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ESCRITOS Para qué, para quién

Atrapado entre 27 letras

Qué lleva a un tipo a redactar todos los días un mensaje que arrojará en una botella al mar de internet


No para los vecinos ni los amigos ni los conocidos ni los desconocidos ni los profesores ni los alumnos ni los críticos ni ningún lector en especial ni todos en particular, el escritor escribe para sacarse de adentro una cierta propensión a la soledad, a la melancolía, una tristeza por las cosas que no sucedieron y nunca sucederán, aunque pasen cien millones de años.
Está seguro, a esta altura de la kermés, de que nunca será un poeta del Parnaso local, nacional o internacional como los que admira y relee. Redacta una y otra vez, una y otra vez y otra y otra más, sabiendo que jamás llegará a la altura (¡ni cerca!), de Edgar Allan Poe, Jorge Luis Borges o acaso Carlos Virgilio Zurita, cuentista y poeta exquisito, de factura santiagueña y tramas imaginativas y diversas.
No para la novia ni para la suegra ni su madre ni sus hermanos ni la amiga ni los contertulios del café ni el señor de la otra cuadra, el redactor de pobres escritos provincianos sabe que el papel en que deje plasmada su obra saldrá volando y es posible que aterrice en las manos de ignotos lectores ocasionales o examinadores de profesión, de los letrados y de los cuasi alfabetizados, de los que saben y los que no entienden ni jota, de los que guardarán el papel y de quienes lo condenarán a la merecida ignominia del tacho de la basura, de los unos, de los otros, de los de más allá. Y también aquellos que se ven a lo lejos, por las dudas.
No en los libros ni en los folletos ni las antologías (Dios nos libre), ni las plaquetas ni las páginas de los diarios ni ninguna de las otras formas de adulación que se conocen, ni siquiera para ahogarlos en una botella mal tapada en el borrascoso mar de internet, el escritor se da a la tarea de escarbar entre sus recuerdos solamente para no dejarlos encerrados entre las veintisiete letras de su teclado. No quiere que den vueltas y vueltas bajo su sombrero, haciendo fuerza por ver la luz del día, pero a veces se niegan a aparecer esas malditas, se hacen de rogar y debe conformarse con su humilde mediocridad.

Leer más: En la segunda línea de sus escritos, se advierte en algunos el rencor que sienten por los santiagueños del pasado y su adhesión a la idea de la lucha de clases

A veces toma la forma de un cuentista que se empeña en corregir y volver a corregir y una vez corregido, regresar por otra corrección y así hasta que el infinito los separe, porque redactar un cuento o es un acto de desprendimiento o no es nada. En cada corrección se suprime una pizca del alma o se va agregando lo que sobró del espíritu y a soplos de inspiración avanza con el escrito en ristre, quizás hacia ninguna parte.
No para los editores ni para los revisores ni para los agentes literarios ni para los concursos ni para la gente que sabe ni para un señor que lo hará entrar por la puerta grande de los salones intelectuales, el escritor quiere exprimir las palabras, sacarles el jugo, llegar a su esencia, a su misma raíz, para que nunca más se le amontonen como ideas y lo molesten cuando camina por la ciudad como un orate cualquiera. No quiere que interfieran su elección de la lechuga en la verdulería ni le apaguen una conversación con la querida porque se le ocurrió una metáfora para ese soneto que empezó hace tres años y justo esa noche halló cómo terminar.
No para usted ni para mí ni para nosotros, vosotros o ellos, menos para los otros, ajenos a su mundo. El escritor pretende romper la armonía del ciclo de la existencia imponiendo quimeras en el mismo lugar en que su espíritu quiere ver realidad. Redacta porque está inscrito en su ciclo vital, casi como el ácido desoxirribonucleico, su huella digital o el nombre secreto con el que llama a Dios.
O algo más o menos así.
Pero quién sabe.
©Juan Manuel Aragón
A 27 de septiembre del 2023, en Chilca Juliana, venteando el polvaredal

Comentarios

  1. Gracias Juan por esta lluvia generosa de palabras que nos regalas en cada amanecer

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  2. Así es Juan. La vida del escritor como vos tan bien describes. Y la de muchos que pasan por esa misma circunstancia y nunca se animarán a publicar ni una frase.

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  3. Ud es un escritor innato y me siento orgullosa de estar entre sus lectores.No importa siestilo.Borges,Neruda o Virgilio.El valor lo tiene su estilo propio Y es admirable

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