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RELIGIÓN En qué creen los santiagueños

El dique de Las Termas

En esta nota, los diez cuentos más difundidos en la provincia, explicados, comentados y debidamente desmentidos y puestos en evidencia, pase y lea


Hay dichos arraigados en la cultura popular. En este post, que también podría llamarse “hagamos pupa las leyendas, los mitos, las fábulas, los cuentos”, se desmontan algunas de las supersticiones más arraigadas entre los santiagueños, y se los deja de a pie. Algunas creencias tienen tanto arraigo que son una cuestión religiosa más que nada. Y si alguien se enoja, entonces la nota habrá cumplido su cometido.
1 “Santiago no es pobre, la han empobrecido, que no es lo mismo”. Esto sabían decir antes algunos, poniendo cara de intelijudos. Peo cualquiera se daba cuenta en ese momento de que estaba ante un pelotudo muy, pero muy importante. Si la consecuencia es la misma, ¿qué importan las diferencias semánticas para marcar si es adjetivo o verbo? Dicho de otra forma, si alguien pasa hambre, ¿le importarán las palabras con que se describe su situación o querrá conseguir comida? Gastaron la frase de tanto repetirla. Para peor, es mentira, pero es tema para otra ocasión.
2 “Los santiagueños cuando están lejos recuerdan con cariño el pago chico, los pies descalzos, las mujeres volviendo de la represa con el tacho de agua sobre la cabeza”. Ahá, que vuelvan al pago a caminar descalzos invierno y verano. Que manden a la señora a traer agua de media cuadra nomás, carpiendo los van a sacar. Además, ¿se acuerdan con cariño de la pobreza, las vinchucas, la mama caminando desde la represa para traer 10 litros de agua, las manos paspadas, el frío del aula en la escuela, los mocos helados, el guiso de todos los días, la chacra quemada por la sequía, el burro charcón, la perrada flaca, acarrear leña para cocinar y sume el chagas de los padres, algunos de sus hermanos y quizás él también? Mire que hay que ser masoquista, ¿no?
3 “Los santiagueños son tradicionalistas, ¿ha visto?”. Ahá, son tan tradicionalistas que a los chicos les chantan nombres extranjeros como Johnatan, Mariska, Flaminia, y los ya clásicos Jessica (Yesica), Jennifer (Llenifer o directamente “la Lleni”), Brian (Brayan), Dylan Thomas, Noah (con hache al final), Dayana. Otros siguen la modernísima tradición de mezclar letras al azar y si sale “Krindon”, “Langelle” o “Pertusto”, no tienen drama. Los fanáticos de los autos le ponen “Ford” o “Cabriolet”. Y no los llaman “Vino Tinto” o “Ginebra Llave”, porque sería mucho castigo, pobre niño. Eso sí, Juan, Pedro, Diego, Julio, Roberto, Ernesto, son más raros que moco en la oreja. Vengan, hablemén de tradiciones, los espero de a uno o todos juntos.
4 “El clima ha cambiado mucho en Santiago, ahora hay más humedad por el dique de Las Termas”. Cuando oiga eso pregunte siempre en qué datos se fijaron, qué registros consultaron, cuántos milímetros de agua de lluvia anuales creen que caen en Santiago, cuánto aumentó en los últimos años. Esa gente cree que el agua que se evapora del dique queda arriba de la provincia nomás, ningún viento la lleva para otro lado. Si siente más húmedo el tiempo, es porque está viejo amigo, ahora corre media cuadra y se agita, antes iba del Huaico Hondo al Ejército Argentino disparando, a ver la novia y ni la tos le daba. No es la humedad, es el paso del tiempo, amigo. Haga caso, deje de hablar sin saber.
5 “Ah, las mujeres de Santiago son las más lindas del mundo”. Lo dicen y me acuerdo de un diplomático soviético que había viajado mucho, hace varios años, a quien le preguntaron en una entrevista si las argentinas eran las mujeres más bellas. Dijo que no, que las rusas eran más lindas. Agregó que era un hombre serio y no iba a repetir el cliché de decir que las argentinas eran más lindas, luego repetir en Australia que las australianas son las mejores y así. “Pero eso dicen los cantantes que vienen a Buenos Aires”, replicó el conductor del programa. “Ellos buscan adular con algo fácil”, respondió el ruso, pero el otro no se avivó del insulto. Otra cosita más don, si un forastero alaba a las santiagueñas, es porque está mirando a su hermana o, peor, a su señora. Mejor cambie de conversación.
6 “A todos los santiagueños nos encanta el patay, el bolanchao, la algarroba”. No ha´i ser. Mire, en el mercado Armonía venden esos productos y otros más también. Si fuera cierto, las puesteras estarían podridas en plata. Y de vez en cuando, si les compran unito, casi siempre son turistas. Más de la mitad de los santiagueños, por no decir el 90 por ciento, jamás probó patay y si lo ha probado, no lo ha terminado. Es más, si le dan a elegir entre una hamburguesa de McDonald´s o 10 kilos de bolanchao, van por la hamburguesa como chancho a la batata.
7 “Los santiagueños amamos la naturaleza, el bosque, el monte, la ecología, esas cosas”. Si es así, diga por qué las calles de sus principales ciudades no tienen plantas grandes. No es solamente porque Rico McPato corta los árboles para sus cables de luz, los vecinos también tienen la culpa. ¿O no sabe que algunos cuando remodelan el frente de la casa, tumban el lapacho, el tarco, la tipa, el bracho, para que no tape su obra?, ¿nunca le dijeron que de las plantas que pone la municipalidad más de la mitad son cortadas al toque Y no son los marcianos los que vienen a hacer daño. Si usted se fija en la escasez de árboles en las ciudades, verá que el santiagueño odia el árbol.
8 “Carlos Arturo Juárez gobernó Santiago durante 50 años”. A esta la repite gente grande y todos dicen que sí, porque no saben. Fue gobernador del 49 al 51, del 73 al 76, del 83 al 87, del 95 al 99 y del 99 al 2001. En total fueron 16 años. Salvo la última vez, siempre llegó al poder desde el llano y con el gobierno de la provincia en contra. En el medio no gobernó él sino sus enemigos o contrincantes políticos. Ahora, si usted suma de otra forma avise.
9 “Los tucumanos nos robaron los ingenios azucareros”. Mire amigo, si planta caña en Santiago, de salir, le va a salir, nadie lo niega. El problema es que Tucumán, Salta y Jujuy tienen mejores tierras y clima más apto para este cultivo. Averigüe y va a ver que para la caña se necesita un suelo sin salitre y firme, además la planta no aguanta las heladas, y aquí solía haber al menos unas 20 por año. Por otra parte, los grandes vientos, como los que suelen correr en Santiago la tumban y chau caña, adiós azúcar y alfeñiques. Como en casi todo el mundo, la llegada del ferrocarril especializó las producciones de cada región. Pero si usted quiere creer en cuentitos trasnochados, meta nomás.
10 “Los santiagueños se casan puros ellos, entre primos”. Esta no es estrictamente una leyenda santiagueña: circula en otras provincias, sobre todo Tucumán y Catamarca. Tiene su explicación, hace unos 20 años, los grandes diarios santiagueños, la televisión, las radios, decidieron dejar de publicar noticias políticas y para compensar, apelaron al morbo de los lectores, publicando solamente violaciones, estupros, abusos deshonestos, destacándolas como si fuera lo único que sucede aquí. En las otras provincias leen —internet mediante— las noticias de Santiago y creen que lo único que hacemos por aquí es castear con las sobrinas.
Si usted tiene otras leyendas, fábulas y mitos santiagueños que sean falsos, aquí abajo hay lugar para que se explaye. Meta nomás, no tenga miedo.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc9 de julio de 2023 a las 8:07

    Los santiagueños amamos a los árboles, por eso desde chicos, cuando pasamos a la par de un retoño o debajo de uno que ya está crecido, cortamos un gajo y lo llevamos de recuerdo; después, por amor al mismo árbol, lo dejamos tirado en plena calle, para que eche raíces. También amamos a los pájaros y queremos lo mejor para ellos, por eso hay tantos pajaritos enjaulados. También amamos a los perros, por eso tenemos tantos que andan libremente por las calles. Sobre todo, amamos a nuestras ciudades, por eso las adornamos, con basura aunque sea, o con estupideces escritas en monumentos, paredes y otras obras costosas, pero las adornamos.

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  2. Es bueno repasar las falacias populares que supimos escuchar, cuando la gente solía conversar de bueyes perdidos. Entonces había que adornar el diálogo con una que otra frase que sonara "informada", o "virtuosa", aunque más no fuera. Era parte del folclore urbano y muchos se lo creían.
    Hoy hasta esa conversación trivial se ha perdido, reemplazada por gente "reenviando muchas veces" algún comentario o noticia falsa por su teléfono, y otros tecleando dibujitos, símbolos,
    deditos para arriba como respuesta.

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  3. Que bueno .. lindo para charlar ... Lo importante es .. como te sientes vos, ahora Santiagueño ... Y lo demás paradigmas , algunos me vuelvo sin pensar, Ni un segundo ... Y tapame con chacareras en la feria

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  4. Juárez fue un gran político. Pero, en el 73_76 y 83_87, llego al gobierno por mérito propio y también con la ayuda del oficialismo de Jensen Viano. Ambos tenían un origen común: La religión. Aunque Juárez se fue al Justicialismo, y el otro demonio cristiano.

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