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NEGOCIOS El seguro y la apuesta

La imagen de arriba es de mentira

Causa perplejidad asegurar algo en una empresa que al final no querrá pagar y se convertirá en su contraria


El de los seguros parece un negocio mejor que cualquier otro, porque socorre a las viudas, a los que han perdido todo, a los necesitados en general. Es mucho más simple de lo que parece: los dueños de las compañías de seguros apuestan a que no se incendie su casa, y usted apuesta por lo mismo. Si bien usted no quiere que su casa se queme, para ellos sigue siendo una apuesta.
Puede darse el caso de que para usted valga más el dinero que le darán por su casa, que la casa misma y se vea tentado a volverla cenizas. Pero es una posibilidad que los de la empresa tienen muy en cuenta y por eso lo someten a larguísimos juicios en los que debe demostrar el amor que tenía por su propiedad y las nulas ganas de agarrar un fósforo y hacerla arder.
El dueño de una empresa de seguros es como el crupier del casino. Si un jugador pierde mucho dinero, sale a la calle y se pega un tiro, el crupier bajará la vista, no porque tenga compasión por el muerto: faltaba más. Estará buscando si el finado dejó un juego sin pagar, para no devolver nada de lo que prometió.
En otros países suelen ser empresas serias que, ante una duda, envían sus propios detectives para que se fijen si lo que pareció un accidente realmente lo fue, si el auto que le robaron, amigo, se lo robaron o se lo hizo robar usted mismo.
Aquí, en cambio es como que confían más en la policía y a la apuesta que hicieron originalmente le agregan una cláusula ex post facto, que no estaba en el contrato original. Ocurrido el siniestro le ofrecen pagarle la mitad o menos de lo que prometieron que pagarían si perdían. Si usted acepta, bien para ellos. Si no, se enfrenta a un juicio, en el que debe confiar en su abogado, en que no se olvide de presentar los papeles correspondientes y que le toque un juez que vaya medianamente rápido. Y aún así, aunque no lo crea, no tiene todas las de ganar, porque en este país al menos, tener razón no es argumento suficiente para conseguir sentencias favorables.
Cuando apuesta contra una compañía de seguros hay otro asunto que usted quizás no tiene en cuenta y es que ellos han estudiado sus clientes al dedillo. Saben con cuántos de sus asegurados tendrán problemas y cuántos arreglarán ante la primera oferta de sus abogados, cuántos irán hasta el final, y presentarán todas las apelaciones que puedan, porque para entonces ya no será una apuesta entre amigos sino una partida de truco de tahúres con sus abogados. A esa altura ellos ya no serán los amigos que firmaron un amable compromiso sino la parte contraria.
Si usted llegara a quedar viudo de una mujer que se aseguró en vida, no alcanzará a consolarse, cuando los tendrá a su lado ofreciéndole un pañuelo (de papel) para secar sus lágrimas. Vendrán solícitos y bien dispuestos a avisarle que tienen a su disposición —muy generosa y amablemente —la cuarta parte de lo que le prometieron pagarle si se moría, lo que le alcanzará para pagar los funerales, comprarle una linda corona de flores, convidar café a los deudos y llevarla en un lindo auto fúnebre, a un cementerio al estilo norteamericano, groseramente impersonal y ajeno. Y nada más. Porque eso también lo tienen calculado.

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Si les avisa que no, que muchas gracias, pero prefiere esperar un tiempo más y que le entreguen todo el dinero, saldrán de la sala velatoria haciéndose los enojados. El llegar a la empresa, comprobarán sin asombro, que usted es uno de los que la estadística prevé que van por toda la apuesta. Pasarán su cuenta a pérdida, porque saben que alguna vez les va a tocar, llamarán a su abogado y le recomendarán que estire lo más que pueda el pago, pues finalmente usted resultó ser un enemigo, un mal bicho, uno de esos que pretenden cobrar todo y no quedarse con una migaja.
¿Usted no sabe que el negocio de las empresas de seguros es siempre entregar unas cuantas plumas y quedarse con todo el gallinero?
Bueno, entérese.
©Juan Manuel Aragón
A 23 de diciembre del 2023, en Tipiro. Llenando el calicanto

Comentarios

  1. Querido Juan, antes los contratos de seguro eran totalmente aleatorios, tanto para el asegurado, como para el asegurador, y luego del siniestro ocurrían los desencuentros y dilaciones entre ambos, tal como describes. Hoy los convenios no son tan así, y las compañías aseguradoras, realizan sus convenios en base a estadísticas, y la pesadilla se ha transformado en trámites, algunos claro está, un tanto lentos. Me refiero a Compañías y clientes serios.

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    Respuestas
    1. no hay una sola comapñia que no tengas q hacerle juicio para cobrar y siempre t tratan como delincuente q los queres trampear

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  2. Buen tema, Juan, y muy realista análisis. El sistema comercial argentino, y el de países de latinoamérica en general (salvo excepciones), es proteccionista de las corporaciones y prestatarios de servicios a gran escala, y no de los usuarios. Estos grupos, como empresas de seguro y coseguro, son quienes hacen lobby (cabildeo) con grandes sumas donadas a campañas políticas y ofrecidas a funcionarios y legisladores, para que impongan las regulaciones que solo ellos pueden cumplir, eliminando la competencia menor (pymes y pequeños negocios). Tambien aportan para manejarse con impunidad ante el afiliado menor. Muchas de esas regulaciones son las que entiendo que el actual gobierno está tratando de eliminar, para una sociedad que sufre de síndrome de Estocolmo y se ha acostumbrado a convivir con ellas y hasta a pedir más regulaciones - "Esto no puede ser....el gobierno tiene que hacer algo!!!!!".
    Lo de las compañías de seguro es patético, porque tienen una capacidad financiera desproporcionadamente grande como para influir en los gobiernos (sobre todo los autoritarios), para no ser molestados cuando aplican sus estrategias de deterioro moral mediante dilaciones y disputas para validar pagos.

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