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RELIGIÓN Pensamientos dispersos acerca del catolicismo

Misa tradicional

Por qué la Iglesia Católica ha perdido la preeminencia que tenía antaño y qué hacen sus propios fieles para demolerla desde adentro


De ser el jefe espiritual de millones de católicos en todo el mundo, el Papa Francisco se ha convertido, se quiere convertir o en todo caso se parece mucho al gerente de una organización no gubernamental de tipo buenista, que busca principalmente quedar bien con el mundo, y para eso acepta, adopta y promueve las políticas de la Organización de las Naciones Unidas que son, antes que nada, profundamente anticatólicas.
Miles de católicos en todo el mundo abandonan su fe todos los días y otros miles la mantienen solo en apariencias, como una magia supersticiosa que les da suerte o como una costumbre social que se cumple porque todos lo hacen, obviamente sin ningún convencimiento profundo, sin compromiso. Navidad es una fiesta de luces de colores y gordo trayendo regalos, Reyes es para los juguetes de los niños, Cuaresma para no comer carne los viernes, Pascua son los huevos de chocolate y las demás son recordaciones menores o de segunda.
Para peor, lo que se pretende hacer para “revitalizar” la Iglesia, como dicen, no haría más que terminar de destruirla: la bendición de parejas irregulares y homosexuales, la tentación siempre presente en los últimos años de conceder el sacerdocio a las mujeres y la aceptación de la democracia como una forma de cambiar la moral más intrínseca del catolicismo, van a terminar demoliendo lo poco que queda de una fe de que lleva en el mundo 2000 años y contando.
Países enteros renuncian a su vocación de poblarse con su propia gente, sus parejas adoptan perritos y gatos, mientras son penetrados por cientos de musulmanes todos los días, que saben que lo único que les queda para conquistar aquella tierra que no pudieron obtener por la fuerza de las armas, es… el sexo, miren qué simple que les resulta. Sus mujeres no ven con malos ojos parir o, mejor aún, no tienen vergüenza de formar matrimonios estables, duraderos, monogámicos, y tener todos los hijos que les envíe Alá, eso sí, siempre que sea bajo su propia ley islámica la “sharía”, que ya rige en varios países europeos, antaño de cuño cristiano.
Los mismos católicos ven como una bendición tumbar tradiciones sociales que tenían su razón de ser en lo intrínseco de la familia. Los padres ya no eligen para sus hijos, nombres de santos o los que llevan sus propios padres, sus hermanos, sus tíos, sus parientes cercanos o lejanos, como una manera de homenajearse entre todos. Ahora se procura que los chicos se llamen como nadie el mundo, como si por el sólo hecho de nombrar a un Kevin Gómez, a una Jessica Albornoz los llevara a tener los mismos destinos de los Kevin que vieron en la televisión o las que fueron sus heroínas de la pantalla, todos rubios, blancos, lindos, exitosos... y norteamericanos.
Los padres envían a sus hijos a los colegios de gestión privada —católicos en su mayoría —pero por lo bajo comentan que no les gustan las excesivas alusiones a Dios que hay en algunas clases. En este sentido la Iglesia Católica se esmeró en romper la tradición de que los chicos aprendan el catecismo en las escuelas católicas y hagan la comunión todos juntos, por miedo a que algún padre les reclame su catolicismo.
Para hacer su primera comunión, los niños deben prepararse con otros desconocidos, a quienes no verán nunca más, en una parroquia que no es la que saben suya, como la de la escuela o colegio al que van. Y las madres se esmerarán en hacer que todo parezca un gran acontecimiento social sin ningún rasgo religioso. Para muchos niños es la última vez que tienen contacto con un templo en toda su vida, salvo que, por alguna razón social, quieran casarse por Iglesia, en cuyo caso regresarán a dar el sí y mandarse a mudar de ese sitio viejo, arcaico, gris e incomprensible, más rápido que inmediatamente.
Los propios curas, ante la consulta de fieles sobre la comunión de matrimonios irregulares, tienen solamente tres palabras: “Metele para adelante”. Es decir, dale, comulgá nomás, porque: “Eso es algo que se siente aquí, en el pecho, ¿ves?”, dicen. Es lógico que muchos que fueron a hallar un consuelo espiritual para su vida en pecado, ante esta respuesta se desilusionen y no vuelvan nunca más: querían que les dijeran de qué manera ver mejor el partido desde afuera, no que el partido no importa. En suma, los sacerdotes en vez de acogerlos con su pesada mochila, prefiere ignorarla como si no existiera, como si no fuera un drama en la vida de cada uno de ellos.
La Iglesia ha hecho suyas todas las leyendas anticatólicas que dan vueltas en el mundo, desde la nunca plenamente probada teoría de la evolución de las especies, hasta la mentira de que mandaron a meter preso a Galileo Galilei por afirmar que la Tierra da vueltas alrededor del Sol, pasando por su colaboración con el régimen nazi, los tesoros que acumula en el Vaticano y debería vender para calmar el hambre de los pobres, hasta el hecho “comprobado científicamente”, según dicen, de que “todos los curas son unos abusadores” y para terminar con tal barbaridad se debería permitir que se casen y listo.
Es un club que no permite jugar al deporte para el que fue creado y a los socios no les queda más remedio que adaptarse a sus nuevas reglas o a la falta de ellas, total: “Si usted lo siente aquí adentro, ¿ve?, en el centro del corazón, lo demás no importa nada, cualquier institución deportiva es lo mismo, el budismo, el yoga, el islam, las flores de Bach, el Gauchito Gil”.
Cuando llegó al divorcio los curas respiraron aliviados, ya no tendrían que discutir con nadie sobre la sacralidad del matrimonio. Lo mismo sucedió cuando el aborto fue aprobado, ¡uf!, se sacaron de encima una mochila inmensa, pues estuvieron unos cuantos años intentando justificar una idea, la de la vida humana a partir de la concepción, una idea en la que, en el fondo, no creían. El día que las aborteras se abrazaron para tomar como un triunfo la desgracia de matar a un chico, es posible que muchos sacerdotes también lo hicieran, lejos de las miradas de sus fieles, eso sí.
El hecho es que nunca más volvieron a hablar del aborto, como si la ley positiva fuera un sustento doctrinal más fuerte que la moral católica, que vino conservando el mundo desde el año uno. Por cierto, cuando se planteó la discusión en la Argentina, la mayoría de los sacerdotes y de los obispos eligió defender la vida de los niños en la panza de la madre con argumentos médicos, legales, sociológicos, antropológicos, psicológicos, pero no hubo uno solo, fuera de los curas de la Tradición, que saliera a las calles a decir con fuerza que matar a un inocente era —y sigue siendo —atentar contra la majestad de Cristo Rey o, lo que es lo mismo volver al tiempo de Herodes matando inocentes.
Imagine que usted ha ido todos los domingos de su vida a ver fútbol, en la cancha de la vuelta de su casa, a lo largo del tiempo sus jugadores anduvieron bien, más o menos o en algunas épocas francamente mal. Pero siempre vistieron la misma casaca, defendieron el juego bonito por sobre el resultado, respetaron a sus simpatizantes dejando lo mejor de sí en la cancha. De repente, un día la camiseta es la de sus clásicos rivales, los jugadores afirman que lo único que importa es que los demás clubes se sientan bien cuando juegan con ellos, sin importar si ganan o pierden, demuelen las tribunas, sus autoridades afirman que cualquier club puede ser mejor que el suyo y sostienen que sus pasados triunfos o no lo fueron o se debe olvidarlos y que para adelante ya no hay campeonatos que conquistar.
¿Usted seguiría siendo socio?
Bueno, eso mismo piensan hoy cientos de miles de perplejos católicos alrededor del mundo.
©Juan Manuel Aragón
A 16 de marzo del 2024, en la Independencia y Balcarce. Recordando al padre Reynaldo

Comentarios

  1. Dices mucho y muchas realidades descriptas con mucha (valga lo mucho) sensatez. Muy bien. Mucho para una charla larga de amigas.

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  2. Excelente escrito y absolutamente real. Todo lo ha permitido la Iglesia para quedar cómo "politicamente" correcta. Y el actual obispo de Roma a agudizado el problema con su ideología y su
    jesuetismo. Y ni hablar de todo lo que rompió definitivamente el Vaticano II. Triste y real el destino de Europa con los musulmanes.

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  3. Un análisis interesante y bastante completo, aunque no concluye diciendo que el plan de la jerarquía apóstata y herética es la liquidación de la Fe y la destrucción de lo que queda de católico.

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  4. Excelente .. muy bien escrito y entendible.refleja lo que hemos vivido y el presente ..seguramente también el futuro.

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