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1492 ALMANAQUE MUNDIAL Palos

En el puerto de Palos, antes de zarpar

El 3 de agosto de 1492 Cristóbal Colón zarpa del puerto de Palos. Sus barcos, la Santa María, la Pinta y la Niña se habían armado en el río Tinto en España


El 3 de agosto de 1492 Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos de Moguer. Los barcos del primer viaje, la Niña, la Pinta y la Santa María, se armaron en el mismo Palos, en el río Tinto.
Usureros genoveses y florentinos en Sevilla prestaron unos 1.140.000 maravedíes para equipar a la expedición, y Colón suministró más de un tercio de la suma aportada por el rey y la reina. La reina Isabel no tuvo, pues, que empeñar sus joyas (un mito difundido por primera vez por Bartolomé de Las Casas en el siglo XVI), pues ya las había empeñado en la Reconquista Española.
La pequeña flota partió el 3 de agosto de 1492. El genio de la navegación del almirante se mostró de inmediato, ya que navegaron hacia el sur hasta las Islas Canarias, frente al noroeste de África continental, en lugar de navegar hacia el oeste hasta las islas de las Azores. Los vientos del oeste que prevalecían en las Azores habían derrotado los intentos anteriores de navegar hacia el oeste, pero en Canarias los tres barcos pudieron recoger los vientos alisios del noreste; supuestamente, podían confiar en los vientos del oeste para su regreso. Tras casi un mes en Canarias, los barcos partieron de San Sebastián de la Gomera el 6 de septiembre.
En varias ocasiones en septiembre y principios de octubre, los marineros observaron vegetación flotante y varios tipos de pájaros, todos tomados como señales de que había tierra cerca. Pero para el 10 de octubre, la tripulación había comenzado a perder la paciencia, quejándose de que, al no poder tocar tierra, los vientos contrarios y la escasez de provisiones les impedirían regresar a casa. Colón disipó sus temores, al menos temporalmente, y el 12 de octubre se avistó tierra desde la Pinta (aunque Colón, en la Niña, luego reclamó el privilegio para sí mismo).
El lugar de la primera recalada en el Caribe, llamado Guanahani, es muy discutido, pero la isla de San Salvador generalmente se prefiere a otras islas de las Bahamas. Sin embargo, más allá de plantar el estandarte real, Colón pasó poco tiempo allí, ansioso por avanzar hacia Cipango o Cipangu (Japón). Pensó que lo había encontrado en Cuba, donde desembarcó el 28 de octubre, pero el 1 de noviembre se convenció a sí mismo de que Cuba era el continente de Cathay, aunque todavía no había visto evidencia de grandes ciudades.

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Así, el 5 de diciembre se volvió hacia el sureste para buscar la legendaria ciudad de Zaiton (Quanzhou, China), perdiendo con esta decisión su única oportunidad de pisar suelo de la actual Florida.
Vientos adversos llevaron la flota a una isla llamada Ayti (Haití) por sus habitantes taínos; el 6 de diciembre Colón la renombró La Isla Española, o Hispaniola. Parece haber pensado que La Española podría ser Cipango o, si no, quizás una de las islas legendariamente ricas de donde la flota trienal del rey Salomón trajo oro, gemas y especias a Jerusalén (1 Reyes 10:11, 22); alternativamente, razonó que la isla podría estar relacionada con el reino bíblico de Saba. Allí Colón encontró al menos suficiente oro y prosperidad para salvarlo del ridículo a su regreso a España.
Con la ayuda de un cacique o jefe indio taíno, llamado Guacanagarí, instaló una empalizada en la costa norte de la isla, la llamó La Navidad, y colocó 39 hombres para protegerla hasta su regreso. El encallamiento accidental del Santa María el 25 de diciembre de 1492 proporcionó tablones y provisiones adicionales para la guarnición.
El 16 de enero de 1493, Colón partió con los dos barcos que le quedaban hacia España. El viaje de regreso fue una pesadilla. De hecho, los vientos del oeste los dirigieron hacia casa, pero a mediados de febrero una terrible tormenta envolvió a la flota. La Niña fue conducida a buscar puerto en Santa María en las Azores, donde Colón encabezó una peregrinación de acción de gracias al santuario de la Virgen; sin embargo, las autoridades portuguesas hostiles encarcelaron temporalmente al grupo.
Después de asegurar su libertad, Colón siguió navegando, azotado por la tormenta, y el barco dañado rengueó hasta el puerto de Lisboa. Allí se vio obligado a entrevistarse con el rey Juan II. Estos hechos dejaron a Colón bajo la sospecha de colaborar con los enemigos de España y ensombrecieron su regreso a Palos el 15 de marzo.
En este primer viaje se acumularon muchas tensiones que se mantendrían a través de todos los esfuerzos exitosos de Colón. En primer lugar, y quizás lo más dañino de todo, las aspiraciones religiosas e incluso místicas aparentemente elevadas del almirante eran incompatibles con las realidades del comercio, la competencia y la colonización. Colón nunca reconoció abiertamente este abismo y, por lo tanto, fue incapaz de salvarlo.
El almirante también adoptó un modo de santificación y liderazgo autocrático que le granjeó muchos enemigos. Además, estaba decidido a recuperar tanto el cargamento material como el humano para sus soberanos y para sí mismo, y esto sólo podía lograrse si sus marineros continuaban saqueando, secuestrando y realizando otros actos violentos, especialmente en La Española.
Aunque controló algunos de los excesos de sus hombres, se debilitó su capacidad para mantener una alta moral y, en particular, la afirmación de que sus descubrimientos fueron ordenados divinamente. Además, la corte española reavivó sus dudas latentes sobre la lealtad del extranjero Colón a España, y algunos de los compañeros de Colón se pusieron en su contra.
El capitán Martín Pinzón había disputado la ruta cuando la flota llegó a las Bahamas; más tarde había navegado la Pinta lejos de Cuba y Colón, el 21 de noviembre, y no pudo reunirse con él hasta el 6 de enero. La Pinta hizo puerto en Bayona en su viaje de regreso a casa, separado de Colón y la Niña. Si Pinzón no hubiera muerto tan pronto después de su regreso, el mando de Colón del segundo viaje podría haber estado menos que asegurado.
Así las cosas, la familia Pinzón se convirtió en su rival por la recompensa. Pero nada de lo que vino después podría ensombrecer el hecho de que el español Cristóbal Colón fue el primer hombre blanco en pisar suelo americano y en mostrarlo al mundo.
©Juan Manuel Aragón

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