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ENSAYO La superioridad de los libros

La lectura enriquece siempre

Leer los clásicos es lo recomendable cuando se trata de entender el mundo moderno y las noticias de todos los días


Por poco que te alejes de otras actividades recreativas en tu vida y arrimes a la lectura de cualquiera de los clásicos, irás entendiendo mejor la realidad que te rodea. No valdrán una mosca aplastada contra el vidrio la radio, la televisión y sus múltiples variantes, incluidas Netflix, la computadora, el telefonito, WhatsApp y hasta los diarios (que vienen a ser historietas para niños, comparados con las grandes crónicas y los enormes pensamientos que se desparramaron por el mundo desde que aprendió a leer).
Si usted toma, por dar sólo un caso, la Política, de Aristóteles, comprenderá por qué, entre otras cosas, justificaba la esclavitud como un instrumento compasivo y no con la crueldad que usted la estima. Tenga en cuenta que en aquellos días conseguir la comida era asunto arduo, por lo que tomar prisioneros y cuidarlos como indican las convenciones actuales de la guerra, era asunto imposible, pues no había ni alambre tejido ni armas de fuego a fin de cuidar que no se escapen. Para resguardarse de un ataque de los pueblos vencidos, los vencedores solían pasarlos a cuchillo y listo, terminaban con el problema. Con la esclavitud, en cambio, los pueblos perdedores, al menos conservaban a su gente viva. Debían trabajar para otros, es cierto, pero cualquier cosa es mejor que ser un muerto, ¿no le parece?
La sola lectura de unas pocas solas líneas de Aristóteles lo llevarán por pensamientos mucho más elevados que la vista de cualquier noticiario de la televisión por más bueno e imparcial que se diga. Y el datito este de la esclavitud, es apenas un detalle del gran libro de Estagirita. Pero tiene varios otros textos, cuál más interesante, así que sólo con él podría estar leyendo un buen tiempo, aprendiendo más sobre lo que pasa a la vuelta de su casa que comprando el diario todos los días.
Aquí viene lo mejor, cuando termine de hincarle el diente a Aristóteles, le estaría quedando Platón para no quedar rengo, luego algún presocrático y ya tendría listo el panorama para empezar con autores más modernos e hilar un poco más fino en su comprensión del mundo. Después podría leer a San Agustín, pero a esa altura, seguramente ya habrá hallado otros autores para seguir leyendo y hará su propio camino.
Es posible también que, igual que sucede en un supermercado, usted acuda en la búsqueda de, pongalé, un libro de Arthur Conan Doyle y en el camino se tope con otro inglés Gilbert Chesterton y se tiente, suele suceder, pues son inextricables a veces, los caminos del pensamiento de cada uno.
Si no tuviera o no tuviese el dinero suficiente para comprar libros, cortar el cable de televisión para adquirir textos con ese dinero no es una buena idea: su familia podría odiarlo de por vida e incluso lapidarlo, envenenarlo o matarlo de alguna otra manera. Pero, amigo, ahí están las bibliotecas populares, distribuidas estratégicamente en muchos barrios de la ciudad. Si usted se hace socio, es posible que le presten un libro por vez para llevar a su casa a leer, siempre que no sea un texto de los usados por los chicos de las escuelas. En este caso deberá tener mucho cuidado de no ajarlo, romperlo, rayarlo o perderlo, pues debe devolverlo en buen estado como condición para que le presten otro.
De paso, como quien no quiere la cosa, con un pesito que se ahorre cada día, de a poco irá juntando plata para comprar libros y armar su propia biblioteca, usted podría pensar que tener libros ya leídos puede ser redundante, pues se los sabe todos. Pero no es como las películas, que aburren cuando se las ve por segunda o tercera vez. Primero tenga en cuenta que el texto está ahí para ser consultado cuantas veces lo desee, ya sea para corroborar un dato, ya sea para fijarse en una página que le resultó interesante. Y segundo, sepa que cuando llegue a viejo ya no querrá textos nuevos, siempre dará vueltas por los mismos pensamientos y los libros lo ayudarán a continuar tratando de salir del laberinto de pensamientos gozosos que llegan a la mente cuando se aproximan los últimos días.
La lectura hará algo maravilloso en sus pensamientos, si es un tipo que gusta de las emociones fuertes, un día leerá un texto que diga “blanco” de algo y al siguiente se topará con otro que opine que en realidad es negro. Así como en la música a uno puede gustarle Ricardo Arjona y Joan Manuel Serrat, Los Fronterizos, Atahualpa Yupanqui y Los redonditos de Ricota. Los libros pueden maravillarlo con una idea y también con la contraria. Y entre todos los que vaya leyendo, elevarán sus pensamientos, pues es el choque de ideas lo que produce mejores opiniones y no las uniformadas disciplinas doctrinarias que imponen algunas escuelas.
Algunos se ponen oros y joyas encima para impresionar al prójimo con su opulencia, otros se visten de harapos para hacer creer al mundo que son humildes, hay quienes copian la manera de vestirse de los artistas o las prostitutas, creyendo que los tendrán por actores o cupletistas.
Si lee mucho, se percatará de que el ropaje exterior no importa nada y saldrá a la calle como cualquier hijo de vecino, sabrá que no debe usar palabras que la gente considera “difíciles” y estará atento a lo que dicen los demás, pues se habrá dado cuenta de que en todas partes se esconde la sabiduría.
La lectura lo alejará del peligro de andar siguiendo las modas, pues le dará la seguridad de que la verdad de cada asunto se halla en cualquier parte y no en el último libro, el más brillosito o el que tuvo una presentación con sanguchitos más ricos y discursos más ditirámbicos.
Si acepta un consejo, deje de criar anquilosar su cerebro con imágenes prediseñadas para convertirlo en un perfecto consumidor, empiece a leer, de a poquito si quiere, verá que hay un mundo colorido, risueño, repleto de voces fuertes y felices susurros en las páginas de un buen libro. Y en uno malo también.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cuanta verdad en tus palabras, Juan Manuel, y cuanto bien le haría al mundo una sociedad educada en el conocimiento que transmiten los libros de los grandes autores y pensadores a lo largo de la historia. A nuestra sociedad seguro le vendría bien. Leer a Maquiavelo, por ejemplo, ayudaría a la gente a entender cómo un político manipula a sus gobernados. Y ese interés y hasta avidez por la lectura se debería fomentar desde niños para balancear el exceso de estupidización mediante las redes sociales y jueguitos de pantalla.
    Yo lamento haber haber empezado tarde y por lo tanto haber transcurrido mi vida desplegando una buena dosis de estupidez en mis juicios y acciones (muchos opinarán que todavía me dura). Hoy descubro que ya no me da lo que me queda en este planeta para desburrarme. Recomendaría hacer el camino cronológico, desde los presocráticos como Pitágoras, porque cada uno de ellos ayuda a entender mejor al siguiente.
    Hay un libro-guía que se llama " La Gran Conversación",, que propone una lectura ordenada de los grandes libros del mundo occidental. A mi me ha resultado una excelente guía para ir transitando ese camino.

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