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GUERRA Palabras malditas

Lugares emblemáticos

Se pide que, de los dos lados, Israel y Palestina, haya periodistas capaces de comenzar a hablar de la paz para ambos pueblos

Un somero repaso por los diarios palestinos e israelíes de los últimos tiempos, da cuenta de que, de ninguno de los dos lados hay voluntad para detener la guerra de palabras en que están involucrados los periodistas. Todo allí son quejas por lo que nos hicieron de manera injusta y odiosa, ánimos por lo que deberíamos hacer para dañarlos con más eficacia, recriminaciones sobre lo que no se hizo y podría haber liquidado el pleito antes, noticias tergiversadas, medias verdades y mentiras escandalosas. Ninguno diario tiene un titular que diga: “Puntos a tener en cuenta para buscar la paz”, o “Caminos para llegar a un acuerdo”, o “Si vamos por aquí sería posible darles la mano a los otros”, o “Cómo dejar atrás la enemistad”.
Esta nota no se trata de una mera incitación a los colegas a un pacifismo bobo, sino de una invitación a escribir algo mostrando a las partes involucradas en el conflicto que hay gente que no se enojará si, uno de estos días, abandonaran su prédica de tirar piedras hacia el otro lado. Nadie pide que dejen de informar lo que sucede, con la misma vehemencia que lo están haciendo o que abandonen la línea editorial trazada por sus diarios, sino que se deje de lado el belicismo hostil que, necesariamente lleva a cometer más actos dañinos.
A ojo de buen (o mal) cubero, los principales escollos para una paz entre palestinos e israelíes son:
Jerusalén: La soberanía sobre la ciudad es un punto de conflicto, pues Israel la reclama como su capital, mientras que los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea su capital.
Fronteras y terreno: Los palestinos demandan que su futuro Estado se conforme de acuerdo a los límites previos al 4 de junio de 1967, algo que Israel rechaza.
Asentamientos: La construcción de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania es otro obstáculo, pues son ilegales según el derecho internacional invocado por los palestinos.
Refugiados palestinos: La cantidad de refugiados y su derecho de regreso a lo que hoy es Israel es otro punto de desacuerdo.
Violencia: La renuncia a la violencia de los grupos palestinos es necesaria para un acuerdo de paz.
Reconocimiento del Estado de Israel: El reconocimiento del Estado de Israel por los palestinos es fundamental para un acuerdo de paz.
Levantamiento del bloqueo a Gaza: El levantamiento del bloqueo a Gaza y las restricciones de movimiento en Cisjordania y Jerusalén Oriental son necesarios para un acuerdo de paz.
No hay una solución única o fácil, pero sí se podrían considerar algunos principios y pasos que podrían ayudar a avanzar hacia una resolución pacífica.
1. Reconocimiento mutuo: Israel y los palestinos deben reconocer el derecho del otro a existir y a tener un estado soberano.
2. Negociaciones directas: Los dos lados deben sentarse a negociar directamente, sin condiciones pre negociadas.
3. Solución de dos estados: Creación de un estado palestino independiente junto a Israel, con fronteras seguras y reconocidas por ambos.
4. Jerusalén: Respetar los lazos históricos y religiosos de ambas partes con la ciudad.
5. Refugiados: Una solución justa y equitativa para los refugiados palestinos.
6. Seguridad: Garantías de seguridad para ambos lados.
7. Cooperación económica: Fomentar la cooperación económica y el desarrollo en la región.
8. Apoyo internacional: La comunidad internacional debe apoyar y facilitar el proceso de paz.
Más que todo, la resolución del conflicto requiere compromiso, flexibilidad y buena voluntad de ambas partes.
Es obvio que periodistas de un lado y otro de esa guerra quizás digan que no es fácil escribir de paz, a quienes llevan encima mucho dolor, en algunos casos acumuladas desde hace varias décadas, la bronca, el desamparo, la sensación de injusticia. Pero es lo que el mundo pretende de quienes llevan por armas solamente sus palabras y quizás sea el pedido de muchas familias —de un lado y del otro de los muros que las separan — al observar a sus hijos creciendo con odio en el corazón y ojalá que no suene muy cursi.
Si de un lado dicen: “Para qué vamos a llegar a un acuerdo si ya estamos ganando”. Y del otro responden: “Ustedes saben muy bien que nosotros ya hemos triunfado” es muy difícil llegar a un acuerdo. Quizás fuera mejor para los políticos reconocer los propios errores, disponerse a reparar el daño que se le hizo al otro, mostrar voluntad para llegar a un acuerdo que deberá tener puntos precisos para cumplir y tender la mano sincera al hasta ayer enemigo, sabiendo que el bien más preciado del hombre es la propia palabra.
Los que no vamos nada en la partida estamos muy lejos, esta nota quizás no llegue ni como un leve vientito hasta esas costas, pero los periodistas de aquellos pagos deberían saber que siempre habrá gente de bien dispuestos a apoyarlos si se deciden a escribir sobre una posible paz con valentía. Y verdad, obviamente.
Abajo hay lugar para discutir el problema, no vale empezar diciendo “sí pero”.
Juan Manuel Aragón
A 5 de agosto del 2024, en Brea Pozo. Charqueando una cabra.
Ramírez de Velasco

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