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CELEBRACIÓN La última fiesta

Imagen de ilustración

En que se cuenta lo que le pasa a un padre de familia cuando celebra el cumpleaños de quince de su princesa

Después, cuando todo pase, aparecerá en las fotos del álbum, detrás de las sonrisas de la familia, la felicidad de los parientes y amigos, la torta, los suvenires, los globos, el jamón flambeado y su cara dirá: “Ahora cómo mierda hago para pagar todo esto".
Ahí anda la mujer, peleando con los mozos para que no se lleven las sobras, porque es lo que vamos a comer el domingo, y no se hagan los vivos con las tres botellas de whisky, dos cajas de vino y las gaseosas que nadie tomó. Su princesa está teniendo la fiesta que quería, con un vestido blanco, nuevo, que le encargó la madrina en Buenos Aires, el peinado que la hace parecer de 18 años y un ramo de flores que encargó hace una semana, casi a última hora, mirá si se olvidaba, qué papelón. Y sandalias de marca y una señora que vino a casa a maquillarla y darle los últimos retoques al atuendo.
La fiesta está terminando, al fin, después de largas y agotadoras horas de trabajo, pues tuvo que llevar las bebidas al salón, a la mañana, tempranito, en el auto, en varios viajes porque no cabían en uno solo. Por qué mierda no hacemos el cumpleaños en el patio de casa, que también es grande, les reclamó hace tres meses, cuando decidieron que la casa no era el lugar adecuado para semejante celebración, y entonces supo lo que se le venía, tomó conciencia del monstruo que había despertado el día que dijo le tenemos que hacer algo grande a la nena y las otras se miraron embobadas de felicidad y contento.
Tuvo que cargar los parlantes, los sánguches, la pierna de chancho que ya estaba asada y lo dejó con el cuerpo hediendo, los manteles, los souvenirs, los dulces para la mesa dulce, ¿no sabías?, ahora siempre hay una mesa dulce que se pone al final, la torta la llevaría la señora que la hizo, pero tuvo que esperarla en la puerta como tres horas, ella se encargó de vestir la mesa, ¿vestir la mesa?, qué es eso, quiso preguntar, pero ya era tarde y le dijeron vos hacé caso y no preguntes.
A las 8 lo mandaron a bañar para que estuviera listo para la medianoche, pero es el alba todavía, protestó. Todos te van a estar mirando, sos el padre de la quinceañera, le respondieron. A medio vestir lo mandaron a buscar al muchacho que pondría la música, pero antes le habían prohibido llamarlo así, qué antiguo papá: es el dillei le avisaron, ¿el qué?, a ver cómo te lo deletreo, el di—llei, dillei, ¿entiendes? Encantado mucho gusto, era un tipo lleno de tatuajes, un flaco con una pinta de pasado de merca que daba miedo, pero por suerte nadie lo vería, tendría un lugar discreto en el salón, escondido entre los mozos y los cajones con gaseosas.
Después de tanto trajín, ahora son las tres de la mañana y está sentado en una mesa, conversando con un amigo al que invitó con la señora los hijos. Hablan, obviamente, sobre lo mal que anda la política en el país, fijate vos, estos que no saben cómo gobernar, para qué se presentan si después van a ser semerendos desastres. Mientras, por el costado del ojo relojea una mesa de amiguitos de la hija que le han dado unos pesos a un mozo para que les sirva whisky en vasos de plástico, los deja nomás, se hace el tonto, pero en cuanto se quieran tirar de picaritos, los va a sacar de la fiesta del forro del culo, pendejos de mierda, no los aguanta.
Dentro de un rato vendrá la foto del final de fiesta, la corbata aflojada y el peinado a la gomina todavía duro como pionono de alfombra, ¿de dónde mierda ha sacado gomina la mujer, justo para esa noche?, ¿no era que el antiguo era él?, mejor no pregunta, capaz que no le gusta la respuesta.
La fiesta ha sido todo un éxito, estuvo hasta el muchachito que le gusta a la hija con el que se hace el celoso, no me gusta ese muchacho, dice y ahora se pone en padre duro, recio y peludo nomás. Todo con felicidad, la familia viene trabajando detrás del cumpleaños de la hija desde hace más de un mes, cuando comenzaron los preparativos y lo retaron porque dijo que sacaría fotos con su celular nomás. No papá, vos vas a estar tranquilo en la fiesta, vamos a contratar un fotógrafo que va a filmar todo también, no te vas a preocupar por eso, le dijeron. Desde entonces, calladito, hace lo que le dicen en la casa. Ha sacado un préstamo que redondea más o menos lo que le pagan en tres años, para una fiesta que va a durar sólo una noche y la yapa, si es que hay yapa. Sa cuentas y, si todo va bien, en el 2030 lo termino de pagar, capaz que para ese tiempo ya estaré empernado con el casamiento, así que tendré que rogar que no se case y se vaya a vivir con el novio, así nomás, como hacen ahora, antes de que se me vaya el otro ojo de la cara, piensa.
Son cosas de la vida que se deben pasar con felicidad. Por suerte, ya he dejado dicho que, para cuando me muera quiero un velorio sencillo, que me tiren en el cementerio de Maco, atrás, en la tierra, donde nadie me reconozca, para qué, no quiero ser motivo de gastos ese día. Se hace el de no recordar que la mujer está pagando desde hace varios años la mejor sala de Gubaira de la Pedro León Gallo, y una parcela en el cementerio Parque de la Paz, para que descanse para siempre entre varios garcas ilustres, entre ellos, el dueño del banco que le prestó la plata para el cumpleaños de quince de la hija, compartiendo en la última fiesta de su vida, la que durará para siempre y organizó en cómodas, cuotas a pagar a perpetuidad, tierra, silencio, cielo, cipreses, pasto bien cortado.
Y gusanos.
Juan Manuel Aragón
A 14 de julio del 2024, en Maco. Volando un barrilete.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Y así es...gracias por tus excelentes relatos. 🥰🙌🏼

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  2. Buenísimo Juan Manuel, muy al día en la información además!!! Ernesto Jerez

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