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ESTIPENDIO Sueldo, dieta, honorario

Asamblea constituyente francesa

La sabiduría de quienes redactaron la Constitución Nacional y de algunas provincias, que tenían una idea clara de lo que querían


El presidente de la Unión Cívica Radical, partido prestigioso si los hay, un tal Martín Lousteau, ha dicho hace unos días: “No me parece bien que el sueldo de un senador sea el inicial de un cajero de un banco”. Es una declaración que en otro momento de la Argentina hubiera suscitado un repudio generalizado, pero, dado el estado general de la educación, pasa desapercibido. Esta nota intentará explicar a ese Lousteau, de qué va la cosa.
Los senadores, diputados, concejales no tienen sueldo, tienen una dieta. Que es, según una de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española de Letras, el honorario que un juez u otro funcionario devenga cada día mientras dura la comisión que se le confía fuera de su residencia oficial. Al estar lejos de su lugar de residencia habitual, es lógico que cada diputado cobre un estipendio para ir al lugar en que hará su trabajo.
La lógica constitucional sostiene que es lo único que se les debe. En lo demás, el que era comerciante antes de ser electo legislador, si quiere seguirá siendo comerciante, el que era médico podrá seguir ejerciendo la medicina y así todos. No tiene ningún impedimento para dedicarse a su trabajo como mejor le parezca, salvo, claro, casos excepcionales, como que un abogado no podrá serlo en un juicio contra la legislatura de la que es miembro, el carpintero no debería fabricar las bancas en que se sentará. La ciudadanía eligió con su voto, a un vecino, el que consideró el mejor de todos, para que la represente y sea el responsable de sancionar las leyes y normas que la regirán.
Con esa palabra “dieta”, muchas legislaturas del mundo han bajado los humos de los futuros representantes del pueblo o de las provincias, diciéndoles: “Ojito, vos cobras por el tiempo que pierdes legislando: se te paga el viaje, el hotel, la comida y no pidas más, porque sos un servidor del pueblo, no un mandamás ni su amo, sólo su sirviente”.
¿Y el lucro cesante?, preguntará alguno. Eso debió entrar en tus cálculos cuando te dedicaste a esto, le responderán. Porque tampoco querrás cobrar las horas que militaste en un partido sin ningún cargo oficial, los días pasados en el comité, en la unidad básica, en la casa del pueblo ni las horas de rosca ni las madrugadas discutiendo el sagrado destino de la Patria y de su pueblo ni el tiempo que empleaste pintando paredes, repartiendo panfletos. Ese tiempo debes ponerlo en el haber de lo que has hecho en la vida porque te gustaba nomás, sin ánimo de lucro, porque eso es la política.
Si sos diputado o senador el día de mañana, sería más o menos lo mismo que si te eligieran vocal de un club de fútbol, lo harás por el amor a la institución. Una suposición, si la Comisión Directiva te pide que vayas a Buenos Aires a comprar botines para los jugadores y no tienes plata, podrías cobrarle el pasaje en el Urquiza, la habitación de un hotel tres estrellas y la comida en un bodegón de los tantos que hay allá. Pero si amas tu club y algún día quieres ser su Presidente, te harás hilacha, pero te pagarás todo vos, así los demás saben de tu sacrificio y el amor que sientes por la camiseta.
Dicen algunos que la dieta se paga para igualar las posibilidades de los legisladores, porque algunos tienen mucho dinero y pueden hacer política con más holgura que otros, que quizás tienen mejores ideas, pero menos plata. Es cierto, pero sólo en parte. Si el diputado A gana 20 millones de pesos por mes como dieta y la verdulería le deja tres millones, en total tendrá 23 millones por mes. Pero si el diputado B también gana 20 millones de pesos mensuales, pero tiene una fortuna calculada en 300 millones de dólares, seguirá habiendo la misma distancia entre uno y otro, les paguen lo que les paguen. Y siempre habrá una diferencia insalvable entre ambos. ¿Es injusto que la política sea así?, es injusto, pero no hay cómo remediarlo. De última, antes de meterte en política alguien debiera haberte advertido que la democracia es un sistema que se mantiene gracias al dinero, lo mismo que los clubes, obviamente.
Pero, si en vez de pedir que traten de igualarlo falsamente con el diputado rico, A renuncia al dinero que le corresponde (renuncia, no lo dona, porque si lo dona lo cobró y puede hacer con él lo que le de la gana), siempre tendrá el reconocimiento de la sociedad, pues la ciudadanía advirtió, cómo pudiendo aumentarse sus estipendios, prefirió seguir siendo el mismo hijo de vecino pobre que era antes de que lo eligieran. Quizás eso juegue a su favor, quizás no, porque, ya se dijo, la vida es, en el fondo, un sistema de relaciones intrínseca y esencialmente injusto.
En la historia, los diputados fueron el primer control de los gastos que tuvieron los reyes de la antigüedad. Por eso, en la Argentina, el Proyecto de Presupuesto entra por la Cámara de quienes representan al pueblo de la Nación para que lo consideren. Dentro de ciertos límites, tienen la facultad de tachar o agregar lo que les parezca, pueden determinar si se gastará más en hospitales que en escuelas, en aviones, medicamentos, cañones. Es decir, si pueden lo más, ¿por qué no podrían fijarse también sus exiguas dietas?
Por otra parte, los legisladores fueron sabios pues la dieta termina con la posibilidad de que la política se convierta en una profesión rentada y siga siendo siempre el resultado de la inquietud de todos y cada uno de los ciudadanos por tender al bien común. Los ciudadanos deberíamos bregar todos los días para que la disposición de los constituyentes, que estableció dietas y no sueldos para los representantes del pueblo, siga siendo una realidad en la letra y el espíritu de las leyes y normas que regulan el funcionamiento de las legislaturas provinciales y la nacional. De esa manera el sistema político de la Argentina seguirá siendo el de una Nación representativa, republicana y federal, como quieren sus habitantes.
Báh, es posible que, dado que el presidente Javier Milei sostiene que quien fuga dólares de la Argentina, perjudicando al pueblo “es un héroe”, en una de esas lo de Lousteau sea una pavada, ¿no cree?
Juan Manuel Aragón
A 21 de abril del 2024, en Rincón Grande. Carneando un lechón.
©Ramírez de Velasco


Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc21 de abril de 2024 a las 8:28

    Clarísimo. La realidad argentina: Parece que los legisladores quieren dieta para engordar... los bolsillos.

    ResponderEliminar
  2. Creo que este es otro de los temas que requieren de un análisis algo más sofisticado que el simple planteo de argumentos emocionales.
    En primer lugar, la letra de la constitución fue copiada de la constitución de Estados Unidos (hasta el preámbulo nos copiamos), por lo que el análisis de lo que constituye una "dieta" debe hacerse en el contexto de lo que en ese caso se consideró válido y razonable para la época.
    En la época de la constitución (la de USA y la nuestra), el 90% de la población era productor rural o estaba empleado o en actividades rurales, y la mayoría de los representantes (salvo los que eran sacerdotes), tenían sus campos funcionando y atendidos por mano de obra esclava, que era lo común en esas épocas. En ese contexto, llegarse a la ciudad a sesionar ameritaba que se asignara solo una dieta (viáticos), porque todos vivían de una actividad que podían dejar de atender por unos días.
    Esa situación ha variado diametralmente en la actualidad, con solo el 3% de la población trabajando en el campo y el resto desempeñando actividades remuneradas en las ciudades. Esto requiere que un legislador se dedique a esa actividad a tiempo completo (al menos es lo que se debería exigir). Pienso que es ahí donde habría que implementar cambios, estableciendo exigencias de productividad, como en cualquier servicio remunerado. Así es como se debería exigir una cierta formación, capacidad y trayectoria (tampoco se podía exigir eso en el 1700), una presencia en sesiones, presentación e impulsión de proyectos de ley, participación en comités específicos, además de limitaciones en otras "regalías" como exención de impuestos, no. de asesores, gratuidades y otros.
    Uno de los principales problemas de la constitución argentina es principalmente "lo que se modificó" de la de USA. La fundamental diferencia es precisamente que mientras en USA cada uno se consigue su voto golpeando puertas y haciendo campaña en sus distritos, en la Argentina se ha eliminado la elección directa de legisladores, que hoy nadie elige porque van en una sábana que armó el partido o el gobernador. Es así como cada legislador debe su asiento, y su obediencia al partido o al gobernador de turno que lo puso en la sábana, y no a los ciudadanos, cuyos intereses supuestamente debe representar.
    Es por eso que un legislador es carísimo, no por lo que cobra, sino porque el propósito de su existencia se ha distorsionado completamente.
    El sometimiento del legislativo al ejecutivo ha llegado a tal punto de naturalización, que he llegado a escuchar programas de noticias el día después de elecciones, en las que un periodista anuncia que "tal gobernador ganó 4 disputados". También por eso hoy un legislador es carísimo.
    Finalmente se debe entender, en el hipotético caso de un legislador que cumpla con sus funciones y realmente represente a sus ciudadanos, que no es posible desatender una profesión por 2, 4 u 8 años e intentar retomarla con el mismo resultado, a menos que haya sido un empleado del estado con retención de cargo (lo que es aún más caro para la sociedad). Un médico, un abogado, un ingeniero, un contador, un mecánico, un chofer, un sereno, o cualquier persona con una actividad privada que requiera la atención personal a una clientela, no podría seguir teniendo ingresos propios durante la función legislativa, no podría vivir de una dieta, y jamás podría retomar su profesión en las mismas condiciones luego de servir por algunos años como legislador. Se podrá decir que "...y bueno....si no les conviene que no se metan....", pero eso definitivamente puede privar a los ciudadanos de gente capaz y dispuesta a servir que tenga los méritos para hacer bien al país.
    Como se puede ver, la realidad es bastante más compleja que lo que solo el sentimiento y la animosidad aparentan mostrar, por lo que el tema requiere de un análisis bastante más sofisticado.

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