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FÚTBOL Corrección política

La adoración del perro, según Grok

Si un jugador de fútbol, patea a un perro para que salga de la cancha, quizás no juegue nunca más un partido

Hay un partido de fútbol más o menos importante. Lo pasan por la televisión, algo no tan inusual ahora que cualquiera tiene una camarita. De repente entra a la cancha un perro. Al principio no molesta, pero después obliga a suspender las acciones. Entran auxiliares del estadio y lo persiguen, pero sigue en la cancha. Entonces el perro pasa frente a un jugador que de una patada lo hace salir volando.
Uy, la que se arma. Interviene la sociedad protectora de animales, quieren que el tipo pida perdón públicamente, acaba de cometer un sacrilegio, ¡le pegó una patada a un perro callejero! Los lectores del diario comarcano le escriben preguntando por qué no han suspendido de por vida al jugador. Repudian al equipo, ya que están. Al final el futbolista se presenta en la televisión y pide disculpas, con cara muy seria, parece preocupado, dice que obró mal. Explica que fue un momento de furia, dice que el perro no tiene la culpa, que en realidad el animal es él y asegura que no repetirá esa cruel acción. Pero los televidentes insisten con que es un mal tipo, las sociedades protectoras de los animalitos lo tienen por un Satanás de lo último y vuelven a pedir que nunca más entre a una cancha. El entrenador opta por no hacerlo jugar hasta el final del campeonato.
Hay otro partido de fútbol filmado por cientos de cámaras de televisión. Juegan dos grandes seleccionados nacionales. Decenas de miles de espectadores siguen cada jugada con atención. De repente un jugador le pega a otro por detrás, en una acción que clama venganza, los demás jugadores se trenzan en una pelea. Luego se agregan los técnicos, los utileros, los suplentes, que llegan corriendo desde el banco. Hay una batalla en el campo de juego, a manotazo limpio, patadas voladoras, trompadas, gritos.
Los jugadores han dado un mal ejemplo gravísimo, sobre todo a los jóvenes que los estaban mirando por la tele o de cuerpo presente en el estadio. Se han pegado entre ellos por un deporte, es decir por algo en que —por definición —no importa por el resultado sino solamente por la diversión.
Pasado el partido nadie les pide que se reconcilien ni que digan que están arrepentidos. Poniendo cara de guapo, uno de los futbolistas dice “lo que pasa en la cancha se arregla en la cancha”, mientras los periodistas le piden que explique quién empezó la pelea, qué se decían, si es cierto que uno lo insultó de la madre o de la hermana a otro. Entre los cronistas, la afición, la gente común no se alza una sola voz para exigirles que pidan perdón por el mal ejemplo que acaban de dar a la juventud. De última, que dé la cara el que pegó a un prójimo por la espalda, alevosa y cobardemente, el que lo ha upallao.
Si algún periodista dijera que lo que hicieron es como para suspenderles el carnet de jugadores de por vida, para siempre jamás, la sociedad tildaría a ese cronista, de no comprender cómo se mueve el mundo. “No conoce los códigos del mundo del fútbol”, le dirán. Es un nazi, dirán otros, cómo se le ocurre suspender a un equipo para que pague por el pequeño gesto de uno de sus integrantes, de pegar salvajemente y por detrás a otro. Seguramente quien pidió eso es alguien que no conoce las normas más elementales de un deporte que es maravilloso.
¿Ha visto?, cuando dicen que hay que ser políticamente correcto, dan ganas de vomitar.
Juan Manuel Aragón
El primero de febrero del 2025, en Manogasta. Oyendo una vidala.
Ramírez de Velasco®

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