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OPINIÓN La pandemia no nos hizo mejores ni tenía por qué

La pandemia trajo sus  reflexiones

Decían que después del coronavirus el mundo cambiaría para bien casi mágicamente


Hace un tiempo, en el último diario digital que trabajé, escribí que la salida de la pandemia no nos iba a hallar mejores ni peores, simplemente nos iba a encontrar algo más viejos, nada más. Y justito cuando la humanidad empezaba a dejar atrás ese mundo oscuro de encierro y boca tapada, una atroz guerra en Europa nos sorprendió como la primera de las enseñanzas que deja el coronavirus.
Tenemos muchas ansias de diversión, por supuesto. Fue tanto el miedo a la muerte que nos impusieron, que ahora todos andamos en busca de fiesta, alcohol, baile, sexo, cigarrillos armados no precisamente con tabaco, y pastillitas que hacen ver la vida en cinemascope y tecnicolor.
Como si la muerte no fuera lo único inevitable de la vida, nos impusieron contar los finados día por día, sumarlos por semana, agregarlos a los del mes pasado, calcular cuántos serían a fin de año y por qué se podrían haber evitado si se hacía esto o no se tomaba la decisión aquella. Y los diarios digitales recordándolos a cada rato. Un pariente era el 15.432 y al un amigo se le murió la madre en el lugar 45.982.
¿Alguien va a decir que se pasó la cuarentena, encerrado en su casa, pensando en lo malo que había sido en su vida anterior y cómo mejorar cuando lo dejaran salir de su casa?, pero, no me haga reír ¡haga el favor! Fue una muerte anticipada entre cuatro paredes, vivito y coleando, con la pesadilla de médicos que en un momento avisaban que el coronavirus provocaba tal cosa y al rato decían lo contrario, al día siguiente era otro domingo siete y casi siempre eran los mismos. Los únicos.
El tal Pedro Cahn, que presentaban en la tele como infectólogo, nos puso a todos con las bolas al plato de tanto que nos metía miedo. De tal forma que al segundo día de encierro todos mirábamos cualquier bodrio en la tele, menos sus repetidas recomendaciones, no sé, las aventuras del ratón Mickey, Rambo XVII anciano decrépito, contra los alienígenas, Libertad de Opinión, de Canal 7  (un programa humorístico de la televisión santiagueña), con tal de que no nos siguieran martillando el oído con variantes, subvariantes, cepas y letras griegas.
La única parte entretenida de todo ese toletole fue el que se armó por el barbijo, con sus fanáticos y sus detractores. Muchos nos divertíamos pensando en que, si los que ahora estaban en el oficialismo, eran oposición, se habrían opuesto tan fervientemente al cubrebocas como ahora eran fanáticos de su uso. Y al revés, los de la oposición habrían militado —como le dicen a pasarse memes por WhatsApp— para que todos se calcen el famoso taparrabos, pero sobre la boca y la nariz.
Algunos amigos, incluso se pusieron peor durante la cuarentena. Se dedicaron a denunciar a los vecinos que volvían de otros países, con nombre y apellido en las redes de internet, como si ellos no hubieran viajado nunca a Nueva York, Miami o por ahí.
Gente grande, por primera vez en su vida se creyó en el deber de andar botoneando por Feibu a los conocidos, con un fervor digno de otros principios. Es decir, no hemos sido buenos con vecinos, compañeros de trabajo, con nuestra familia, antes y durante la pandemia, ¿por qué íbamos a serlo después?
Otra cosa, después de semejante experiencia, se creyó que los empresarios estarían más dispuestos a que la gente les envíe los trabajos desde su casa, pues se había comprobado que era prácticamente lo mismo. En muchos casos fue así, pero hay jefes, al parecer, no viven si no están mirando a sus esclavos todos los días, quieren tenerlos a mano para verduguearlos personalmente. Azotar por internet no vale, tiene que ser en la espalda desnuda. Pasó la pandemia y exigieron la vuelta al trabajo en la vieja y podrida computadora de la oficina. ¿Por qué vas a trabajar desde tu cama, calentito, comiendo galletas Criollitas, haciendo bien tu trabajo si puedes venir al laburo cruzando media ciudad en colectivo, haciéndote mala sangre?
Ya lo decía San Agustín: “No hay tiempos mejores ni tiempos peores, seamos nosotros mejores y los tiempos serán mejores”. Eso mismo sigue siendo válido desde hace más de mil quinientos años, en todo tiempo y en todo lugar. ¿Por qué una enfermedad nos va a cambiar la vida? A algunos sólo les retrasó los planes, buenos o malos.
La vida sigue su carril, como siempre, hasta que se acaba. Los males o los bienes que caen sobre la gente no la hacen mejor o peor, menos que menos en estos tiempos, cuando vienen las redes de internet a darnos la razón de cada paso que damos. Perdieron el tiempo quienes se esperanzaron en que, después de una pandemia real o supuesta, alguien iba a decir: “Cuando esto pase seré mejor persona, tendré en blanco a mi empleada doméstica, no engañaré a mi mujer con mi compañera de trabajo, dejaré de tomar vino y emborracharme, instruiré a mi contador para pagar todos los impuestos sin gambetear ninguno, no faltaré a misa, no me escaparé de la oficina para comer sangüi en el mercado”.
El prójimo y uno mismo nunca cambia, en esencia siempre es el mismo: el tiempo solamente va agravando los defectos y tonterías de cada uno, el que era perverso de joven, de viejo se vuelve más maligno, el que se reía de los demás, se torna más sardónico y a los bobos, al llegar a ancianos, les agarra como un cretinismo crónico e incurable.
Los únicos que mejoran con el tiempo, son los santos, pero llegar a eso, ¿sabe qué?, tendría que vender todos sus bienes y repartirlo entre los pobres, antes que andar pensando que, por obra y gracia de una enfermedad, el mundo lo mejorará y se hará más bueno. Lo repite San Lucas, no yo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”.
El coronavirus no es Mandrake para volvernos mejores.
Y dejo el tema aquí nomás, antes de empezar a delirar en serio.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cuanta razon amigo,cuanta razon.!!!!Coco Coronel

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  2. Cristian Ramón Verduc23 de agosto de 2022 a las 10:05

    Muy bueno, con sus segmentos humorísticos incluidos. Un artículo bien "aragonesco". Me ha gustao.

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  3. 👏👏👏 muy bueno Juan Manuel, tienes mucha razón.

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  4. Demasiado para desgranar, Juan.
    La pandemia no hizo nada. Fueron las decisiones de cómo manejarla, por parte de gobernantes incapaces y cobardes lo que impactó a la sociedad de distintas maneras, casi exclusivamente para mal.
    La actitud de lavarse las manos y dejar las decisiones de estado en manos de "la ciencia' fue lo más canallezco que pudieron haber hecho.
    Un verdadero líder y estadista, y los hubieron muy pocos, toma las decisiones de estado balanceando todos los aspectos en los que esa decisión puede tener impacto.
    Un funcionario de la salud, o de alguna organización humanitaria, solo ve lo que conoce, con las anteojeras de su propia área de interés. No se debió nunca dejar en manos de esos funcionarios y "expertos" las decisiones de estado. Ellos sólo están para asesorar y recomendar. El líderes el que toma las decisiones según muchos otros elementos de análisis, y nunca con la excusa de "Así me han dicho que haga".
    Los verdaderos científicos, que hicieron sus investigaciones desde el día uno, publicaron ya en Octubre del 2020 la Declaración de Great Barrington (que se puede descargar en español), que advertía desde entonces lo errado de las decisiones de encierro. Sus advertencias fueron calladas hasta que ahora, cuando ya no hay arreglo. Hoy todo el mundo lo reconoce y las instituciones como el CDC y la ONU están aceptando que se equivocaron.
    Nadie demostró que el trabajo a distancia era igual o mejor. Es mas, la proporción de trabajadores y empleados que pueden hacerlo es infinitesimal, comparada con los que deben producir desde su lugar de trabajo. La educación de alumnos por computadora resultó desastrosa, tanto académicamente como en su formación social. Fueron dos años perdidos y fue inaceptable lo que adultos egoístas hicieron a esos jóvenes.
    Ni hablar de los que perdieron sus trabajos, negocios o se fundieron. Quienes recibieron un sueldo por estar en su casa y quienes trabajan a diario con una computadora (te suena?), no tuvieron problema, pero para que pudieran hacerlo cómodos, felices y encerrados, miles tuvieron que seguir trabajando para que en sus casas se siguiera encendiendo la luz, funcionará la heladera y la cocina, saliera agua por las canillas, y hubiera comida en sus platos.
    Ojalá el mundo aprenda la lección. Basta con averiguar cómo les fue a los pocos países y Estados con gobernantes con cojones, que tomaron las decisiones correctas y no paralizaron nada. Son los que obtuvieron los mejores resultados en todos los órdenes y los que mejor están hoy en prosperidad.

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