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CATÓLICOS Nosotros, los dueños del almanaque

Falta poco para el 25

“Se acerca la fiesta de Navidad, los chicos armaron el Pesebre dando a cada figura la representación de aquel tiempo”


Para quienes no lo sepan todavía, el catolicismo inventó el almanaque moderno. En 1578, el Papa Gregorio XIII modificó el que tenían entonces, que venía de 1624 años antes y había sido establecido por Julio César, el emperador romano. Se lo cambió por una razón, si usted quiere, fútil, los católicos querían celebrar la Pascua el día que corresponde y como en el juliano las fechas estaban algo descuajeringadas, no lo calculaban bien.
Los países que habían dejado de ser católicos, como Gran Bretaña y sus colonias, lo adoptaron recién en 1752, demoraron en darle la razón a los católicos. Turquía recién se rindió ante las evidencias en 1926 y China en 1949. Los revolucionarios franceses, enemigos declarados de la Iglesia Católica, también inventaron su calendario inspirado en la naturaleza y las estaciones del año, a saber: vendimiario (por la vendimia), brumario, frimario, nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor, termidor y fructidor. Lo impusieron en 1792 y lo abandonaron en 1806, la gente no se acostumbraba a esas macanas.
Un año demora 365 días y la yapa, en pasar, pero cada cuatro años se le agrega uno, el bisiesto. Como también faltaba un botón o sobraba un ojal en el calendario juliano, entre el 23 y el 24 de febrero se intercalaba el "bis sextus dies ante calendas martii", que quiere decir "repetido el sexto día antes del primer día del mes de marzo". Nosotros, digo, los católicos, ideamos el 29 de febrero para no andar contando para atrás. Y compensar esa yapa de un cuarto de día más que dura cada año.
Porque los ingleses se negaban a aceptar el calendario Gregoriano, se producen confusiones. Como que Guillermo Shakespeare y Miguel de Cervantes murieron en la misma fecha, 23 de abril de 1616, pero distinto día: mientras en el Reino Unido se regían por el calendario juliano, los españoles, más modernos, tenían el gregoriano. En realidad, el autor del Quijote murió el 22 y lo enterraron el 23, pero para el caso es lo mismo.
Y usted, amigo, crea o no crea en Dios, se declare ateo o chicanee a los católicos desde otras confesiones, debe adaptar su cumpleaños, sus fechas íntimas, sus años, a lo que decidió en 1578 un odiado Papa. La fecha de la Navidad también es católica, la decidimos solitos y al principio, cuando en el mundo había convicciones firmes, la festejábamos solamente nosotros. Es algo que debiera tener en cuenta si se dice ateo, musulmán, budista, evangelista o creyente de la Pachamama, el día en que nació Manuelito, es un invento nuestro.
Capaz que lo festeja igual, deja que sus chicos armen un pesebre, pone un arbolito, se viste de Papá Noel, prepara una comida rica y se reúne con la familia ¿a festejar qué? Bueno… nada. Porque si Dios no existe, si Nuestro Señor Jesucristo es un invento, si la religión es el opio de los pueblos, esa noche es como que usted se sentará a la mesa a festejar el cumpleaños de un desconocido, de un Nadie Cualquiera y porque sí nomás, pues no lo quiere, no lo aprecia, no sigue sus enseñanzas. Con todo respeto, ¿no es medio tonta su fiesta, por más lechones, sanguchitos y turrones que ponga en la mesa?
¡Ah!, ¡no!, pero usted respeta a la Iglesia Católica porque ayuda a los pobres, por el auxilio que presta en las inundaciones y terremotos, por sus donaciones a las naciones hambreadas. Oiga, eso es un insulto, como decir que le gusta el cantante Sandro por su bata, que admira a José de San Martín por el caballo blanco o que le gusta Fidel Castro por la gorra verde oliva.
Se acerca la fiesta de Navidad, los chicos armaron el Pesebre dando a cada figura la representación de aquel tiempo: la humildad de la cuna y de los pastorcitos adorando al Niñito, la vaca y el burro ofreciéndole su calor, María resplandeciente en su maternidad, los  ángeles cantando en lo alto, a lo lejos los Reyes Magos que llegarán el 6 de enero, una estrella indicando el camino a seguir, la impiadosa nieve cayendo sobre Belén. El rey Herodes en su castillo luego mandará a matar a los niños menores de dos años por las dudas, pero San José es advertido en un sueño y hace zafar a su familia.
A lo lejos viene asomando el Viernes Santo, cuando ese mismo Niño será crucificado y escarnecido.
Y al tercer día, el domingo, Pascua de Resurrección.
Báh, por lo menos esas fechas tenemos presentes los católicos, no solamente inventamos el calendario, sino que somos los dueños del tiempo: de este y del otro lado de la vida. Pero más adelante podríamos hablar de eso. Si cuadra, obvio.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy clara reflexión. Y los no creyentes no sólo adoptan para sus festejos esas fechas festivas del catolicismo, sino que además se aprovechan sin chistar de los feriados y viven bajo todos los principios y valores sobre los que se ha cimentado nuestra cultura occidental, y por ende nuestras normas y leyes. Esos son los principios de nuestra cultura judeo-cristiana.
    Cuando alguien me dice que no cree en Dios, me recuerda las palabras de Émile Cammaerts: "Aquellos hombres que no creen en un Dios, están destinados a creer en cualquier cosa".

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