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VISITAS Llegaron los vikingos

Los vikingos

Nunca había pasado por estos pagos ni el recuerdo de gente de otro lado, de pronto vinieron esos rubios que nos enseñaron las señales


Los vikingos llegaron un buen día cuando estábamos tranquilos, en nuestras cosas, sin esperarlos a ellos ni a nadie, porque por aquí jamás había pasado ni el recuerdo de gente de otro lado. Traían chafalonías que les cambiamos por cacharritos de barro, llaveritos, recuerdos para la familia, esas cosas. Preguntaron si teníamos oro, plata, piedras preciosas: les respondimos que aquí en Santiago se conocían de mentas, pero nunca habíamos tenido y, de última, para qué, si no teníamos a quién venderlo ni fiestas para usar esas cosas. Dijeron que se quedarían un tiempo y luego seguirían viaje.
Averiguamos si traían algo para enseñarnos, dijeron que lo único que podríamos aprender de ellos era un sistema para poner señales en los caminos. Nos hicieron entender primero qué eran caminos, porque no conocíamos. Luego tallaron un pie enorme en una piedra que había cerca del río, y lo hicieron mirar hacia las lejanas montañas que ahora llaman Aconquija, pero entonces no les decíamos de ninguna manera porque nunca íbamos a ir: no sabíamos qué había para cazar, qué sembraban allá, estaban muy lejos y para qué, mirá si los de ahí querían comernos o algo.
No les gustaron nuestras mujeres, eso que les ofrecimos las mejores. No quisieron a la viuda del jefe anterior, que pasaba fácilmente de los 120 kilos y nos tenía embobados con sus enormes pechos, su pie plano, su hermosa celulitis y sus quince hijos. Tampoco quisieron a la vieja mascadora de maíz, la encargada de fabricar chicha: le faltaban los dientes, lo que la hacía más hermosa todavía. Aquí todos la deseábamos, pero ellos la miraron con algo de aprensión, mire usté.
Dijeron que habían sentido hablar de chicas lindas en Brasil. Recordaron algo de Barra da Tijuca, Copacabana, Ipanema, Leblón- “Son playas”, explicaron, arena blanca al lado del mar. Pero seguíamos sin entenderlos.
—¿No conocen garotas? —preguntaron.
—¿Se comen?
—No.
—Entonces no.
Uno de esos rubios quiso saber sobre los días que habían pasado antes. Respondimos: “Lindo, lindo”. Pero querían averiguar qué habían hecho los padres de nuestros padres, quiénes eran, dónde habían muerto, en qué batallas habían participado, qué sembraban. Ahí nos dimos cuenta de que no sabíamos cómo decirles: en nuestro idioma no había palabras para ellos, porque pocos llegábamos a los 30 años.
—Aquí tomamos la precaución de morir antes, don.
—Por qué —consultaron.
—Por qué qué —les preguntamos también.
—Porqué se mueren tan jóvenes.
—Es que después de esa edad ya no vamos a hacer nada importante y le quitamos la comida de la boca a nuestros niños— respondimos.
Entonces le hallaron sentido a nuestra vida, dijeron que teníamos una linda filosofía y otras palabras más que no entendíamos, pero sonaban bonitas, porque eran difíciles.
Nunca los olvidamos, por muchos años recordamos su pelo amarillo y la vestimenta ridícula, unos cascos con astas, cueros con mucho pelo en todo el cuerpo, dibujos en la piel, un dioma incomprensible. Además, no se bañaban, suponían que el agua les quitaría fuerza para pelear, mire usted. Tenían una baranda, que ¡mamita querida!, pensamos que tal vez vinieran de París, donde dicen que nadie se baña nunca, pero quién sabe.

Leer más: Breve vocabulario con las palabras más usadas por los santiagueños y que pueden causar extrañeza o perplejidad entre los visitantes

Luego llegaron los españoles. Hicimos como que era la primera vez que veíamos a alguien del otro lado del mundo. Y años más tarde, cuando nos avisaron que ya era santo ese Francisco Sánchez Solano Jiménez que nos había embobado tocando el violín y hablando de predicciones y haciendo milagros, nos pusimos de acuerdo para decir que la piedra que tallaron los rubios era su vero rastro, su pisada, como quien dice.
Y nos seguimos haciendo los de creerlo. Hasta la fecha.
©Juan Manuel Aragón
A 23 de noviembre del 2023, en el Pozo del Castaño. Abriendo una picada

Comentarios

  1. Muy bueno Juan, un cacho de cultura no viene mal. 😃😃

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  2. Vinieron antes del Ragnarok. Ñaaa... Tá güeno...

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