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CUENTO Juanito y el último comunista

Las viejas máquinas escribieron grandes polémicas

Que narra el debate que mantuvo el periodista con Pascual Carrizo por culpas de unas siglas y otras incidencias varias

Por alguna extraña razón, Juanito Canuto había decidido firmar sus notas en el diario con seudónimo. Ideó uno para política, otro para críticas, otro para las cartas al director, otro para la sección de cultura. Al final se mareaba y no sabía cuál era cuál. En una columna heredada de otro periodista, el primero que se le ocurrió fue Pablo, sólo porque el amigo firmaba Pedro, por aquello de: “Pedro… mirá quién vino”, del personaje del Contra, que hacía Juan Carlos Calabró en la televisión. Bueno, a Pedro no se lo veía nunca.
A pesar de que no le hicieron nunca un cuestionamiento por ninguna nota, pues de hecho escribía mejor que bien, sus compañeros siempre lo tuvieron como sapo de otro pozo, quizás porque llegó tarde a aquella redacción, formada por viejos lobos de escuela primaria y secundaria, porque la mayoría, al menos cuando entró, eran viejos docentes a punto de jubilarse. Que no querían problemas a esa altura de la vida.
Había uno, digamos, un lector cualquiera, o no tan cualquiera, que se llamaba Pascual Carrizo. Bueno, no se llamaba así, pero a los fines de este relato es lo mismo. En ese tiempo los diarios eran un avío importante en la vida de la gente. Muchos creían que no se casaban, no bautizaban a los hijos, no se recibían de abogados o médicos, no cumplían años si no salían en sus páginas, aunque fuera en una breve mención cuyo recorte luego engrosaría el álbum familiar de fotografías. Este Pascual Carrizo era uno de esos. Militaba en las filas del Partido Comunista más que nada porque el aura de rebelde, en su juventud, le había conseguido algunas conquistas amorosas, pero fue antes de que las ideas hegemónicas de ese partido fueran casi mayoritarias en la población y se perdiera el encanto para siempre.
La vida de Juanito Canuto no habría tenido el breve cruce con la de Pascual, a no ser por un hecho fortuito de hacer periodismo con seudónimo. Cuando sus crónicas no cabían en ninguna sección del diario, las filtraba en las cartas al director, sección de la que estaba encargado. En esos tiempos, supuestamente había una gran represión en la sociedad, sin embargo, casi todos los diarios conservaban este vital espacio en el que, al menos, los lectores tenían un desquite de tantas notas que consideraban falsas o malintencionadas o equivocadas.
Usaba en estas ocasiones el seudónimo Néstor Núñez, por ninguna razón, simplemente porque había empezado con nombres y apellidos que comenzaran con la misma letra, Absalón Alomo fue el primero, Bernardo Boláñez el segundo y así. A las cartas que llegaban para el director del diario, que no eran para el director sino para el diario, las firmaba Néstor Núñez. Y ahí se trenzó en varias discusiones.
Una de las más memorables fue con doña Agustina Olivia Casares de Neirot Olivera, que lo criticó duramente por haber hecho un panegírico de las riñas de gallos. Le dijo que eran un espectáculo sangriento, entre otras cosas, claro. Después de responderle punto por punto sus argumentos, Juanito le dijo que más sangriento que una riña de gallos era comer morcilla y nadie se quejaba. Después ella escribió una última carta, lamentando el argumento de Núñez, diciendo que era trampa discutir de esa manera, pero él había metido su golcito, así que la dejó pasar, dio por terminado el debate y, como todo un caballero, la dejó con la última palabra.
Con este Pascual Carrizo fue algo parecido, vea. Con un estilo aparentemente tranquilo, sin desaforarse, lo fue llevando, en un debate político en que el otro mostraba a cada paso su identidad comunista, pero haciéndose pasar por alguien que tenía sentido común, como suele hacer la gente de todos los partidos para ganar voluntades imponiendo sus ideas. Pero después de la tercera carta a Carrizo se le terminaron los argumentos y, como sabía que el Néstor Núñez era seudónimo, acusó a Juanito de firmar como un “NN”, dando a entender que se estaba burlando de los lectores.

La discusión del momento pasa por contratar más policías o hacer más escuelas: la respuesta aquí

Tranquilo, Juanito agarró la Rémington, una de las máquinas de escribir más famosas de entre todas las que se usaban en aquel tiempo y le rebatió punto por punto los argumentos. Al final, en un párrafo que quedó grabado en la memoria de muchos lectores, le dijo: “Por último se me acusa de ser un NN, por llamarme Néstor Núñez, no caeré en la misma injusticia de creer que Pascual Carrizo es un PC, porque sería llevar la conversación a una altura indeseable”. Hay que entenderlo, en esos tiempos el Partido Comunista era mucho más que las siglas que lo identificaban y muchos lo respetaban, aunque sea porque era la ideología de un bloque de países que finalmente terminaría por triunfar en el mundo.
El caso es que Carrizo estuvo largo tiempo sin escribir nada. Y después se debe haber muerto, como Juanito Canuto y la mayoría de aquella última gran redacción de aquel diario, que hoy navega en un mar de decadencia y olvido, rumbo a la cascada del Niágara que le preparó la internet junto a la mayoría de las ideologías que le dieron buena vida a sus dueños y unos pocos desquites provisorios a sus empleados.
Juan Manuel Aragón
A 1 de julio del 2024, en la Salta y Roca. Pedaleando la ciudad.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Resulta difícil pensar que nunca se está tan alejado ni.cerca de la verdad, que en conclusión se termina aceptando que la ficción se parece a la realidad. Imagino que Hitchook con sus películas de terror o Migré con sus novelas habrian impactado con argumento que ni en sueños se reviven con la realidad que situaron esos argumentos que la ciclica animosidad humana la concreta. Paradojas del hombre y su dinámica social

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