Ir al contenido principal

LEÍDO PARA USTED Condiciones carcelarias extremas

Alexei Navalny preso

Contexto.
La muerte del enésimo opositor ruso causa suspicacias en todo el mundo, acostumbrado a una práctica que parece enquistada en el corazón del poder de la antigua Unión Soviética. La nota que sigue intenta, en cierta manera, despegar al gobierno de ese país del asesinato que cometió

Aunque se desconoce la causa de la muerte Alexéi Navalny, sus colaboradores temían que las brutales condiciones del encierro pudieran costarle la vida.

Por Paul Sonne e Ivan Nechepurenko
en el New York Times
de Nueva York, Estados Unidos
Alexéi Navalny se presentaba a sí mismo como invencible, utilizando constantemente su característico humor para dar a entender que el presidente Vladimir Putin no podría doblegarlo, por terribles que fueran sus condiciones en prisión.
Pero detrás de esa cara valiente, la realidad era evidente. Desde su encarcelamiento a principios de 2021, Navalny, la figura más formidable de la oposición rusa, y sus colaboradores indicaron constantemente que sus condiciones eran tan sombrías que lo estaban matando a cámara lenta.
Ahora sus ayudantes creen que sus temores se han hecho realidad.
No se ha establecido la causa de la muerte de Navalny en prisión a los 47 años —de hecho, ni siquiera se ha permitido aún a su familia ver su cadáver—, pero las colonias penales más duras de Rusia son conocidas por sus condiciones peligrosas, y Navalny fue objeto de un trato especialmente brutal.
“Alexéi Navalny fue sometido a tormento y tortura durante tres años”, escribió el periodista ruso y premio nobel de la paz Dmitri Muratov en una columna tras anunciarse su muerte el 16 de febrero. “Como me dijo el médico de Navalny: el cuerpo no puede resistirlo”.
Más de una cuarta parte del encarcelamiento de Navalny desde 2021 transcurrió en “celdas de castigo” heladas y a menudo se le negó el acceso a la atención médica. Fue trasladado a prisiones cada vez más crueles. Y en un momento dado, dijo que le ponían inyecciones, pero le impedían averiguar qué contenían las jeringas. A su equipo le preocupaba que lo estuvieran envenenando de nuevo.
Lo que lo llevó específicamente a la muerte el viernes en una prisión remota por encima del Círculo Polar Ártico podría permaneces como un misterio. El servicio penitenciario ruso emitió un comunicado el viernes por la tarde en el que afirmaba que Navalny se sintió mal y perdió repentinamente el conocimiento después de estar en el exterior.
Los medios de comunicación estatales rusos informaron que había tenido un coágulo de sangre. Pero la historia cambió el sábado, cuando la madre y el abogado de Navalny llegaron a la prisión. Les dijeron que había experimentado un cuadro de “síndrome de muerte súbita”, que parecía indicar un repentino paro cardíaco, según Ivan Zhdanov, director de la fundación anticorrupción de Navalny.
Los investigadores dijeron a un abogado de Navalny que se estaba repitiendo el examen y que los resultados se harían públicos esta semana. Los colaboradores de Navalny pidieron que se entregara inmediatamente el cuerpo para que su familia pudiera encargar un análisis independiente, y acusaron a las autoridades rusas de mentir para ocultarlo.
Según sus ayudantes, Navalny había sido recluido en una celda de castigo de la prisión del Ártico, en la región autónoma de Yamalia-Nenetsia, dos días antes de que las autoridades rusas anunciaran su muerte.
Su vecero, Kira Yarmysh, dijo que era la vigésima séptima vez que permanecía en un espacio tan inhumano, normalmente una celda de hormigón de unos 2 por 3 metros, con condiciones insoportables: fría, húmeda y mal ventilada. Si hubiera sobrevivido a la última ronda de castigos, habría pasado 308 días en una celda de este tipo, más de una cuarta parte del tiempo que lleva encarcelado, según Yarmysh.
Una vez al día, a las 6.30 a.m., se permite a los presos de las celdas de castigo del centro del Ártico entrar en un recinto de hormigón parecido a un ataúd, abierto al cielo a través de una rejilla metálica, según declaró Navalny en un mensaje enviado desde el centro a principios de año. Al parecer, Navalny perdió el conocimiento después de una sesión de este tipo el viernes, según el relato del servicio penitenciario ruso. Fuera la temperatura estaba a unos -29 grados Celsius.
En una carta enviada desde la prisión el mes pasado, Navalny describió que podía caminar un total de 11 pasos de un extremo a otro del espacio al aire libre, señalando que el frío más intenso que había hecho hasta entonces en uno de sus paseos fue de -32 grados Celsius.
“Incluso a esta temperatura, puedes caminar durante más de media hora, siempre que te dé tiempo a que te crezcan una nariz, unas orejas y unos dedos nuevos”, escribió. “Hay pocas cosas tan vigorizantes como un paseo por Yamal a las 6:30 a.m. Y qué maravillosa brisa fresca sopla en el patio, a pesar del recinto de hormigón, ¡vaya!”.
Mientras caminaba por allí un día reciente, dijo que se estaba congelando y pensaba en cómo Leonardo DiCaprio se metió al cuerpo de un caballo muerto para escapar del frío en la película de supervivencia en la naturaleza El renacido. Un caballo muerto se congelaría en esa parte de Rusia en 15 minutos, supuso Navalny.
“Aquí necesitamos un elefante, un elefante frito y caliente”, dijo.
Navalny empleaba a menudo ese ingenio frente al trato inhumano que recibía. Pero, a lo largo de sus tres años de encarcelamiento, cada vez quedaba más claro que podría no sobrevivir.
“La acumulación del trato que ha recibido Navalny durante varios años en prisión podría decirse que lo ha llevado al borde de la muerte”, declaró el sábado en una entrevista Mariana Katzarova, relatora especial del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Rusia. “Aún no lo sabemos. Necesitamos una investigación”.
Durante un tiempo, Navalny pareció casi invencible.
En agosto de 2020, enfermó en un vuelo de la ciudad siberiana de Tomsk a Moscú, tras ser envenenado con un agente nervioso de la familia Novichok, de fabricación rusa. Permaneció dos semanas en coma inducido durante el tratamiento en Alemania, y sobrevivió.
El gobierno de Estados Unidos atribuyó posteriormente el envenenamiento al Servicio Federal de Seguridad de Rusia.
A pesar del intento de asesinato, regresó a Rusia a principios de 2021 para continuar su lucha contra Putin, quien negó la implicación de Rusia en el envenenamiento, y rápidamente lo encarcelaron. Su salud empezó a deteriorarse casi de inmediato.
En marzo de 2021, se quejó de un fuerte dolor de espalda que más tarde se convirtió en un problema en la pierna.
Exigió que las autoridades penitenciarias le proporcionaran atención médica adecuada y le suministraran medicación. En lugar de eso, lo sometieron a privación de sueño, según dijo. A finales de marzo de 2021, se declaró en huelga de hambre por el trato recibido, y médicos rusos y estrellas de Hollywood hicieron suya su causa en cartas abiertas a Putin.
Unas tres semanas después, fue examinado por un grupo independiente de médicos. Las pruebas realizadas por los médicos revelaron que, “muy pronto, no habrá nadie a quien atender”, dijo Navalny en un mensaje publicado en Instagram.
El año pasado escribió desde la cárcel que sus bromas sobre la celda de castigo no debían normalizar el ambiente. Se lamentaba de que, a un compañero preso político, que se había manifestado en contra de la guerra en Ucrania, lo hubieran metido en una celda de castigo, a pesar de ser discapacitado y faltarle parte de un pulmón.
Describió las terribles condiciones sanitarias de la prisión, donde dijo que muchos reclusos padecían tuberculosis. También se quejó a principios del año pasado de que la administración de su antigua prisión colocaba a un enfermo mental en una celda frente a la suya, como forma de tormento, y a un preso enfermo en su pequeña celda.
En aquel momento, su abogado, Vadim Kobzev, dijo que la prisión lo infectó deliberadamente con una enfermedad respiratoria, se negó a darle medicamentos y luego lo “trató” con enormes dosis de antibióticos contraindicados. Navalny sufrió fuertes dolores de estómago y, como consecuencia, perdió más de 5 kilos, dijo Kobzev.
“Estas acciones no pueden considerarse otra cosa que una estrategia abierta para destruir la salud de Navalny por todos y cada uno de los medios”, dijo entonces Kobzev en una declaración. “Obviamente, la prisión no se arriesgaría a participar en este nivel de evidente ilegalidad sin la aprobación de Moscú”.

Leer más en el medio en que apareció la noticia

Desde entonces, Kobzev ha sido detenido por cargos de extremismo por asociarse con Navalny, dentro de una redada más amplia de abogados del líder de la oposición a finales del año pasado.
Navalny sufrió un mareo y le pusieron un goteo intravenoso en un episodio médico inexplicable a principios de diciembre. Sin embargo, las autoridades rusas lo trasladaron a finales de ese mes de una prisión de la región de Vladimir, a unos 209 kilómetros al este de Moscú, a la colonia penal de “régimen especial” del Ártico, donde murió.
Varios médicos contactados tras su muerte, entre ellos uno que participó en su tratamiento inicial en la ciudad siberiana de Omsk, dijeron que era probable que su muerte no estuviera relacionada con su envenenamiento más de tres años antes, dada su sólida recuperación.
Pero desde entonces se enfrentó a muchos otros peligros para la salud.
“Una prisión rusa es un lugar donde tienes que estar preparado para morir cada día”, declaró el viernes Mijaíl Jodorkovski, magnate ruso que pasó una década en prisión tras desafiar a Putin.
En la entrevista, Jodorkovski, que fue puesto en libertad en el 2013, dijo que un preso debe encontrar la manera de considerar ese trato pesado como una prueba para sobrevivir mentalmente, y que Navalny lo había hecho. Pero incluso así, añadió, “eso no te protegerá de que te maten”.
©Ramírez de Velasco

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

CARRETERA Composición de lugar

"Familia" Vuelva al lugar en que fue feliz con todos los elementos en su sitio, sienta la brisa, observe cómo se cuela un sol verde Despoje su mente de todo otro pensamiento que le venga a la cabeza. Olvídese del mundo, siéntese en un lugar silencioso, en penumbras, hasta oír los latidos del propio corazón. Es difícil que le salga al primer intento. Haga la prueba varias veces, hasta llegar a un estado parecido al sueño, pero con los ojos abiertos, en una vigilia extraviada. Una vez que lo logre, haga una composición de lugar. Usted está ahí. Coloque los elementos en su sitio: la vieja mesa de hule descascarado en los bordes, con cuadrados amarillos y azulados; a un costado, el tinajón; colgada de un alambre que baja del techo, la lámpara de kerosén; el mueble en que se guardaban los vasos y las tazas; las sillas con asiento de esterilla; la puerta pintada al aceite que daba a la habitación grande; los cuadros con fotos de la familia en blanco y negro, con el bisabuelo y la b...

CARBURADOR Gauchadas son gauchadas

"Desperfecto", de Raúl Cisterna Averigüe qué pasó cuando la Susana Giménez anduvo cerca del pueblo y por qué detuvo su auto en la casa de los Díaz No recuerdo bien la fecha. La cuestión es que una vez estuvo la Susana cerca del pueblo. ¿Cómo qué Susana? ¿Qué dice, hombre? ¿No me cree? Si hasta salió en el diario y todo. Se le rompió el auto aquicito nomás, antes de Cortaderas, y a gatas llegó a la casa de los Díaz, que vivían al frente de lo que ahora es la entrada de la finca de los Gómez. Se bajó el chofer y preguntó si no había algún mecánico. No había, porque en el pago en ese tiempo sólo entendíamos de arreglos de sulkys, esas cosas. Pero alguien recordó que andaban por ahí los santafesinos que habían venido con las sembradoras, y los fueron a buscar. El que más entendía de motores abrió el capó y dictaminó que era algo del carburador, pero no me pregunte qué tenía porque de eso entiendo poco y nada. Los changos Díaz contaban que cuando ella se bajó del auto, parecía un ...

SILENCIO Los muertos que el Vaticano no ve

La Kaaba, en La Meca León XIV rechaza la pena capital en Estados Unidos, pero no condena el ajusticiamiento de inmigrantes pobres en La Meca Arabia Saudí ejecutó el miércoles 14 de octubre, en La Meca, a dos trabajadores bangladesíes de la limpieza, Nazrul Islam Abdul Basir y Siti Akhtar (mujer), condenados a muerte por un supuesto "acto inmoral" cometido dentro de una mezquita. Las autoridades saudíes no explicaron qué hicieron. Su gobierno se enteró por la agencia oficial saudí. Seis días después, la Santa Sede, que esa misma semana había condenado con dureza el fusilamiento anunciado de un preso en Estados Unidos, no había dicho una palabra sobre ambos ejecutados. El comunicado del Ministerio del Interior saudí afirma que un tribunal impuso la pena capital como tazir, una sanción cuya determinación queda a criterio judicial, por "la violación de la santidad del tiempo y del lugar". La sentencia fue confirmada por una instancia superior y una orden real autorizó s...

CULPA No era mi problema

"Romano", de Raúl Cisterna Un funcionario romano reconstruye una decisión e intenta convencerse de que jamás pudo haber actuado distinto Estimado Cayo, tomo la pluma para narrarte una impresión de aquel tiempo. En ocasiones como hoy, no sé por qué recuerdo esos días y me pregunto si soy el mismo o me habré convertido quizás en otro. Ahora sé que no entraré en la historia, nadie leerá, en ninguna parte, nada acerca de lo que hice o lo que dejé de hacer, mi nombre no figurará para bien ni para mal, así lo ha dispuesto el destino. En tu misiva me has sugerido que abandone Roma, que haga una vida retirada, que adquiera una villa en las afueras, como han hecho muchos, y me marche de esta urbe caótica y atrozmente superpoblada. Pero me es imposible, necesito el ajetreo del día para vivir y el constante ruido de la noche para descansar. Esta ciudad no duerme jamás. Quizás por ello me sentí tan humillado cuando me destinaron como gobernador de aquel pueblo de pastores de cabras y ove...

TECNOLOGÍA La máquina no perdona

"Metálico", de Raúl Cisterna Inteligencia artificial, cuerpos metálicos y vehículos autónomos anuncian una humanidad, arrinconad a De la inteligencia artificial salen ideas plastificadas, redondas o cuadradas, pero nunca de esas que copian a las nubes, que van cambiando de apariencia: un rato con forma de pez, después son la cara de un tío lejano y, finalmente, se vuelven nada, como las que traemos desde la cuna los cristianos, ideas de talento natural, digamos. Una inteligencia artificial entrenada para eso le podría ganar al ajedrez a cualquiera, desde el aprendiz más bobo hasta el mismísimo campeón del mundo, pero le falta la emoción de saber que podría comerse la dama contraria si no fuera por ese peón maldito, o la tristeza de tener que tumbar al rey porque lo ve perdido. La máquina no perdona. Dicen que cuando se popularice terminará con el pecado original de la imaginación de los que sueñan despiertos y se imaginan mundos más allá de las estrellas o más aquí, con las p...