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OBITUARIOS Consejos para un periodista aprendiz

Vieja máquina de escribir

Cuando muere una persona, los lectores quieren saber sobre ella y no les importa nada de usted


Esta es una recomendación para un joven periodista a quien, una noche cualquiera, en la redacción de un diario Equis, le piden escribir la nota necrológica, también llamada obituario, de uno que se acaba de morir. Es decir, está en el diario, falta poco para que se vaya a la casa y de repente viene el Secretario de Redacción para decirle: “Acaba de morir Fulanito de Tal, el cantante, pero los de espectáculos no están, solucioname un cuarto de página con una necrológica bien sentida, como las que sabes redactar”.
Bueno, aquí va el consejo, jamás empiece diciendo: “Cuando lo conocí a Fulanito”. A nadie le importa si eran amigos, si se trataban mucho o poco, si se pelearon en el medio, si eran culo y calzón, si salían de joda o qué. Nadie quiere saber nada de usted, sino del fiambre. Diga dónde nació, quiénes eran sus padres, hable de su infancia, de su escuela, de sus estudios, de su arte o de lo que hacía. Pero de él porque, repito, nadie quiere saber de la vida de un pinche periodista de provincia.
Si no sabe mucho de su vida, guglee, en internet siempre hay algo para refritar, o pida ayuda por el telefonito a alguien que podría tener esa información. Si aun así no consigue nada, fijesé que hacía el finado. Pongalé que era jinete del hipódromo, cuente entonces lo poco que sabe de él y luego, con la ayuda de internet, hable sobre la importancia de los jockeys, el sacrificio que deben hacer para mantenerse en peso, la relación que necesariamente deben entablar con los caballos. Lo mismo si era judoca o experto en energía nuclear, no olvide que, para ser un buen periodista, se debe estar dispuesto a escribir sobre un montón de temas de los que no sabe un soto. Cuanto más domine su ignorancia mejor redactor será.
Pero, por favor, no hable de usted. Tenga en cuenta que esa nota quedará como archivo en el diario y es posible también que la publiquen en internet. Es muy desagradable buscar la biografía de un hombre y toparse con la de otro. Para peor, un ratón como usted. “Luego de conocerlo fuimos a un bar a tomar algo y blablablá”, “lo que me gustaba de su arte es que blablablá”, ”siempre lo comparé con Menganito porque blablablá”. En serio, es inaguantable, infumablemente pretencioso.
Si usted fuera Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Horacio Verbitsky, Jorge Fernández Díaz o, aunque más no fuera o fuese, Ramón Bautista Ortega, “Palito”, vaya y pase. En ese caso se sabe que hallarán una manera genial de decir algo sustancioso del finado.
Pero usted es un pobre periodista —periodista pobre, además— de una ciudad marginal, en un país infinitesimal, intentando ganarse los garbanzos de fin de mes. Por más que en su casa le digan que escribe de la san Puta, sabe que es mentira, no se la cree. Entonces evítenos esa nota supuestamente lacrimógena en la que usará la primera persona del singular para hablar a un público plural, heterogéneo y a veces muy exigente. Muchas cosas se permiten a los cronistas, menos subestimar los lectores.
Oiga, no me estoy poniendo en profesor de nada. Yo he sido ese tipo que la tarde en que murió doña Petrona C. de Gandulfo, le entregó al Jefe de Redacción una nota contando las maravillas que cocinaba mi mamá con el libro “Recetas económicas”. El otro, que se las sabía todas, me la devolvió diciendo: “No te he pedido una nota sobre tu madre, sino sobre doña Petrona: hacela de nuevo, pero metele, que no hay tiempo”.
En ese tiempo no había internet con todos los datos a disposición, el diario no tenía una hemeroteca como para buscar en alguna parte. Recordé a un amigo que sabía dónde y cuándo había nacido, como se llamaban sus dos maridos, busqué en una agenda su número, le marqué rogando a los dioses que estuviera en casa, esperé unos veinte segundos eternos y me contestó. Con la poca información que generosamente me aportó, armé una nota decente. No era “el obituario”, pero zafaba con cuatro, creo.
Y aprendí la lección para siempre.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy bueno le pongo 10 sr periodista

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  2. La noticia es la información no quien escribe. Es evidente que no es para todos nacer periodista pero si se hace y escribes como realmente debe llegar

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