Ir al contenido principal

EL LIBERAL Escuela de periodistas

Anuario de los 80 años

La hoja del anuario de los 80 años del diario El Liberal, despierta los recuerdos de un viejo cronista y le trae nombres y hechos del pasado


Por Juan Gómez Santucho
Sin querer queriendo “cayó” sobre mis manos una hoja del anuario de los 80 años de El Liberal de noviembre de 1978. Movilizo mis recuerdos que hoy vinieron a golpear a mi puerta y no puedo vencer la tentación de recordar los casi 30 años de mi paso por dicho diario.
Quienes están en esa página que dice “Redacción. Una labor ininterrumpida de 24 horas. Quienes y cómo….me llevan afirmar sin temor a despertar polémicas, El Liberal en épocas de la familia Castiglione, fue una escuela de periodistas. Con solo nombrarlos, Melquisedech López, Julio Boente, Guillermo Juárez, Juanito Elli, Luis Corbalán, José Sandez, Cachín Díaz, Juan Gómez (quien esto escribe) Alfredo Peláez, Ruso Peláez, Dante Guzmán, Ángel Romero, Carlos Argañaraz y otros. Todos aprendieron el “oficio” en su redacción.
Es cierto esto no sería posible sin la buena predisposición con los nuevos, de parte de los secretarios de redacción. Para mí, es una obligación y admiración hacia el secretario de redacción, Hipólito Noriega. Un hombre de una envidiable cultura y Francisco Jiménez de una sabiduría demostrada a través de la serie de artículos sobre la necesidad de ejecución de obras de infraestructura para el despegue de Santiago. Fueron los encargados de iniciarnos en el Abecé del periodismo. La mayoría eran maestros, otros autodidactas y tres o cuatro profesores.
Recuerdo que los primeros tiempos, patiné como loco hasta descubrir la arquitectura de las noticias y su técnica que abarcaba desde la pirámide normal o invertida, el lead que sería la introducción del cuerpo de la noticia y otras hierbas. Creo que, para todos, todo era nuevo.
Una perlita. De vez en cuando algunos de nosotros nos acercábamos al escritorio del secretario Noriega para entregarle alguna información por pedido de alguna persona especial en nuestros afectos. Con solo mirar y ver como caminábamos ya adivinaba nuestras intenciones y a boca de jarro nos recibía “ajá, y cómo andamos” para avisarnos que entendía nuestra entrega.
Un proyecto para el futuro sin futuro.
Un día el director del diario, el doctor Julio Cesar Castiglione convoca a una reunión, a un profesor de filosofía, de sociología, de historia, un redactor de deportes y publicistas para avisarnos que estaba en pie la “salida“ de los domingos de un suplemento con temas fuera de la información diaria. Creo que su proyecto no contaba con el acuerdo de la “cúpula” Castiglione. Duró poco tiempo su “tirada “dominical. El director (sospecho) lo hacía para mejorar el nivel de la redacción en tiempos futuros, adivinando el avance tecnológico que se llevaría todo.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...