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MEDICINA Riesgos de la marihuana social

Fumando marihuana

Evidencia científica revela impactos negativos en salud mental, física y relaciones interpersonales, incluso con uso esporádico


Por *Irina Acosta Gálvez
La marihuana, a pesar de ser considerada por muchos como una droga recreativa o social de bajo riesgo, presenta una serie de efectos negativos que impactan la salud física, mental y social de quienes la consumen, incluso en contextos de uso ocasional. Los estudios científicos han demostrado que su consumo, aunque sea esporádico, no está exento de riesgos significativos, y su percepción como una sustancia inofensiva ignora la evidencia acumulada sobre sus efectos adversos.
El principal componente psicoactivo de la marihuana, el tetrahidrocannabinol, afecta directamente el sistema nervioso central, alterando funciones cognitivas y motoras. Según un estudio publicado en The New England Journal of Medicine (2014), el consumo de marihuana está asociado con deterioro en la memoria a corto plazo, dificultades en la atención y problemas en la toma de decisiones. Estos efectos pueden persistir durante horas después del consumo, lo que representa un riesgo en actividades que requieren concentración, como conducir.
Un análisis de la National Highway Traffic Safety Administration (2020) encontró que el tetrahidrocannabinol duplica el riesgo de accidentes automovilísticos debido a la disminución de la coordinación motora y el tiempo de reacción.
En términos de salud mental, el uso de marihuana, incluso de forma social, está vinculado con un mayor riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos. Un estudio longitudinal en The Lancet Psychiatry (2015) mostró que los consumidores regulares tienen un riesgo hasta cinco veces mayor de desarrollar psicosis, especialmente en personas con predisposición genética. Además, el consumo frecuente se asocia con un aumento del 40 por ciento en el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión, según datos de la American Journal of Psychiatry (2017).
Aunque el uso esporádico puede no desencadenar estos efectos de inmediato, la exposición repetida al tetrahidrocannabinol puede alterar el equilibrio químico del cerebro, afectando el sistema de recompensa y aumentando la probabilidad de dependencia. La National Institute on Drug Abuse (2023) estima que el 9 por ciento de los usuarios de marihuana desarrollan dependencia, cifra que aumenta al 17 por ciento en quienes comienzan a consumir en la adolescencia.
Físicamente, el consumo de marihuana no es inofensivo. Fumar marihuana produce daño pulmonar similar al del tabaco, con un estudio en Annals of the American Thoracic Society (2013) que informa un aumento del 20 por ciento en el riesgo de bronquitis crónica y daño alveolar en fumadores regulares.
La inhalación de marihuana libera compuestos cancerígenos, como el benzopireno, en niveles comparables a los del tabaco. Además, el uso prolongado se asocia con problemas cardiovasculares: un estudio en Journal of the American Heart Association (2020) halló que los consumidores tienen un 25 por ciento más de probabilidad de sufrir arritmias y un 10 por ciento más de riesgo de infarto. Incluso el consumo ocasional puede elevar la presión arterial y la frecuencia cardíaca, lo que es particularmente peligroso para personas con condiciones preexistentes.
Socialmente, el uso de marihuana puede tener consecuencias negativas significativas. Un informe de la Substance Abuse and Mental Health Services Administration (2022) señala que los consumidores frecuentes tienen un 30 por ciento más de conflictos interpersonales y problemas laborales en comparación con los que no consumen. La marihuana puede afectar la motivación y la producción, fenómeno conocido como síndrome amotivacional, que, aunque controvertido, ha sido documentado en estudios como los de Psychology of Addictive Behaviors (2016). Además, el uso en entornos sociales puede normalizar el consumo entre los jóvenes, quienes son más vulnerables a sus efectos a largo plazo.
La American Academy of Pediatrics (2019) advierte que el consumo adolescente está vinculado con una disminución del coeficiente intelectual de hasta 8 puntos en la edad adulta, un daño que puede ser irreversible.
En conclusión, la marihuana, incluso como droga social, no es una sustancia benigna. Sus efectos sobre la cognición, la salud mental, los pulmones, el sistema cardiovascular y las relaciones sociales están bien documentados. La percepción de inocuidad que rodea su uso recreativo ignora estos riesgos, que afectan tanto a consumidores esporádicos como regulares. La evidencia científica subraya la necesidad de un enfoque cauteloso hacia su consumo, especialmente en contextos que minimizan sus consecuencias.
Ramírez de Velasco®
*Nacida en La Paz, Bolivia, en 1970. Consultora política, lideró estrategias de comunicación para campañas electorales en América. Experta en análisis de datos y gestión de crisis. Licenciada en Ciencias Políticas.

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