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PALABRAS Casi, casi, casi, la paz llega de lejos

Felicidad, paz (autofoto)

Una palabra insignificante puede significar, al final de cuentas, la maravillosa esperanza de un muy buen día

Casi, casi, casi, significa que fue por muy poca diferencia, apenitas por esto, por el hocico, diría un burrero, por una uña. No son todos. Si uno dice que estuvo casi toda la familia, está indicando que faltó uno, o tal vez más de uno, no muchos. El idioma no es una ciencia exacta, por lo que no se sabe muy bien cuántos deben estar ausentes para que quepa correctamente el adverbio. Si usted afirma que a la cena fue la mitad de los invitados, no corresponde el “casi”. Pero, si de cuarenta faltaron dos o tres, ahí está bien puesto y es “casi todos”.
Hablando de otra cosa, ¿no le pasa que por ahí se siente solo, triste, olvidado?, ¿que el mundo le ha dado la espalda, lo ignora?, ¿que nadie le ha dedicado unas palabras amables en todo un día? A veces no es así realmente, es decir, uno estuvo con gente a la que aprecia y quiere entrañablemente, se topó con amigos, habló con conocidos y desconocidos, anduvo por la calle, tomó café con un grupo de amigotes, pero igual se cree solo, como que sus voces interiores tapan el ruido de la calle, los bocinazos, el sonido de las cucharitas y de la máquina de hacer café del bar de la esquina, el chirrido de las frenadas, y adentro tiene un gran silencio, usted es una isla caminando en medio de la gente.
No hay caso che, nada que hagan los demás lo sacará de su ensimismamiento, de su estar siendo en sus propios pensamientos, a cuál más negro, más pesimista, más repleto de sombríos vaticinios, oscuras previsiones, anticipos de catástrofes terribles. Qué sabrá ser, ¿no?, esto de tener una vida para afuera y otra siempre gritando pensamientos desde adentro, como si uno fuera dos personas en un solo cuero, un preso de alguien que camina con uno, se mira en las mismas vidrieras y todos los días se observa a sí mismo cuando se lava la cara.
La capacidad de introspección es una de las características distintivas del ser humano como integrante de la escala zoológica, piensa el hombre que a veces cree ser un ermitaño, un monje medieval encerrado en la choza de su pobre cerebro. Esos días no hay nada que lo saque a flote, nada que lo haga ver que hay otras realidades dando vueltas en el mundo.
Pero, ¿sabe?, siempre, pero siempre, siempre, siempre, cuanto más oscura se hace la noche es porque falta poco para la madrugada, la hora antes de que el primer atisbo de luz pinte las cosas del azul de las mañanas, suele ser la más tenebrosa.
Piensa estas cosas sentado en la cocina de su casa, cuando cree que su espíritu solitario está más abandonado del mundo, más reconcentrado en sí mismo. De repente suena el telefonito, hay un mensaje del grupo de los compañeros de la secundaria en el WhatsApp. El breve escrito es de uno de ellos, el que le ha parecido más auténtico desde siempre, uno de los más inteligentes, un buen tipo, en una palabra. Todos los días manda saludos desde otra provincia para “casi” todos sus viejos condiscípulos. El hombre sabe que ese “casi” es por él y tal vez por otro más. “Casi”, porque no quiere que se crea que también lo saluda, algo que evitará si lo topa por la calle. Entonces una sonrisa le sube desde el corazón hasta el rostro, una felicidad plena lo invade y cavila: “¿Ves estúpido?, pensabas que nadie se acordaba de vos y hay uno que, aunque sea para mostrar su odio, te recuerda”.
Lo dicho, la felicidad no se amasa con grandes alegrías sino con pequeños gestos, con mensajes ínfimos.
Sigue apreciando a su querido ex compañero. “No soy más que una pobre rata, y vienes vos a dedicarme un recuerdo especial todos los días”, piensa, casi con alborozo. Entonces se percata de que allá afuera, lejos, bajo otro cielo, en una circunstancia totalmente distinta, hay gente que lo recuerda cada día, todos los días, sin descanso. Esta mañana, ayer, anteayer, y así durante mucho tiempo.
Después de semejante mensaje de cuatro letras, “casi”, el resto del día transcurre en paz, alegría, contento, felicidad.
©Juan Manuel Aragón
A 12 de febrero del 2024, en Árraga. Tirando bombitas

Comentarios

  1. Muy bueno Juanma “casi” como todo lo q escribes , abrazo , ya sabemos de q se trata

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  2. Me impresionó el que puedas sacar algo tan lindo de alguien que te quiere ningunear. Te felicito. Me has dado una lección y un tema para pensar. Gracias.

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  3. Casi supe es como quizás pude, pero en ambas la posibilidad es vivirla pero para ello es importante el motor sentimental. Lo que hace progresr a los pueblos además de la justicia. Como los eslabones cristianos donde todos se enganchan y nadie se suelta, porque la vida es un juego que nos hace tener seriedad para las alegrías y diversión para respetarnos. Nacimos con ese atributo de saber que nuestra persona será registrada por los que sienten esa correspondencia de vida que es la mejor historia cuidada por los que la vivieron

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