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LITERATURA El sillón de febrero, el grillo, el alba y los ceibos

Luis Landriscina

“Uno del montón que escribe más o menos lo que se espera de él, ni muy muy ni tan tan”
(Al Nene Pons).


“En el sillón de febrero se está hamacando el verano”, dice Luis Landriscina en su poema “Por tantearlo, nada más” y uno se queda pensando en esos dos octosílabos. Capaz que ya se han hecho graves estudios para averiguar qué tenía en la cabeza el vate y cuentista chaqueño cuando escribió esos versos. Digamos lo mismo de Atahualpa Yupanqui al cantar “un grillo feliz llenaba su canto de azul y enero”. Decir eso es embramar con cuatro vueltas de lazo una metáfora y ponerle palabras sencillas, que entienden todos. Y viene la santiagueña (no bandeña), María Adela Agudo y al poema “Para tu voz” lo comienza con “Entre el alba y los ceibos amo tu voz interminable; resalada, resinosa, de elemental aroma”. Y parece que sus palabras se deslizan por la garganta, cascadas de letras diciendo lo indecible en unas pocas letras.
Casi siempre cuando me dicen escritor, tengo miedo de que la gente suponga que me creo uno de estos monstruos de la literatura y digo: “Nomás soy periodista, hasta ahí llego”. Porque después, si cualquiera agarra mis textos y lee, verá que no llego a las alturas de estos escritores ni de tantos otros que son y han sido en la Santiago o la Argentina.
Como cuando uno viene y dice: “Soy bailarín” y uno enseguida piensa en Rudolf Nuréyev, en Juan Saavedra o Santiago Ayala, el Chúcaro. Y cuando lo ve bailar, observa que es bueno, sí, larga pasos un poquito complicados, pero como los haría cualquier otro en una celebración del Club de Maestros, de la Pedro León Gallo, pasando la Aguirre. Correcto el pase, digamos, sin ser Messi, Maradona, Pablo Díaz o Chaca Carabajal. Ahí nomás, baila bien y pare de contar.
Bueno, ese soy yo. Sin falsa modestia, ¿eh? Correcto el pase. Uno del montón que escribe más o menos lo que se espera de él, ni muy muy ni tan tan, para que nos vamos a mentir a esta hora de la chipaqueada. Lo único que tengo y hasta por ahí nomás, es culo. Lo apoyo todos los días contra la silla y escribo estas diarias crónicas desde el año 99. Hace 23 años que fatigo a los amigos con mis macanitas.
Saco cuentas y 23 por 365 son 8.395 notejas, desperdigadas en dos diarios de papel, tres blogs y media docena de otros sitios de internet. Bueno, tal vez un poco menos, pongamos 8.000 mil notas de las que se podrían rescatar, con suerte y viento a favor, media docena de páginas más o menos inspiradas. El resto, para el olvido y me quedo corto.
¿Por qué sigo?, porque me pagan algunos amigos generosos. También porque me esfuerzo todos los días, aunque ya sé que nunca voy a escribir “un grillo feliz llenaba”, etcétera. Quizás viviendo cinco o seis vidas, al final se me ocurre algo parecido para conmover el alma de alguno. Y aún así, tendría que ponerme a aprender guitarra para sacar acordes originales y bellos, conseguir la gracia de Landriscina o la magia de las palabras de María Adela.
En Santiago hay o hubo un escritor para cada tiempo. Nunca fue el mío, y como van las cosas, ya no lo habrá. No lo digo para que usted responda: “Por qué te tiras abajo así, vos sos bueno”. Es simplemente la constatación de un hecho, así como cualquiera sabe que su auto no es una Ferrari, que su novia no es Pampita y que su casa no es el castillo de Windsor, sé que estoy ahí, navegando en la mas trivial de las mediocridades. Un Antonio Salieri, como el de la película, que admira a los Mozart, los reconoce, se saca el sombrero ante su genialidad, pero ahí termina su relación.
Uno de estos días se me podría ocurrir una gran novela santiagueña, con la que podría escapar de la medianía que me asfixia. Pero también es previsible que me muera antes de intentarlo siquiera y eso nomás va a ser todo.
Hasta mañana.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Que bueno y que sencillo lo pones en palabras....
    Estoy mononeuronal hoy pero no hay que compararse creo yo.
    Uno es uno y no depende de lo externo .esta sociedad está enferma de marcas de lo inmediato y los valores cambiaron...gracias Juan
    Arq lopez ramos

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  2. Hay sinceridad y sentimientos en tus palabras. Y eso vale. Y mucho

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