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CONFLICTO Persecución a la sombra de la guerra

Los cristianos rezan en templos en ruinas

La comunidad cristiana siria, mermada por el conflicto, enfrenta violencia, éxodo y desafíos bajo el nuevo gobierno

Fuentes: Puertas Abiertas, Observatorio Sirio de Derechos Humanos y Ayuda a la Iglesia Necesitada
La comunidad cristiana en Siria, es el 2,38 por ciento de la población con unos 579.000 fieles según Puertas Abiertas, pero enfrenta una persecución persistente que amenaza su existencia milenaria. La guerra civil, que desde el 2011 devastó el país, redujo drásticamente su número desde 1.800.000 (10 por ciento de la población) a la cifra actual.
La reciente toma del poder por Hayat Tahrir al-Sham, grupo islamista con vínculos históricos con Al Qaeda, aumentó los temores de una persecución renovada, aunque las dinámicas varían según las regiones.
Durante el conflicto, los cristianos han sido blanco de diversos grupos. En 2013, el Frente al-Nusra, predecesor de Hayat Tahrir al-Sham, atacó Maalula, un pueblo cristiano que habla arameo. Los yihadistas saquearon iglesias, destruyeron iconos y secuestraron a 13 monjas ortodoxas, liberadas meses después de negociaciones. Al menos 12 cristianos fueron muertos en este asalto, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
En Raqqa, bajo el control del Estado Islámico, entre el 2014 y el 2017, los cristianos enfrentaron conversiones forzadas, crucifixiones públicas y la imposición de la yizya, un impuesto para minorías religiosas. Testimonios recopilados por Ayuda a la Iglesia Necesitada describen cómo familias cristianas fueron obligadas a huir, dejando propiedades confiscadas.
En Alepo la población cristiana cayó de 200.000 fieles en el 2011 a 25.000 en el 2025 y las iglesias fueron blanco de bombardeos, como la catedral maronita de San Elías, parcialmente destruida en el 2015.
Bajo el régimen de Bashar al-Assad, los cristianos gozaban de una protección relativa, pero a cambio de lealtad al gobierno y autocensura. Sin embargo, los convertidos del islam al cristianismo enfrentaban castigos severos: agresiones familiares y asesinatos por “honor”.
En lugares controlados por los rebeldes, como Idlib, las restricciones eran más duras: se prohibieron cruces en iglesias, vestimentas clericales y celebraciones públicas. Informes de Puertas Abiertas señalan que, en el 2024, al menos 15 cristianos fueron detenidos en Idlib por distribuir Biblias, y dos iglesias fueron clausuradas.
Desde la caída de Assad en diciembre de 2024, Hayat Tahrir al-Sham ha prometido tolerancia hacia las minorías, pero incidentes aislados persisten. En marzo de este año, cuatro cristianos murieron en enfrentamientos en Latakia, aunque no se confirmó que fueran atacados por su fe.
En el noreste, bajo control kurdo, los cristianos asirios y armenios han encontrado cierta libertad religiosa, pero las incursiones turcas contra las Fuerzas Democráticas Sirias han generado desplazamientos. En el 2023, un bombardeo turco en Qamishli dañó una iglesia asiria, matando a tres feligreses. Además, la crisis económica agrava la vulnerabilidad: la hiperinflación y la falta de servicios básicos han llevado al 70 por ciento de los cristianos a emigrar o desplazarse internamente. Más de 200 iglesias y monasterios han sido destruidos o dañados desde el 2011, según Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Organizaciones cristianas internacionales denuncian que la persecución no solo proviene de grupos armados, sino también de una sociedad fracturada por el sectarismo. Los patriarcas Juan X (greco-ortodoxo), Ignacio Afrem II (sirio-ortodoxo) y Youssef Al-Absi (greco-melquita) han condenado la violencia y exigido garantías de seguridad. Aunque Hayat Tahrir al-Sham ha moderado su discurso, la desconfianza persiste debido a su historial.
En Damasco, el sacerdote melquita Fadi Barki expresó: “Vivimos con miedo, pero también con fe”. La comunidad cristiana, atrapada entre la persecución histórica y la incertidumbre del nuevo orden, lucha por preservar su legado en la tierra en que nació el cristianismo hace dos mil años.
Oremus.
Ramírez de Velasco®

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