fondo. Todos nos conocíamos, los viejos habían visto cómo nos íbamos criando nosotros y, en ese tiempo, suponíamos que veríamos a nuestros hijos, creciendo junto a los hijos de los vecinos, ellos a sus hijos y así hasta la Parusía.
No nos dimos cuenta cómo, por qué se terminó ese mundo, esa vida ni dónde fue a parar el barrio aquel. Un día estábamos todos ahí, festejando el cumpleaños de una vecina y al siguiente andábamos por otros rumbos, en otras vidas, con otras costumbres, viviendo en un departamento que tiene el palier tan chiquito y aburrido que sería ridículo sacar una reposera a degustar una cerveza. 
La vida se aceleró de repente y aquí estoy, escribiendo recuerdos de la vida de antes, preguntándome cómo fue que dejamos perder ese mundo, qué recordarán los demás de esa vida. Una agüita se me quiere escapar por los ojos, pero me la aguanto, che. Ya estoy grande, me digo.
Y termino la not
a.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Hermosa nota! Me recordó tantas cosas lindas, la niñez feliz y las noches de juegos en la vereda, Las jarras de limonada bien dulce que preparaba mi mamá para todos los chicos y papá regando el jardín. Creo que los tiempos cambiaron, pero esos recuerdos son imborrables!

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  2. Con don Ricardo King, tomábamos whisky en el palier. El palier era chico, pero el whisky muy bueno.ja

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  3. Nostálgico y certero, así. era la vida nuestra en los barrios.

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  4. Muy emotiva nota tal cual todos usábamos la misma zapatillas y tal cuál
    Que linda época
    Tan sanos y educados
    Escribes muy lindo juan
    Un placer leerte

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  5. TODAS ESAS COSAS SON LO QUE ESCRIBEN LOS FOLKLORISTAS Y NO TE GUSTAN A VOS, SINO PONETE A LEER LOS TEMAS DE PETECO O DE TRULLENQUE,.. JUAN MANUEL ME ENCANTA QUE ESCRIBAS ESTAS COSAS

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