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CONSTELACIÓN El León, fuente de sabiduría

Constelación del León

En esta narración se intenta mostrar cómo es que la humanidad empezó a estudiarse a sí misma, pero mirando hacia arriba

El hombre pensaba que de haber tenido un hijo varón, algunas noches lo habría llevado hasta el fondo de la casa a mirar las estrellas para mostrarle que a la constelación del León se la ve con las patas para arriba, la cabeza a la izquierda y la cola a la derecha.
En esta figura se veía al león de Nemea, llevado al cielo con Hércules, su matador. Persas, turcos, sirios, judíos, babilonios, egipcios y árabes vieron ahí un león y si observas un rato, hijo mío, también lo notarás —le diría, ya entusiasmado con su relato.
Le contaría que antes de tomar contacto con los griegos el león de los árabes era mucho mayor, llegaba desde los Gemelos hasta la Balanza. Los chinos lo adoptaron recién en el siglo XVI, pues antes veían en ese lugar un caballo y un pájaro colorado. Los egipcios relacionaron la entrada del Sol en el León con las crecientes del Nilo y lo vinculaban con que en esa época los leones abandonaban el desierto buscando el fresco de las orillas del río.
Los objetos celestiales no son un conjunto de astros que vuelan al azar por las noches, sino un sistema perfecto, necesario para el conocimiento del mundo. Desde las antiguas civilizaciones, todos los pueblos del mundo han intentado descifrarlos, sabiendo que su comprensión los llevaría, no solamente al primer espíritu de los dioses, sino también al entendimiento del alma del prójimo.
Mal usado, el entendimiento antiguo podría haber servido para el gentil y malhadado oficio de persuadir a la grey con promesas de Edén, mientras se navega en círculos y se disputa, con galante verbo, quién ha de blandir el gobernalle. Los políticos, báh.
Aprovecharía que su chango está en la edad en que todo lo que le dicen los mayores le queda grabado, para narrarle que el León es el signo de Judá, según puede verse en el Génesis y en el Apocalipsis; en la Edad Media se lo vinculó con los leones de Daniel. El Sol se ponía rabioso y ardiente como un león. Los astrólogos antiguos, que llevaban sobre sus cabezas la responsabilidad de la sabiduría, lo vinculaban con subversiones y muerte de grandes hombres, algo que fueron comprobando durante centurias, durante la infancia de la historia. Y era un signo de fuego, como lo sabe hoy cualquier adivina moderna, tiradora de cartas, bruja de feria, redactora de horóscopos y otras lechuzas afines.
Después de mirar el cielo un rato, padre e hijo volverían a la casa antes de que su madre se comenzara a afligir porque puede haber arañas en la plaza. El muchacho estaría contento porque habría aprendido algo más de las cuestiones del Cielo. Y el padre también, porque habría seguido llenando su cabeza de conocimientos inútiles, los únicos que valen, a fin de cuentas.
Juan Manuel Aragón
A 24 de junio del 2025, Navidad de San Juan, en el barrio Centenario. Esperando el 19.
Ramírez de Velasco®

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