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1860 ALMANAQUE MUNDIAL Kanō

Jigorō Kanō

El 28 de octubre de 1860 nace Jigorō Kanō, maestro de artes marciales, profesor, traductor, economista japonés y creador del judo


El 28 de octubre de 1860 nació Jigorō Kanō, en Mikage, Japón. Fue un maestro de artes marciales, profesor, traductor y economista japonés, mundialmente reconocido por ser el creador del judo. Desarrolló el judo como una evolución del jiu-jitsu tradicional, aprovechando la filosofía de "máxima eficiencia con mínimo esfuerzo" y "bienestar y beneficio mutuo”. Murió el 4 de mayo de 1938 a bordo del Hikawa Maru.
Provenía de una familia que valoraba la educación. Su padre, Jirōsaku Kanō, era un exitoso productor de sake, y tras la muerte de su madre cuando él tenía solo 9 años, la familia se trasladó a Tokio, y su educación se intensificó. Estudió en diversas instituciones de renombre y fue expuesto desde joven a lenguas extranjeras como el inglés y el alemán, lo que marcaría su enfoque global en años posteriores. En 1881 ingresó a la Universidad Imperial de Tokio, se especializó en ciencias políticas y economía y obtuvo su grado en 1882. A pesar de su carrera en la enseñanza y en la administración pública, su verdadera pasión fue el judo.
El año 1882 fue significativo, ya que fundó el Kōdōkan, su escuela de judo, que surgió como una adaptación de técnicas de jiu-jitsu provenientes de las escuelas Tenjin Shin'yō-ryū y Kitō-ryū. Fue diseñado no solo como un arte marcial, sino como una herramienta para el desarrollo físico, mental y moral.
La innovación consistió en enfatizar la práctica segura mediante el randori (práctica libre), permitiendo a los estudiantes entrenar sin hacerse daño grave, lo que hacía del judo una opción viable para la educación física en escuelas.
A través de su esfuerzo, el judo fue adoptado por el sistema educativo japonés, la policía y el ejército, y se convirtió en un arte marcial dominante en Japón a principios del siglo XX. La popularidad del judo creció rápidamente no solo por sus valores marciales, sino por su enfoque en la formación integral de la persona. Para Kanō, el judo no era solo un método de defensa o competencia, sino una filosofía de vida que enseñaba autodisciplina, respeto y cooperación.
También fue un educador destacado. Tras graduarse, fue nombrado profesor en la Gakushūin (Escuela de Pares) en Tokio. Luego ocupó importantes cargos en el Ministerio de Educación y fue director de la Quinta Escuela Normal Superior (hoy Universidad de Kumamoto). Además, realizó viajes internacionales para mejorar su conocimiento de los sistemas educativos extranjeros y ayudó a establecer programas de intercambio entre Japón y otros países, como China.
Además de su papel en la difusión del judo, fue un pionero en el deporte amateur a nivel global. En 1909, se convirtió en el primer representante de Japón en el Comité Olímpico Internacional, hito que consolidó su papel en la promoción del deporte en Japón. Fue un firme defensor del deporte como una vía para la unión entre naciones y la mejora de la humanidad. Sin embargo, aunque formaba parte del Comité Olímpico Internacional, tenía reservas sobre la inclusión del judo como deporte olímpico, argumentando que era más que una competencia. Según su visión, reducir el judo a un deporte competitivo podría distorsionar sus valores fundamentales.
A lo largo de su vida promovió la idea de que el judo debería servir al desarrollo integral de la gente. Sus enseñanzas filosóficas subrayan el beneficio mutuo, tanto para el individuo como para la sociedad. Esta filosofía se refleja en los principios de máxima eficacia y beneficio mutuo que son esenciales en la práctica del judo.
En cuanto a su vida personal, contrajo matrimonio con Sumako Takezoe en 1891, con quien tuvo seis hijas y tres hijos. Su vida estuvo marcada por un equilibrio entre su carrera como educador, su papel como innovador de las artes marciales y su contribución a la comunidad deportiva internacional.
Murió el 4 de mayo de 1938 a bordo del Hikawa Maru mientras regresaba de una reunión del Comité Olímpico Internacional en El Cairo. Aunque no existió para ver el judo incluido en los Juegos Olímpicos, su legado perdura. En 1964, el judo hizo su debut en los Juegos de Tokio, un momento histórico que honraba su trabajo y su visión.
Fue una figura clave no solo en el desarrollo del judo, sino en la evolución del deporte y la educación en Japón y el mundo. Recibió numerosos honores a lo largo de su vida y, póstumamente, se le otorgó el décimo Dan en judo, el grado más alto, representado por el cinturón blanco, que simboliza un retorno al principio, en consonancia con su creencia en el aprendizaje continuo. Su memoria vive en los millones de practicantes de judo en todo el mundo, que continúan aplicando sus principios en la vida diaria.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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