Ir al contenido principal

1880 CALENDARIO NACIONAL Gutiérrez

Celedonio Guitérrez

El 12 de agosto de 1880 muere Celedonio Gutiérrez, caudillo federal, gobernador de Tucumán en la década de 1840, depuesto luego de la Batalla de Caseros

El 12 de agosto de 1880 murió Celedonio Gutiérrez. Nacido cerca del Río Chico, en Tucumán, el 3 de marzo de 1804, fue un caudillo federal, gobernador de Tucumán en la década de 1840, depuesto luego de la Batalla de Caseros.
Sus padres fueron Juan Felipe Gutiérrez y María Teresa Gramajo. A los 14 años, se unió como soldado raso al Ejército del Norte bajo el mando de Manuel Belgrano. En 1819, combatió en Salta y Jujuy contra los realistas y fue ascendido a sargento en el campo de batalla. En 1821, recibió el grado de alférez por sus méritos en la defensa del territorio nacional. En 1823, regresó a Tucumán con el grado de comandante, obtenido por su destacado desempeño en la guerra contra el enemigo realista.
Tras la Guerra de Independencia, se vio envuelto en las luchas civiles que sacudieron a las provincias argentinas. En 1838, siendo comandante de Medinas, no pudo evitar el asesinato del gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia. Participó en la guerra contra el mariscal Andrés de Santa Cruz en 1837 y 1838, campaña dirigida por Heredia como Comandante en Jefe del Ejército Argentino Confederado.
Durante la "Coalición del Norte" contra Juan Manuel de Rosas, Gutiérrez, entonces coronel de un regimiento tucumano, se unió a los unitarios. En junio de 1840, el general Lamadrid partió hacia Catamarca con 450 jinetes y 150 infantes, mientras el general Brizuela se movía hacia Córdoba con 1.000 jinetes. Gutiérrez, con 200 milicianos, se unió a Lamadrid, pero decidió regresar al bando federal en Albigasta el 3 de julio de 1840. Lamadrid relata en sus Memorias que no notaron la falta de Gutiérrez hasta que su tropa se marchó.
Gutiérrez se unió a Juan Felipe Ibarra en Santiago del Estero y marchó hacia Tucumán, pero fue interceptado por Lamadrid y su escolta fue dispersada. Se refugió en Santiago, esperando una oportunidad para regresar a Tucumán. En 1841, fue ascendido a general y Manuel Oribe ordenó que se uniera a Hilario Lagos.
En la batalla de Famaillá, comandó la derecha del ejército de Oribe, quien lo calificó como "bravo general". El 5 de octubre de 1841, asumió el gobierno de Tucumán, que mantuvo por doce años. Su ministro, Adeodato Gondra, puso en marcha medidas para restablecer las leyes previas al asesinato de Heredia en 1838. Gutiérrez también erigió un monumento en la plaza de Tucumán en honor a Juan Manuel de Rosas y el Ejército Unido de Vanguardia de la Confederación Argentina.
El 18 de julio de 1842, derrotó a Angel Vicente Peñaloza en El Manantial, con la ayuda del general Nazario Benavidez. En 1843, dictó un decreto para intensificar la cría de caballos en Tucumán y en 1844 ordenó un censo detallado de la población, que arrojó un total de 56.876 habitantes y 8.836 viviendas. En 1845, estableció una casa de estudios preparatorios para la carrera de las letras y fue reelecto con la suma del poder público.
Dictó reglamentos para la administración de justicia, policía y hacienda. Construyó casas capitulares, la acequia de "La Patria", un teatro, la iglesia Matriz y una pirámide conmemorativa de la Independencia. En 1847, encargó un reloj público a Inglaterra. Fue reelegido en 1849 y 1851. En 1852, enfrentó al coronel Juan Crisóstomo Alvarez, derrotándolo en El Manantial y fusilándolo en Rincón de Pajonal.
Firmó el Acta del Acuerdo de Gobernadores en 1852, pero fue destituido por la Legislatura de Tucumán debido a sus vínculos con Rosas. Con apoyo del gobernador de Catamarca, Pedro Segura, recuperó el poder en enero de 1853, pero fue derrotado en Arroyo del Rey en febrero de 1853 y huyó a Bolivia.
En Bolivia, publicó un folleto titulado Mi Vindicación en 1854. Regresó a Tucumán y fue ascendido a brigadier general en 1857. En 1861, invadió Tucumán junto a Octaviano Navarro y Aniceto Latorre, pero fue derrotado en Ceibal y Manantial de Marlopa en diciembre de 1861.
En 1862, junto a Chacho Peñaloza, invadió Tucumán, pero fue derrotado en el Río Colorado. Refugiado en Salta, encabezó un movimiento subversivo en 1863, pero fue capturado y liberado bajo fianza. En 1864, participó en la toma de Salta, pero fue derrotado y se rindió el 3 de junio.
En 1867, conspiró con el general Juan Sáa para derrocar al Gobierno Nacional con apoyo de Paraguay. Regresó a Tucumán y murió el 12 de agosto de 1880 en su finca Alderetes, recibiendo los sacramentos antes de morir. En Mi Vindicación, finalizaba: “...resignado en la adversidad, se dulcifica la amargura de mi proscripción, cuando con la vista hacia el pasado y puesta la mano sobre el corazón, puedo decir a la faz del mundo: “llené mi deber, cumplo ahora mi destino”.
Estaba casado con Fortunata Juárez Baviano con quien tuvo una hija, Zoila, que se casó con Ezequiel Colombres. Zoila murió en 1906.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...