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DENGUE No me moleste mosquito*

Mosquito del dengue

Ahora que el dengue ha llegado con ganas a lo que fuera la capital de los argentinos**, recién se convirtió en un problema para el periodismo porteño


Era sabido, hasta que no llegara el dengue a Buenos Aires no iba a ser un problema sanitario serio. Ahora que se instaló en la que fuera la capital de los argentinos, recién se comenzaron a preocupar las autoridades y los grandes diarios. Mientras, era un drama lejano, del país tropical que ignoran prolijamente todos los días.
Bicho jodido, el mosquito del dengue nace, crece, se desarrolla y muere en su casa, doña y sale por el patio a picar a los vecinos. Si un vecino tiene la enfermedad, cuando vuelve a su casa, luego de haberle sacado sangre, viene con el virus. Sólo falta que lo pique a usted para seguir expandiéndose, pasando a la casa del vecino del otro lado.
Es el mosquito garronero de la mañana después de aclarar, o de las tardes, cuando pasa la hora del mate. Más pequeño que el de las noches, sin embargo, pica varias veces, no como el otro, que engorda de sangre y se manda a mudar. Este tiene rayas amarillas, aclaran los que saben, como si uno tuviera buena vista como para analizarlo.
¿Cómo saber si le agarró la peste?, por los síntomas, amigo. Los médicos dicen que dan náuseas y vómitos, aparece el sarpullido (también llamado salpudillo) molestias y dolores en ojos, músculos, articulaciones y huesos. Si además tuvo estos síntomas de 2 a 7 días, pongalé la firma, tuvo dengue.
Para los diarios porteños, al menos hasta el año pasado, era un tema ajeno, como si se enfermara la gente del África o de alguno de esos países de América Central, allá lejos. Y era aquí, amigos, donde ya estaba y se convirtió en un mal endémico. Era como esas historias que se cuentan, del tipo que mientras no le pasaba a él, no había problema.
En los casos más graves, con shocks y hemorragias internas, los síntomas son dolor o sensibilidad en el estómago, por lo menos tres vómitos por día, sangra la nariz y las encías, hay sangre en las heces o en los vómitos y una constante sensación de cansancio, inquietud o irritabilidad. En cualquier caso, leve o grave, lo más recomendable es consultar a un médico.
Los médicos del norte tuvieron que aprender sobre esta enfermedad a las apuradas, a medida que aumentaban los casos: se fueron pasando la información unos a otros. Lo mismo los pacientes, uno que había tenido alertaba a otro que presentaba síntomas parecidos y le advertía: “Ojo, vete al médico, puede ser dengue”.
La prensa de Buenos Aires no alertó sobre la enfermedad de forma tan extendida como ahora, porque era un problema, ¿ya se dijo?, de gente que no es parte de la Argentina, habla raro, suele tener la piel oscura y sus gobernantes no se manejan a golpe de encuestas para saber qué quieren sus votantes en cada momento.
Ahora saben que hay cinco serotipos del virus dengue: DEN_1, DEN_2, DEN_3 y DEN_4. El DEN_5 fue descubierto en octubre del 2013, y sigue el ciclo selvático a diferencia de los otros cuatro que siguen el ciclo humano.​ Dicen que cada uno crea inmunidad para toda la vida, aunque no se está muy seguro de eso. Ofrece una corta inmunidad cruzada para los otros tres, pero solamente por unos meses, no vaya a creer que es para siempre.
Los cuatro serotipos pueden causar cuadros que van de asintomáticos, a solamente febriles o directamente mortales. Pero algunas variables genéticas dentro de cada serotipo parecen ser más virulentas o tener mayor potencial epidémico que otras.
Quienes tienen dengue y han sufrido la enfermedad anteriormente, tienen mayor riesgo de presentar un dengue grave si es infectado con los otros serotipos. Si la primera vez no le dio bolilla a los mosquitos, tenga cuidado porque la segunda puede ser fatal o, para decirlo en palabras crudas, se puede morir.
Hay vacunas dando vueltas en el mundo, casi todas en su fase terminal de experimentación. Llegarán a la Argentina en algún momento, pero todo depende de cuánto afecte a los periodistas porteños, cuando tengan uno o dos muertos, seguramente harán presión para que el gobierno las adquiera.
Entretanto, oremus.
©Juan Manuel Aragón
*El título hace alusión a la popular canción compuesta por Jim Morrison, John Densmore, Ray Manzarek y Robby Krieger.
**Cuando Buenos Aires dejó de ser la Capital Federal y se convirtió en una ciudad, el resto del país perdió su propia cabeza. Pero es nota para otro día.

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