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TRABAJO A modo de currículum

Condenado a esas teclas

“Si es como jefe, estoy capacitado para cualquier empresa, desde fábricas de tornillos, jabones, lámparas Radiosol, automotores, mesas de luz”


Redacto notas periodísticas, pedidos para la verdulería, cartas de amor, de despedida, de despecho, pidiendo la mano, haciéndose perdonar por no haber acudido a una cita, pidiendo disculpas por no haber hecho la entrega a tiempo, solicitando permiso para salir con la hija.
Entrevisto a personas reales, imaginarias, superhéroes o dibujitos animados, actuales o de la historia más remota, con preguntas complacientes o con mala leche, con grabador, tomando notas o de memoria, con urgencias distintas: para la semana que viene, para ya mismo o para anteayer.
Escribo editoriales a favor o en contra de lo que pida el cliente, largas o cortas, de este o del otro lado de la grieta, para federales mazorqueros asesinos o perros unitarios liberales, en favor o en contra de la democracia, Nuestro Señor Jesucristo, la guerra, el hambre y las ganas de comer, la culpa de la Municipalidad por los baches en las calles o el descuido ciudadano en las veredas, el Papa, obvio, tan de moda que está hablar mal o bien de él y sobre el imperio norteamericano, la Guerra de Ucrania o la de los Cien Años, día por día, la Paz de Westfalia, la Pax Romana, La Paz, Bolivia o la paz os dejo, la paz os doy (besitos, besitos, muá, muá, qué fácil que había sabido ser, che).
Opino sobre lo que sé, pero más me gusta escribir sobre lo que no sé, sobre lo que ignoro, sean temas científicos, intelectuales, deportivos, medicina, etimología, flores de Bach, perros rabiosos, sombreros de copa, hormigas bravas, el proxenetismo en la corte del Rey Arturo, termos Lumilagro, corte y confección, las “ranas toro”, comestibles, la tabla de los elementos periódicos, la tabla de logaritmos, la tabla de planchar, la tabla rasa y la dificilísima tabla del 7.
Me considero capaz de trabajar en equipo, acatando decisiones de la mayoría, consensuando las galletitas dulces o saladas de la merienda y también gambeteo solito, sin dar pases ni mirar a los costados, puedo integrar grupos de trabajo constituidos o a constituirse o mandarme a mudar oportuna o inoportunamente.
Puedo ser proactivo (signifique lo que significare “proactivo”) o un viejo perro de oficina pública que a toda solución le halla un problema, todo depende de la cara del cliente y de lo que esté dispuesto a pagar.
Pretendo cobrar muchísimo, como todos los que se postulan para cualquier puesto de trabajo en el ancho mundo, pero si me ofrecen mucho menos que poco, por ahí agarro porque me gusta la partida o ando con muchas deudas o es invierno y en la fría estepa siberiana los lobos aúllan de hambre. Y dentro de casa también.
Si alguien me necesita como gerente, mejor. Esos tipos no hacen nada y tienen una secretaria que a uno lo hacen esperar o volver mañana porque ahora está en una reunión o ha salido o tiene la agenda completa. Si lo atienden le dicen que van a estudiar el asunto o lo consultarán más arriba, “porque eso escapa a mis posibilidades” y “aguarde novedades, nosotros le avisaremos”. Uno sale de ahí feliz, le comenta a la señora: “Hoy hablé con el señor Fernández, dice que nos conseguirá el dinero para hacer arreglar el techo, a ver si nos dejamos de mojar cada vez que llueve” y el otro se olvidó de uno, del pedido, de la cara de uno, a los 30 segundos.
Si es como jefe, estoy capacitado para cualquier empresa, desde fábricas de tornillos, jabones, lámparas Radiosol, automotores, mesas de luz, criaderos de pollos, chanchos o monos de organito, pasando por tornerías, peluquerías, estaciones de servicio o subsidiarias de importantes empresas multinacionales, lomiterías, talleres mecánicos. Es una verdad absoluta: el que sabe, sabe y al que no sabe lo ponen arriba para que controle todo (tanto los hemos sufrido, diciéndonos en la perra cara: “No sé nada de diarios, pero me considero un buen lector, coleando en las confiterías”, justificando así el puesto de Jefe de Redacción con poderes omnímodos, y no sabían ni teclear a máquina, que una vez en la vida quisiera ser amigo del dueño y no indio de una sola pluma).
Estas notitas sueltas, las efemérides, los libros publicados, las notas que salieron en todos los diarios de Santiago, en alguno de Tucumán, Salta, Jujuy, avalan mi inutilidad para dedicarme a cualquier otra cosa que no tenga que ver con darle duro y duro y más duro a las letras de la computadora, encadenado a 27 caracteres que no dejan de molestarme en la cabeza hasta que los acomodo aquí por el puro gusto de cavilar sobre otras cosas y que me dejen de dar vueltas con su insistencia. El hombrecito de los pensamientos perdidos no me abandona nunca, siempre me martilla: “Mañana escribí sobre tal cosa”.
Le voy a hacer caso hasta que me muera o se me agarroten los dedos. Lo que pase primero.
Saludos, amigos.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Me pareció muy ingenioso. Te faltó ofrecerte para gerente de vestíbulo, (o de una palabreja que rima )

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