Ir al contenido principal

1766 ALMANAQUE MUNDIAL Stäel

Madame de Stäel

El 22 de abril de 1766 nace Madame de Staël, filósofa, escritora y “salonnière” francesa de origen ginebrino

El 22 de abril de 1766 nació Anne Louise Germaine Necker, conocida como Madame de Staël, en París, Francia. Era una filósofa, escritora y “salonnière” francesa de origen ginebrino. Murió el 14 de julio de 1817.
Fue hija de Jacques Necker, banquero suizo que llegó a ser ministro de finanzas de Luis XVI, y de Suzanne Curchod, mujer culta de origen suizo. Creció en un ambiente intelectual y político privilegiado, asistiendo desde niña a las reuniones que su madre organizaba con figuras destacadas de la Ilustración.
El 31 de enero de 1786, a los 19 años, se casó con Erik Magnus Staël von Holstein, embajador sueco en Francia. El matrimonio, arreglado por conveniencia, le otorgó el título de baronesa y una posición en la corte francesa. Tuvieron cuatro hijos: Gustavine (1787-1789), Auguste (1788-1827), Albert (1792-1813) y Albertine (1797-1838). La relación con su esposo fue distante, mantuvieron vidas separadas.
En 1789, con el estallido de la Revolución Francesa, apoyó inicialmente las ideas reformistas, pero su oposición a los excesos revolucionarios la llevó a exiliarse en 1792 tras la caída de la monarquía. Se refugió en Coppet, Suiza, en la propiedad familiar heredada de su padre, que había muerto en 1804. Desde allí mantuvo un salón intelectual que atrajo a pensadores como Benjamin Constant, con quien tuvo una relación amorosa desde 1794 hasta 1811 y un hijo, Albertine, nacido fuera del matrimonio.
Tras la llegada al poder de Napoleón Bonaparte en 1799, se mostró crítica con su régimen autoritario. En 1803, Napoleón la expulsó de Francia por sus escritos y actividades políticas, prohibiéndole residir a menos de 40 leguas de París. Se instaló definitivamente en Coppet, desde donde viajó por Europa. En 1800 había enviudado de Erik Magnus, quien murió en mayo de ese año.
Entre 1803 y 1812 visitó Alemania, Italia y Rusia, estableciendo contactos con intelectuales y aristócratas. En Weimar conoció a Goethe y Schiller; en Berlín, a los hermanos Schlegel. En 1812, huyendo de la persecución napoleónica, recorrió Austria, Rusia, Suecia y llegó a Inglaterra en 1813. Durante estos años mantuvo correspondencia con figuras como Lord Byron y el duque de Wellington.
En 1811 se casó en secreto con John Rocca, oficial suizo 23 años menor que ella, con quien tuvo un hijo, Louis-Alphonse (1812-1818). El matrimonio se mantuvo oculto por razones sociales y políticas. Tras la caída de Napoleón en 1814, regresó a París, donde residió hasta su muerte.
Sufrió problemas de salud en sus últimos años, como un derrame cerebral en febrero de 1817 que la dejó parcialmente paralizada. Murió el 14 de julio de 1817 en París, a los 51 años, y fue enterrada en el cementerio de Coppet junto a sus padres. Su vida estuvo marcada por el exilio, la resistencia política y una intensa actividad intelectual que la situó en el centro de las convulsiones de su tiempo.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...