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NIÑA El amor y su circunstancia

Jugando en el hamaqueador, de Hugo Argañarás,

Un cuento que es muchos cuentos a la vez, una mentira que es muchas verdades desperdigadas en Santiago, ciudad de pobres corazones

Llegó a Santiago arrastrando sus manos de niña morena, el rostro sorprendido de ver tanta gente, una bolsa de plástico en la que cabía toda su ropa, el vestido planchado, las alpargatas prolijas, recién compradas. Entró a trabajar a la casa de una familia de esas que antes decían que eran “bien”, aunque nadie nunca aclarara bien qué. Aseguraron a sus padres que no faltaría a la escuela. “Aunque sea a la noche la mandamos”, dijeron los patrones una tarde, allá en el pago, cuando la fueron a buscar.
La historia es archiconocida y duele repetirla, pero hay que hacerlo de vez en cuando, más que nada por una cuestión de higiene del cerebro, del cerebelo, del bulbo raquídeo, de todo el cuerpo. De vez en cuando vale repetirla, sobre todo para tener conciencia de todo lo que hemos pasado, de dónde venimos, por qué somos como somos.
La mandaron a la escuela, pero al segundo día no quiso ir más porque no entendía qué pasaba en sus aulas, tan distintas a las de la escuelita del pago, en la que conocía a todos sus compañeros. Le parecieron un horror esos otros chicos tan malhablados, tan guarangos, tan gritones.
Aprendió a cocinar, a usar el lavarropas y a lavar a mano la ropa de color, a planchar los cuellos como le gustaban al señor, a lavar los pisos, a limpiar el baño, a hacer las compras y a soportar las miradas de la patrona cuando le decía: “¿Sólo esto te han dado de vuelto?, ¿no te habrás quedado con algo vos?”. También aprendió a hacer el desayuno a los hijos de los patrones, a coserles la ropa, a juntarles los juguetes que dejaban tirados por toda la casa. Al más chiquito le ataba las zapatillas todos los días, también y lo vestía, lo peinaba y hasta le hacía un jopo, para que fuera más lindo.
Durante años vio henchirse a la familia. En un momento llegó a creer que podría ser una más de ellos: se alegraba cuando al patrón le salía otro trabajo, si a los chicos andaban bien en la escuela lo sentía como un triunfo propio, si aprobaban sus exámenes de inglés en Asicana creía que había aprobado ella. Se ponía mal cuando la patrona lloraba porque le había crecido una arruga nueva, y se veía vieja y creía que el patrón no la querría más y se conseguiría otra por ahí: “Vos no sabes lo que son las mujeres, hoy en día”, decía y ella se quedaba callada, seria, mirándola, haciéndose la de no entender.


Cuando algún fin de semana le daban permiso, regresaba a su casa en la combi, allá lejos, perdida en medio de bosques demolidos sin remedio, en el desamparo del viento norte y las lluvias que año a año se hacen esperar. La esperaban el padre, la madre, los hermanos que todavía no se habían ido a Buenos Aires a quienes narraba las novedades de la ciudad y maravillaba con algunas cuentas de colores y espejitos que llevaba de regalo, chucherías, caramelos, chupetines, galletas de sabores nunca percibidos. Nunca una queja, siempre diciendo: “Me va bien”, “me tratan bien”, “son buenos conmigo”, “la señora es hermosa”, los chicos me quieren mucho”, “siempre les hablo de ustedes”. Todas mentiras.
En la ciudad, a veces cree que nadie la oye, entonces llora una pena oscura, con el rostro de un hombre pesado, subiéndose encima, respirando fuerte, con la urgencia de jugar a las escondidas, prodigándole sonrisitas disimuladas, con el rostro de cojudo viejo y odioso. Mientras la dueña de casa se encrema la cara hasta parecer una momia, bien tarde, cuando la luna besa el paraíso en que duermen las gallinas allá en el pago, y la esperanza huye del pavimento en la calle del barrio, el patrón le regala palabritas de un amor de circunstancias, más falso que patada de víbora. 
Lavida le raspa.
Juan Manuel Aragón
A 7 de diciembre del 2024, en el barrio Las Catalinas. Tomando un café.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Muchas gracias estimado Amigo por acompañar con una de mis pinturas, tu interesante relato. Muy agradecido.
    Hugo Argañarás

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