Ir al contenido principal

CUENTO Mi mamá sabía

Pueblo santiagueño
Después de citarse con una chica en la plaza del pueblo, preparamos a Julián para el gran acontecimiento: nada iba a salir mal

Mi mamá sabía, fue la única que dijo que no le parecía buena idea. “Tendrían que haber empezado de a poco”, dijo cuando se enteró. Ella pensaba más que nada en la chica y nosotros, por supuesto, en Julián, queríamos hacerlo debutar a como diera lugar, ya era grande, veintipico tenía, y nunca había probado mujer, aunque él dijera que sí, no le creíamos, por supuesto.
Martín le regaló una camisa verde, Eufemiano le prestó un pantalón y le lustró los zapatos y el resto de los amigos y los primos le conseguimos un cinto negro, haciendo juego con los zapatos, medias y un pañuelo blanco para que lleve en el bolsillo de atrás del pantalón. Hicimos una vaquita para darle algo de plata. Y lo fundamental, logramos que se bañara. “Cualquier cosa, si el asunto va bien, enfilas para el lado de la Audelina, le pagas una pieza y después ya sabes”, le dijimos esa tarde mientras lo llevábamos al pueblo. Mi mamá insistía en que no le gustaba la idea, pero las mujeres son así, ¿ha visto?, tienen una especie de solidaridad entre ellas.
La que nunca supo nada fue la tía María Esther, que lo había criado desde muy chico, cuando la madre, una sobrina lejana, lo abandonó en su casa y se fue para no volver nunca más ni siquiera a preguntar si vivía o se había muerto, pobre Julián.
Esa tardecita lo llevamos en sulky al pueblo, fue sonriendo todo el camino, ilusionado. Mi mamá movía la cabeza de un lado para el otro cuando le dábamos las instrucciones: “Saludala bien, por su nombre, dale un beso en la mejilla, no la mires como a la maestra de la escuela de Esquinero del Medio, que la querías comer con los ojos, estate tranquilo, no te rías, no grites y todo va a ir bien”. Nada iba a salir mal.
Antes de que se fuera, mi mamá le dio un beso, le tocó la cara y le dijo: “Ahora mi sobrino Julián se va a hacer hombrecito”. Lo miró a los ojos igual que nos miraba a nosotros cuando estábamos por hacer algo importante y después de un largo suspiro agregó: “Si Dios quiere”.
La tía María Esther no se enteró de nada, si sabía, seguramente le iba a prohibir que saliera de la casa. Julián le cuidaba las cabras, pobre chango, ni a la escuela lo dejaron ir, mejor dicho, sí fue, pero como al tercer día no había aprendido mucho, nunca más lo mandó, decidió: “Este muchacho es muy limitado”, como avisaba en voz baja a quienes lo veían por primera vez.
Condenado a cuidar la majada para siempre, ni siquiera le regalaba un cabrito cuando era su cumpleaños, esa fecha entre los amigos, vecinos y parientes le hacíamos un asado, era un muchacho muy querido por todos. Viera cómo yantaba ese cristiano en esas ocasiones, parece que la tía María Esther le mezquinaba hasta la comida.
Una vuelta que lo llevamos al baile, se le acercó una de las chicas de Titino Guzmán y se pusieron a conversar. De dónde habrá sacado coraje, no sabemos, la cuestión es que arreglaron volverse a ver el miércoles siguiente, en la plaza del pueblo. Era la mejor de las mocitas de Titino, que tenía tres hijas, cuál más linda que la otra.
Callado iba, mientras mi hermano Pancho le hablaba todo el camino, le decía lo lindo que es el amor, lo suavecitas que son las mujeres, la ternura que puede hallar en cada una, le advirtió también que todas son distintas, porque a una le gusta lo que a otra le parece mal. Tampoco es que Pancho haya tenido mucha experiencia, pero al lado de Julián, que todavía no conocía mujer, cualquiera se sentía un galán de los cien barrios porteños.

Leer más: Dos historias que sabía contar Matías, antes de que apareciera la televisión por el pago y lo echara todo a perder

Llegaron temprano al pueblo, como a las siete de la tarde, la cita era a las ocho. Julián no quiso acompañar a Pancho al boliche a tomar unas cervezas y se instaló en un banco de la plaza a esperar a la guaina. Un rato después de las ocho de la noche, llegó la chica, estaba más linda que de costumbre aunque vestía sencillito nomás, como eran las hijas de Titino, siempre bien puestas, modosas, educadas, bien criaditas.
Pancho observaba de lejos.
Llegó la chica, él se paró como le habíamos indicado, le dio un beso en la mejilla y se sentaron. Estuvieron un rato cortito conversando, cinco minutos o menos quizás. Después Pancho se distrajo un momento y alcanzó a ver cuando ella se iba rápido de la plaza y Julián rumbeaba para el boliche, con cara de derrotado.
Mucho tiempo no supimos qué había pasado, la hija de Titino no dijo nada y a Julián le fuimos sacando lo sucedido de a poco. Cuando ella se sentó, estuvieron un momento en silencio la chica le preguntó su nombre completo, él le dijo Julián Antonio Alderete. Le volvió a preguntar con quien vivía y el respondió que con la tía María Esther Barraza. Dos o tres preguntas más le hizo y él creyó que ya podía decir lo suyo.
Lo único que no le habíamos explicado es que en el asunto del amor las cosas se dan de a poquito, con calma y sosiego, sin apuro, dejando que los sentimientos, si existen, vayan decantando. Lo habíamos ilusionado con que ese día “iba a conocer”, como quien dice,
Antes de salir, Pirulo le dijo: “¡Hoy te vas a sacar las ganas, mierda!” y, mientras el resto nos reíamos, le dio un beso en la frente para animarlo, quizás con un poco de envidia, porque la menor de Titino era quizás la más linda de las hermanas. La cuestión es que, después de un silencio al parecer algo incómodo, él le largó:
—Bueno, ya hemos conversado mucho, vamos a pisar— y ella se levantó indignada, le pegó una cachetada y se mandó a mudar.
Hace unos años murió Julián, ya vivía en el pueblo porque al morir la tía María Esther, los hijos vendieron el terreno, la casa, las gallinas, las cabras, la mula, la zorra, el mortero, el balde y la cadena del aljibe, los catres, los roperos, y no le dieron ni un alfiler. Dicen que al final lo hicieron probar con una atorranta del pueblo, pero ya no fue lo mismo, además pagando cualquiera es galán.
No hay caso, mi mamá sabía.
©Juan Manuel Aragón
A 25 de octubre del 2023, en Amamá. Esperando el ómnibus

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

COLABORACIÓN La humildad es sabiduría

El Papa Benedicto XVI El Papa Benedicto abrió su honda sabiduría con humildad para reconocer la fe y comunicarla a todos Por Juan José Ramón Laprovitta Lo verdadero y bueno se ofrecen a la contemplación, y su viva simbiosis marca la integridad del ser y hace surgir la belleza de la sabiduría sólo en la humildad. La sabiduría es la experiencia de la vida en su devenir, alumbrada por la observación, el estudio, el trabajo, los anhelos y es asumida como escuela para aceptar las luces y corregir las sombras. Y así, desde la humildad, la luz se eleva en el seno de la oscuridad para alumbrar el esplendor de la Verdad. Y en estos tiempos donde la soberbia nos satura con sus múltiples expresiones, y que a veces tienen hasta una hipócrita piel de cordero, se impone no olvidarnos y tener siempre presente al testimonio silencioso sin parangón, del gran Papa Benedicto XVI, que nos abrió a todos su honda sabiduría, para reconocer la Fe y comunicarla a todos, pero sobre todo, lo que ha vivido ante n...

PREJUICIOS ¿Racismo dice?, ni ahí

Fotografía intervenida, a modo de ilustración Los que acusan a los argentinos de creerse superiores no saben de qué hablan realmente "En la Argentina no hay racismo", dicen. Muy bien, muy bien. Pero, oiga, ¿usted ve muchos negros por las calles? Ninguno. Así es fácil. Pero si nos rascan un poco, van a ver que uno de los insultos que las demás barras de fútbol le dedican a Boca Juniors es "bolitas", por bolivianos. También les dicen "boliguayos", por bolivianos y paraguayos. Distintos son los de Santa Cruz de la Sierra, esos sí parecen gente como uno. Los que viven aquí son hinchas del club de los negros. Si pregunta a un habitante de los márgenes de la ciudad de Buenos Aires, quiénes son, dicen: "Los que vienen a quitarnos el trabajo a los argentinos". Oiga, ¿qué insulto se le ocurre para un mal tipo? Negro de mierda. ¿Y si es muy mal tipo?, Negro, solito, sin más calificativos, no los necesita. ¿Y si es rubio? También, no diga que no ha oído dec...

ESPEJISMO Después del primer chorro

Árabe con huríes reales Hacerse inmensamente rico no siempre alcanza para olvidar ciertas costumbres que se llevan muy adentro Nos volveremos finos el día en que hallen petróleo en los ardientes saladillos santiagueños. Detrás de los jumiales se levantarán las torres buscando el oro negro y en las ciudades correrán ríos de bebidas espirituosas festejando el hallazgo. Es posible que hasta se nos dé por usar turbantes y anteojos negros cuando viajemos a Buenos Aires en limusina. En vez de hacer empanadas, nuestras mujeres encargarán que las traigan de Tucumán, porque será mucho trabajo hacer el relleno, tornear la masa, repulgar y hornear. Los faroles de la plaza Libertad serán de bruñido bronce y todas las tardes en la retreta, la Orquesta Filarmónica de Londres interpretará obras de Beethoven o los Niños Cantores de Viena deleitarán a la audiencia entonando la conocidísima canción que empieza diciendo “Lebe Schwester tanz mit mir // Es tanzt ein bibabutzemann…”. Dejaremos el vino en ca...

ÓBITO Santiago Olmedo

Santi Olmedo con uno de sus nietos Unas líneas para recordar al amigo y también para reivindicar su última lucha Ha muerto Santiago Olmedo, amigo. Estuve en su casa, a la vera del Camino de la Costa (calle Víctor Alcorta), hace unos meses visitándolo y, como suele suceder en muchas más ocasiones que las que uno quisiera, no sabía que era la última vez que nos veríamos. Si algunas palabras hay que dedicar a su memoria espiritual, no dudo de que sus hijos y nietos han de continuar con el legado de hombría de bien y la comprensión hacia quienes lo perseguían que siempre tuvo, aun cuando los ataques arreciaban en brutalidad y mala leche, si vamos a decirlo todo. Su ánimo era el de siempre y sólo se quejó, esa vez, de algunos achaques propios de la edad. Una de las máximas de la política cuando era una actividad prohibida para los pobres palurdos, cuyos hijos hoy pueblan la cloaca de las redes sociales de internet, es que se retrocedía ante el enemigo muerto. Si se murió ya está, es vana la...

CULTURA Enojado con el tirero

Vendedor de tiro (foto de Feibu) El tipo del que habla esta nota se tomó el trabajo de hacer una revista de cultura sólo para criticar a un tipo de gente Hubo un caso registrado por el periodismo santiagueño. Un tipo que se enojaba porque los vendedores de golosinas y los tireros y sus pitos no lo dejaban dormir por las siestas. Se tomó el trabajo de imprimir una revista de cultura para dejar constancia de su molestia. ¿Una enormidad? Claro que sí. Es como comprar toda una ferretería solamente para conseguir un martillo y pegarle en la cabeza a un mosquito. Una vez alguien le preguntó si era verdad que había escrito eso. —Claro, son muy molestos y pasan por la ventana de mi cuarto justo cuando me estoy por dormir. Después de vender caramelos, galletas, tiros, chicles, esas cosas, a la entrada del turno tarde, salen a recorrer las calles aledañas hasta la hora de la salida. De alguna manera deben avisar a los chicos que están cerca. Entonces tienen un silbato muy especial, reconocible d...