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MUSIMUNDO Por qué alargar el juicio

Musimundo no devuelve lo que no es suyo

En el 2019 la empresa Musimundo tiene un celular, que no devuelve, tampoco entrega uno nuevo y alarga un juicio que ya perdió


A fines del 2018 mi mujer compró un teléfono celular a la empresa Musimundo, se descompuso, cuando fue a reclamar le quisieron cobrar para arreglarlo casi como uno nuevo. Es como que la acusaron de abrirlo, romperle una pieza y volverlo a cerrar. Fue a la oficina de Defensa del Consumidor a mediados del 2019, de ahí el trámite pasó a la justicia y sigue en los Tribunales, lento como piropo de tartamudo.
Cada seis meses o un poco más, el juicio pega un saltito de gorrión mientras afuera la vida camina a un paso mucho más rápido. Cuando el trámite comenzó todavía gobernaba el país Mauricio Macri, después vino Alberto Fernández y ahora está Javier Milei, es decir, la política cambió tres Presidentes, en el mismo lapso en que la Justicia no dijo todavía a un ciudadano común y corriente, si tiene razón o debe perder para siempre su teléfono celular. Porque, a todo esto, Musimundo jamás ofreció devolver el celular, eso que se le pagaron todas las cuotas de un bien que no quiso devolver.
¿Es un asunto ínfimo?
Pero, ¡claro que sí amigo! Es mínimo esto que se cuenta, pero quizás sirva para que otro usuario de celulares, el día que se le descomponga el suyo, no se le ocurra acudir a la Justicia, porque lo más probable será que tengan a su expediente durmiendo como celador de la escuela nocturna.
Después de que la Justicia de menor cuantía le dio la razón a mi señora, Musimundo apeló. Sí, apeló una sentencia por un celular, que bien tasado y nuevo, hoy le saldría unos 300 dólares, sabiendo que no tiene razón y que es imposible que se la den, porque en el hipotético caso de ganar, todavía les hará otro juicio, ¿Pregunta por qué?, porque todavía no le devolvieron el celular viejo, supuestamente lo tienen en el técnico. Pero como todos saben, al tiempo los aparatos viejos dejan de cumplir las mismas funciones, ya no les funcionan algunas aplicaciones. Es obvio que nadie quiere un aparato que, andando bien, a esta altura del partido ya no sirve para nada.
Frente de Musimundo en Santiago
Debería existir algún sistema, un mecanismo que impida a un abogado seguir llevando adelante cualquier juicio por minucias como la que se cuentan y que está evidentemente perdido. Y más todavía, ese sistema debería sancionar al abogado que quiere hacer que un juicio trepe hasta las más altas esferas del Poder Judicial, provocando un derroche de papeles y dinero a cientos de empleados, secretarios, fiscales, jueces que deberían ocupar su tiempo en asuntos más importantes.

Leer aquí otra nota sobre la misma empresa, Musimundo, que alarga innecesariamente un juicio

Para uno, que no sabe derecho, es como si la Justicia se hubiera puesto de acuerdo con la injusticia para esperar que el demandante o su abogado se aburran, se harten de tanto litigar diciendo lo mismo y dejen de hacerlo, para no tener que hacer justicia.
Dice mi mujer que les cuente a los abogados de la empresa Musimundo, que le tiene retenido de manera ilegal un bien que es de ella, que no va a renunciar a su derecho, que pagó todas las cuotas del celular, que no lo rompió ella, sino que algo le pasó al aparato y dejó de funcionar. Dice que dejen de chicanear, que no es manera de tratar a un cliente que confió en ellos y obró de buena fe.
Paguen y dejen de embromar.
Ya está de tanta joda, po.
Juan Manuel Aragón
A 17 de septiembre del 2024, camino a San Ramón. Hondeando charatas.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. “La ley es tela de araña/ en mi inorancia lo esplico./ No la tema el hombre rico,/ nunca la tema el que mande,/ pues la ruempe el bicho grande/ y sólo enrieda a los chicos.” (Martín Fierro, en 1982. Parece que seguimos igual).

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  2. Las apelaciones son un mensaje, no para el litigante, sino para el resto del público. El propósito es desalentar toda intención de reclamo por parte de los consumidores, mostrándoles que en caso de hacerlo se exponen a extensos litigios, a quedarse sin teléfono o producto en cuestión por largo tiempo, más el agravio por la situación. Al final la gente dice "bah....no vale la pena....nunca pasa nada y me perjudico más". Que es precisamente la reacción que este tipo de comerciante busca.
    Lo mismo hacen los gobiernos al imponer medidas anti-constitucionales como los encierros por el COVID, que terminaron matando mucha más gente, fundiendo empresas y afectando la salud psíquica de otros miles. Hoy hay numerosos juicios iniciados por esa causa, que eventualmente se ganarán luego de años, cuando la mayoria de los litigantes sebhaya muerto. Pero el mensaje ya está dado y el propósito ya se cumplió.

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