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CONCEPTOS Lindo y bonito

Chico de Bajo Hondo, Jiménez,
como ilustración nomás

"En la rastrillada divisé las pisadas de un ternero y tuve casi la certeza de que eran nuestros animales"


En un momento del camino sofrenamos los fletes para descansar un rato, nos apeamos en la sombra del único bosquecito en kilómetros de saladillo a la redonda. A lo lejos reverberaban los jumes, el aire de la mañana tenía un vidrio grueso suspendido justo encima del apagado verde de esos pastizales inmensos, solitarios. Andábamos buscando unas vacas perdidas que, según mentas, bajaban al agua en la represa que llamábamos “Del naciente”.
Entonces mi hermano se puso a explicar algunas conclusiones a que había llegado después de varios días de hurgar en los diccionarios del abuelo. Mientras ponía el pie en el estribo para montar de nuevo, dijo:
—Bonito es adjetivo diminutivo de bueno. Así decimos tiene una bonita renta o metió un gol bonito. Se les dice a las personas bien parecidas, de formas y facciones proporcionadas, aunque casi siempre menudas. También se aplica a animales y cosas cuando en ellos hay circunstancias análogas.
No va a creer amigo, a mí me interesaba hallar una vaca overa negra que, cuando la dejamos de ver, andaba preñada grande. Tenía miedo de que hubiera parido, y en esos campos de Dios era muy posible que el león le comiera la cría. Cuando son tiernitos están muy expuestos, además suelen embicharse y por eso llevaba un frasco con acaroina debajo de los pellones.
Pero mi hermano estaba embalado. Siempre era así cuando un asunto le dominaba la cabeza, tenía que soltarlo, decirlo, era una necesidad vital, como que las ideas le picoteaban el cerebro, el cerebelo, el bulbo raquídeo y si no las exponía se volvía loco.
Y siguió adelante con sus ideas:
—Lo lindo es una abreviatura de lo bello, lo bonito, por más que nos agrade, suele ser una infracción a los fundamentos de lo bello. Por eso les decimos bonitos a muchos objetos que no son bellos. La variedad de las formas, el brillo del colorido, la irregularidad caprichosa, la viveza y aun la seguridad y la extrañeza, pueden entrar en la categoría de lo bonito.
Había una rastrillada, pero no estaba seguro de si eran las vacas nuestras o serían otras. Cuando el animal vacuno se acostumbra, por ahí pasados días sin bajar a tomar agua, se va lejos y cuando le agarra la sed empieza a volver de a poco, caminando despacio. Estábamos como a dos leguas de la represa y aunque habíamos visto algunos animales, no eran los que buscábamos.
Y mi hermano continuaba con sus definiciones:
—Lo lindo se acerca a la perfección, es más severo en sus requisitos. Exige regularidad, orden, pureza, simetría y aquel justo medio en que consiste todo lo bueno. Una copia en pequeño de la Venus de Médicis puede ser linda, y solo en una frase vulgar alguien la llamará bonita. Es muy común entre los changos dar el título de bonita a una mujer, confesando al mismo tiempo que ninguna de sus facciones es linda, pero no se dirá que una mujer es linda si todas sus facciones merecen el mismo dictado.
Habíamos salido antes del día para estar buscándolas con luz, además con esos calores de febrero teníamos que andar temprano así no nos agarraba el mediodía en medio de esos desiertos abandonados de la mano de Dios. En la rastrillada divisé las pisadas de un ternero y tuve casi la certeza de que eran nuestros animales.
Pero insistía mi hermano:
—Cierta elegancia y delicadeza que no pueden definirse con exactitud, una apacibilidad graciosa y noble, la suave ondulación de las líneas, una blanda degradación en las tintas de modo que nunca resulten contrastes fuertes ni violentas oposiciones, estos son ingredientes necesarios de la idea representada por la voz lindo.
Ahá le dije. Recién iban las vacas nomás, había una bosta fresquita, nos llevaban quizás doscientos metros o menos. Cualquiera en el campo reconoce los rastros de sus animales, tenga en cuenta que nosotros éramos de la ciudad, así que se nos escapaban esos detalles. Pero los tres meses al año que pasábamos de vacaciones, nos hacían baqueanos para algunos menesteres.
En voz bien bajita, con su mancarrón pegado al mío, mi hermano susurró:
—Impresiones más vivas e irregulares, rasgos más decididos y sobresalientes, combinaciones más variadas entran en la idea de lo bonito. Ningún artista querría que llamaran bonitas a sus producciones, así como ningún hombre de buen gusto llamará linda a una pagoda india ni lindo a un puente chinesco. La pequeñez de sus dimensiones es un elemento esencial de estas dos cualidades.
Puse un dedo sobre mis labios para indicarle que estuviera callado. Bajo unos churquis comiendo sacha alfa, estaban las vacas del abuelo. Uno se siente un pastor bíblico cuando halla su tropa perdida, es un momento de felicidad casi mágico. Dimos una vuelta grande y comenzamos a arrear despacito las vacas para el lado de casa. En eso se acercó mi hermano y le dije:
—Ya está con lo lindo y lo bonito, he entendido perfectamente los conceptos.
Me respondió:
—Es hermoso el ternero de la overa.
—Ahá.
—¿Quieres que te explique las diferencias entre hermoso y bello?
Le dije que sí. No me quedaba otra.
Y seguimos adelante.
Era cerca del mediodía, picaba el bagre.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc15 de febrero de 2023 a las 9:17

    Está güeno el relato.

    ResponderEliminar
  2. Muy buen relato, y las diferencias que se insertan, cómo al pasar, de lo que muchos solemos tomar cómo sinónimo. Bien dicen aquellos que saben: en el castellano no existen los sinónimos, sino las palabras de significados afines. Gracias Juan Manuel.

    ResponderEliminar

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