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CASI EDITORIAL Contra los tatuajes

Para todos los gustos

Una moda de tilingos se ha impuesto en el mundo, como si se necesitara esa marca para ser parte de la sociedad


El tatuaje es una moda que, al parecer, llegó para quedarse. La costumbre, dicen, nació en alguna de las islas de la Polinesia y se hacía, en sus orígenes, por motivos rituales. Quienes llegaban a esas islas eran marineros, que luego llevaron la técnica al resto del mundo. Durante muchos años, tener un tatuaje fue casi un símbolo de estatus, quien lo llevaba había estado en el mar, conocía cosas de barcos, sabia de cacería de ballenas o habría visto un barco ballenero de cerca, en fin, un código estampado en la piel, haciendo conocer “urbi et orbi”, que el que lo tenía era alguien distinto, un macho Alfa superior.
Pero, como se dijo, luego la usanza pasó de los marineros a los que hicieron el servicio militar en la Armada que, al volver a sus pagos empezaron a ser imitados por sus vecinos. Hasta llegar al día de hoy, que cualquiera se siente con derecho a llevar un tatuaje para proclamar su amor por alguien o un signo japonés o chino que signifiquen cualquier cosa, porque lo importante ya no es llevar uno o expresar una idea determinada, sino solamente no quedar afuera, como la mayoría de las modas de los últimos tiempos.
Como si Dios no hubiera dado a la gente suficientes marcas individuales que hacen que su cuerpo sea único e irrepetible, algunos necesitan agregarle estos modernos dibujos que se han llegado a convertir en obsesiones tan evidentes como que algunos no tienen un centímetro útil del cuerpo que no lleve un dibujo distintivo. Marcas indelebles de una bobería global.
Que sacarse un tatuaje cueste algo más de 25 veces el precio de ponérselo, no es un obstáculo para que miles de personas, en su mayoría jóvenes, sientan la tentación de hacerlo y lo hagan efectivamente, todos los días, en la Argentina. En un mundo que cada vez más necesita del consumo de todos para seguir existiendo, la industria de los tatuajes no se iba a quedar sin su lugarcito bajo el sol.
Se trata de una de las modas con más sinsentido de los últimos tiempos, mucho más que los cortes de pelo en los que la ridiculez más grotesca vale, porque, de última, de un cabello mal cortado siempre es posible volverse, mientras un tatuaje es para toda la vida.
El diccionario define al tilingo: “Superficial, ridículo y tonto, y demuestra poca inteligencia al hablar”. En la Argentina al menos, sabemos que el tilingo es algo más, un memo que está esperando el último dictamen de la moda para subirse a ella a como dé lugar, le guste o no, le quede bien o sea un mamarracho. De esa manera se comportan quienes consideran que su estética mejorará con un tatuaje en cualquier parte del cuerpo.
Hay padres que, en la batalla contracultural que llevan adelante, se empeñan en luchar para erradicar estas boberías impuestas por los medios masivos como un hito cuasi fundamental para ser parte de la sociedad. Algunos intentan hacer que sus hijos se vuelquen a la lectura de los autores clásicos para que vayan sabiendo que la vida de lo exterior es efímera, vale lo de adentro, si fue alimentado con buenos libros, mucho mejor. Es obvio que pedir a alguien que lea es tan antiguo y pasado de moda como ponerse polainas, atar el sulky para ir de compras al mercado o suponer que los perros son animales. Pero es la única solución a la vista contra el mundo craquelé que toca transitar.
¿Usted cree que esta nota es superficial o demasiado personal, porque se mete con algo de su intimidad más recóndita? Puede ser, si es así le pedimos disculpas de antemano mientras le pedimos que piense en las veces en que se ofenden los sentimientos de una mayoría silenciosa a la que injurian hablando de asuntos con los que no concuerdan y son de su intimidad, como el aborto, porque decir que se sigue estando en contra es un pecado civil. O se meten con su religión, pues los católicos son lapidados en los medios de los dos lados de la grieta solamente por manifestar su fe. Entre otras.
De última, amigo, nadie dice que usted sea nazi, facho, misógino, antidemocrático, pedófilo, solamente se opina aquí que la moda de los tatuajes es cosa de tilingos, igual que tomar cerveza en frascos de mermelada o ponerse aritos en el pupo.
Pero si después de esta aclaración sigue enojado, bueno, cancele su membresía al club de lectores de este sitio de internet y pase por Secretaría para que le devuelvan el dinero de la cuota mensual.
Saludos.
©Juan Manuel Aragón

Mañana el cura que llevaba un colchón en su auto... por las dudas

Comentarios

  1. Brillante desde el principio hasta el final.

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  2. Concuerdo con el planteamiento sobre la motivación de los tatuados. Si no se tiene algo para mostrar desde adentro, hay que reemplazarlo con algo que llame la atención desde afuera. Pienso que tatuarse el cuerpo es como pegarle una calcomanía a una ferrari. Para colmo ahora se cubren toda una parte del cuerpo con algo que, desde apenas 1 metro de distancia solo parece una mancha verdosa. O con símbolos que el portador necesita media hora de divagancias para explicar su significado.......que a nadie le interesa de todos modos.
    No estoy de acuerdo con que el autor de la nota se disculpe de antemano por su opinión. Si hay libertad de expresión, uno siempre arriesga perturbar u ofender a alguien cuando escribe en un medio público. Es el precio del libre intercambio de ideas que lleva a tener una sociedad mejor.Además pienso que las disculpas deben ser personales y no al voleo y por las dudas.....además deben ser sinceras. No creo que la de este artículo cumpla con esas condiciones.

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  3. Totalmente de acuerdo con el tema de los tatuajes. Un tilingueria. Venía bien la nota, comenzó a derrapar con el tema del aborto y el de las católicos, nada que ver como forzando un tema que no venía al caso y discutible o dudoso, pues no veo que los católicos sean lapidados en los medios de comunicación. Salvo que se le llame lapidación cuando se denuncia con justicia a un cura o un obispo pedófilo. Al final remonta de nuevo la nota y sale del abismo.
    .

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