Ir al contenido principal

1882 CALENDARIO NACIONAL Jockey Club

Sede del Jockey Club

El 15 de abril de 1882 es fundado el Jockey Club de Buenos Aires, bajo el impulso de Carlos Pellegrini, su primer presidente


El 15 de abril de 1992 se fundó el Jockey Club de Buenos Aires. El impulsor más ferviente y primer presidente fue Carlos Pellegrini, a quien secundaron en la empresa algunos de los hombres más representativos de la política y la economía nacional.
Pretendían sostener una institución que organizara y rigiera la actividad del turf, y que fuera un centro social similar a los mejores europeos que habían conocido en sus viajes por Francia e Inglaterra. El primer artículo de su estatuto expresa que el Jockey Club sería un centro social, y una asociación que propendería al mejoramiento de la raza caballar.
En 1883 el Club tomó a su cargo la administración del Hipódromo Argentino, que existía desde mayo de 1876, redactando un reglamento de carreras que pronto tuvo validez en todo el país. La creación del Stud Book (registro genealógico de los animales de sangre pura de carrera introducidos o nacidos en el país) completó la serie de importantes medidas iniciales que pronto, comenzaron a dar frutos.
En los primeros años sus actividades se desarrollaron en residencias alquiladas en el centro de la ciudad, pero al aumentar los socios, se vio en la necesidad de levantar una sede propia, acorde con la jerarquía que el club había alcanzado en su primera etapa.
En 1888 se adquirió un predio en la calle Florida entre Lavalle y Tucumán. Se llamó a un concurso de proyectos y se iniciaron las obras, según planos del arquitecto austríaco Manuel Turner. Durante la construcción, que duró nueve años, el programa original fue completamente modificado, firmando la obra definitiva el ingeniero argentino Emilio Agrelo.
Sus elegantes características contribuyeron a que, desde inauguración, el 30 de septiembre de 1897, el palacio del Jockey Club se transformar en el centro predilecto de la actividad social de los más encumbrados hombres.
En sus muebles y adornos intervino Carlos Pellegrini, que se ocupó del arreglo definitivo de la casa hasta en sus mínimos detalles, con la colaboración de Miguel Cané que, desde París, pues era embajador argentino, envió cortinados, alfombras, panoplias, arañas y los faroles para el frente del edificio.
Sucesivas reformas, hechas en 1909 y en 1921, permitieron adaptar los salones a los cambios de las modas y el gusto, y con asesoramiento especializado, se formó una valiosa colección artística, en la que se destacaban pinturas firmadas por Louis Michel Van Loo, Goya, Bouguereau, Corot, Monet, Sorolla, Anglada Camarasa, Fantin-Latour, Carrière y Favretto. Con las de los artistas extranjeros también había telas de maestros argentinos como Sívori, Gramajo Gutiérrez, Bermúdez, Quinquela Martín, López Naguil, Fader, Cordiviola y Aquiles Badi, formando una verdadera galería de arte, que algunos socios nombraban como "nuestro pequeño museo".
Hacia 1907 el club encaró reformas en el hipódromo, a cargo del arquitecto Louis Fauré Dujarric que fueron inauguradas en 1909. Su nueva apariencia se lució en las carreras especiales con que celebró el Centenario de la Revolución de Mayo en 1910, cando el Jockey Club desplegó un nutrido programa de premios de relieve internacional.
El gran emprendimiento encarado por el club fue la construcción de un hipódromo en San Isidro, al norte de la capital. Para ello se compraron 316 hectáreas de tierra en abril de 1926. Está construido en línea con los conceptos más modernos en la materia y dotado de pistas con un recorrido oval de 2.738 metros. Fue inaugurado el 8 de diciembre de 1935.
En esas tierras también se construyeron dos canchas de golf de 18 hoyos cada una -la colorada y la azul- diseñadas por el especialista Allister Mckenzie, abiertas al público en 1930. En 1940 se comenzó allí la construcción de un edificio social de estilo inglés, el Club House del Golf, y ese mismo año se inauguraron las dos primeras canchas de polo de las siete que tiene ahora. También cuenta con piletas de natación y canchas de tenis y fútbol.
En mayo de 1953 fue declarado disuelto y extinguido por una ley nacional, pasando sus propiedades a manos del estado, que desde entonces también administró los hipódromos. Al recuperar sus bienes en 1958, el club no pudo hacerse cargo de inmediato de los hipódromos de Palermo y San Isidro: recién en 1962 el Gobierno Nacional resolvió transferirle su administración, que ejerció hasta que se revocó ese convenio en 1974.
En 1978 se obtuvo la restitución plena del de San Isidro, al que se le dieron adelantos tecnológicos que, desde entonces, permitieron desarrollar la actividad hípica con la que el Jockey lleva adelante el postulado inicial de su Estatuto.
El 15 de abril de 1953, el peronismo incendió y destruyó el palacio del Jockey Club de la calle Florida y se perdió casi todo su patrimonio artístico. pocos días después el Club fue disuelto y recuperó su personería en 1958. La nueva etapa fue en la residencia que había sido de la familia Estrugamou, de la calle Cerrito 1353. Fue adquirida con sus muebles, alfombras, arañas y obras de arte y se la adaptó para las actividades del club con el asesoramiento del arquitecto Alejandro Bustillo. Aunque más pequeña que la sede de la calle Florida, cumplió los requerimientos de la entidad durante aquel tiempo de transición.
En 1966 se adquirió el edificio de avenida Alvear 1345, una de las mansiones más suntuosas de Buenos Aires, cuyo frente, se abre sobre la plaza en la que se erige el monumento a Pellegrini, fundador del Club.
En noviembre de 1968 abrió de nuevo sus puertas en una casa con todas las comodidades necesarias para su funcionamiento. Se respetaron los ambientes, pero la casa sufrió un completo proceso de transformación. Volvió a tener amplias dependencias, un vasto comedor, una cómoda sala de armas y una inmensa biblioteca. El Jockey Club volvió a adquirir el antiguo y tradicional esplendor que lo había caracterizado desde sus años iniciales, instalado en uno de los recodos más bellos de Buenos Aires.
En 1981 se adquirió una residencia anexa, con frente sobre la calle Cerrito, que antes había sido de la familia Sánchez Elía. Se integraron ambas casas a través de sus jardines, se agregaron nuevos ambientes y la sede alcanzó su máxima prestancia.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...