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1788 ALMANAQUE MUNDIAL Incendio

Incendio

El viernes 21 de marzo de 1788 a la 1 y media de la tarde, se incendia Nueva Orleáns, capital de la Luisiana española

El viernes 21 de marzo de 1788 a la 1 y media de la tarde, comenzó el incendio que devastó la ciudad de Nueva Orleáns, entonces capital de la Luisiana española. Empezó en la casa del tesorero militar Vicente José Núñez, en el 619 de la calle Chartres, en la esquina con la calle Toulouse, a solo una manzana de la Plaza de Armas, hoy conocida como Jackson Square.
Ese día era Viernes Santo, recordación religiosa significativa que llevó a los curas a oponerse al uso de las campanas como alarma contra incendios, lo que contribuyó a que el fuego se propagara sin la advertencia adecuada. El viento fuerte del sureste avivó las llamas, que se extendieron rápidamente por la ciudad. En menos de cinco horas, casi toda la ciudad quedó arrasada por el fuego.
El incendio destruyó 856 de las aproximadamente 1.100 estructuras existentes en Nueva Orleans en ese momento. Entre los edificios destruidos figuraban algunos de los más significativos del actual Barrio Francés, como la iglesia, edificios municipales, barracones militares, la armería y la cárcel. El gobernador de la época, Esteban Rodríguez Miró, reaccionó rápidamente estableciendo tiendas de campaña para alojar a las numerosas personas que se quedaron sin hogar debido al desastre.
El área afectada por el incendio se situaba entre la calle Dauphine y el río Misisipi, y entre la calle Conti al sur y la calle San Felipe al norte. Sin embargo, algunos edificios cerca del río Misisipi se salvaron, entre ellos la Casa de Aduanas, los almacenes de tabaco, el edificio de la Gobernación, el Hospital Real y el convento de las Ursulinas.
A raíz de este desastre, las autoridades coloniales pusieron en marcha medidas para prevenir futuros incendios. Decidieron sustituir las estructuras de madera por edificios de mampostería, con características como patios interiores, paredes de ladrillo gruesas, arcadas y balcones de hierro forjado. Esta transformación arquitectónica dio lugar a lo que hoy se conoce como el estilo arquitectónico del Barrio Francés, con influencias españolas que perduran hasta estos días. Entre las nuevas construcciones destacan las del centro de Nueva Orleans, alrededor de Jackson Square: la catedral de San Luis, el Cabildo y el Presbiterio. Estos proyectos arquitectónicos fueron supervisados y financiados en parte por Andrés Almonaster y Rojas, que murió antes de ver completadas sus obras.
A pesar de los esfuerzos por reconstruir y mejorar la resistencia de la ciudad frente a incendios, solo seis años después, el 8 de diciembre de 1794, otro Gran Incendio volvió a devastarla, destruyendo 212 edificios adicionales. Estos incendios recurrentes durante el periodo español no solo marcaron la ciudad con la pérdida de estructuras, sino que también fueron responsables de la casi total desaparición de su arquitectura colonial francesa, siendo reemplazada por la arquitectura colonial española.
El primer incendio de 1788 y el posterior de 1794 transformaron drásticamente el paisaje urbano de Nueva Orleans. La adopción de materiales de construcción más resistentes al fuego, como el ladrillo y el hierro forjado, influyó en la estética y la estructura de la ciudad hasta la actualidad. Estas reconstrucciones también reflejan la transición cultural de la influencia francesa a la española en la arquitectura local, creando una obra única en la arquitectura de Nueva Orleans que combina elementos de ambas culturas coloniales.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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