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TELÉFONOS Cualquiera es fotógrafo

Curso por correspondencia

La imagen horizontal debería seguir siendo la más común, pero la comodidad lleva a algunos a hacerlas verticales y volverlas una bazofia

El rectángulo apaisado en la fotografía, la imagen acostada, horizontal, otorga información adicional a quien la mira, mucho más que la que se toma de forma vertical, parada, o sea. Una la ve a la tía Olinda, fresca, joven, flaca todavía, en la mesa del comedor de los abuelos y recuerda no solamente a esa mujer que fue la hermana de la madre, sino también vuelve a ver la mesa con el mantel de hule del comedor de la casa de los abuelos y hasta rememora que era a cuadritos verdes y amarillos, eso que la foto es en blanco y negro y se está volviendo sepia.
Al mirar por el visor de la cámara, recomendaban los fotógrafos de antes dividirlo imaginariamente con dos líneas paralelas verticales y dos horizontales y, según la circunstancia, ubicar el centro de atención en alguna de las intersecciones (le llamaban la regla de los tercios).
Por eso la tía Olinda, está a un costado de la foto, leyendo un libro y no justo en el centro de la escena. Si se la recortase para que quede en el medio, perdería la gracia y, paradójicamente, el elemento fundamental de la foto dejaría de ser la tía y pasaría a ser la mesa.
Mire usté.
La foto de alguien no es solamente la imagen de ese alguien, porque nadie es tan pagado de sí mismo o tan narcisista como para creer que la gente quiere verlo a él nomás. Es un documento que muestra que uno anduvo en las playas de Camboriú, que estuvo en un asado con los amigos, que navegó en un frágil barquito en la desembocadura del Orinoco o alcanzó la cumbre del Aconcagua. A los vecinos, los amigos, los parientes, hay que mostrarles que uno estuvo ahí, para que se mueran de la envidia.
La foto apaisada los hará preguntar, por da un caso, ¿y esa chica que se vé atrás? Y uno, canchero, dirá: “Ah, ¿esa?, una de las tantas garotas que pululaban en las playas”. Verá que la envidia lo hace poner morado al cuñado, que veraneó en el río Dulce grill, metiéndose en un agua que es una sopa con olor a bagre podrido, ishpado por todos los tucumanos y con quién sabe qué restos de qué ingenio.
Para lograr la envidia de sus parientes, entre otras cosas, debe, necesariamente, tomar fotos horizontales, si es vertical, sólo se verá un montón de arena, usted y el cielo brasilero. La arena es poca información, nada digamos.
Quizás no sepa que las fotos ahora se toman con los telefonitos. Y es más cómodo tener el teléfono con una sola mano, de forma vertical, antes que andar tocándolo con las dos, sólo para darle más envidia al cuñado. Ya se sabe, la mayoría de los que tienen teléfono con cámara de fotos, hay varias cosas que no saben. La primera, que pueden tomar vistas igual que un fotógrafo de antes, pero con mucha más fidelidad. Tampoco saben que las fotos familiares son instrumentos que sirven cuando salen del telefonito y se vuelven papel. Casos se han visto de gente que perdió el teléfono, se lo robaron o algo, tuvo que conseguir otro y perdió todas o casi todas las fotos que tomó a sus hijos, en una edad a la que no volverán.


En fin. La cuestión es que la imagen vertical, la que se toma en las famosas autofotos, que los gringos (no nosotros), llaman “selfies” casi siempre son una porquería, no pasarían el examen de ingreso de la Modern Schools, que enseñaba fotografía por correspondencia.
Ahora los fabricantes de telefonitos deben tener una tarea urgente para la casa: inventar un teléfono que saque fotos horizontales, pero cuando se está teniendo la cámara de forma vertical, que sea con comodidad y que se pueden ver tan bien como las otras.
Digo, pero si usted cree que es mejor seguir por el camino de las pobres imágenes sin gusto y sin criterio, tomadas de manera muy a la marchanta, quién es uno para criticarlo, ¿no?
Juan Manuel Aragón
A 25 de enero del 2025, cumpleaños de la Estela. En Sol de Mayo.
Ramírez de Velasco®

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