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1959 AGENDA PROVINCIAL Uturuncos

Adolescentes uturuncos atrapados

El 24 de diciembre de 1959 el grupo los Uturuncos asalta la comisaría de Frías, encarcela a los agentes y se lleva las armas

El 24 de diciembre de 1959, un comando sin armas, los Uturuncos asaltó la comisaría de Frías y mediante una hábil estratagema, encarceló a los policías y se alzó con un lechón asado y se llevó el armamento.


Eran Los Uturuncos, primera armada guerrillera del siglo XX de la Argentina. Su formación tenía como objeto principal el retorno de Juan Domingo Perón al poder, tras su derrocamiento en 1955 por la Revolución Libertadora. El grupo, inspirado en la resistencia peronista y con influencias del contexto revolucionario latinoamericano, inició sus operaciones en diciembre de 1959.
La toma de la Jefatura de Policía en la ciudad de Frías, cercana al límite con Catamarca y Tucumán, fue llevada adelante por un grupo encabezado por Félix Serravalle, apodado desde entonces “Puma” o “Comandante Puma”. Unos 30 guerrilleros, en su mayoría provenientes de Tucumán y Santiago del Estero, algunos de ellos adolescentes, participaron en la incursión.
El ataque consistió en reducir a la guardia de aproximadamente quince hombres, apoderarse de todo el armamento y las municiones almacenadas en la jefatura, y desmontar el equipo de comunicaciones policiales. La operación difícil cerca de veinte minutos y resultó en un éxito táctico inmediato, ya que lograron escapar sin bajas.
Los guerrilleros irrumpieron en la guardia de la comisaría al grito de: “¡Ríndanse!, ¡la revolución ha triunfado!”, mientras los encañonaban con armas de madera, que parecían reales, entre ellas una ametralladora. Encarcelaron a los policías que estaban en el lugar y cuando bajó el jefe, que dormía arriba, de calzoncillos, también lo pusieron preso. De paso se llevaron un lechón que había sido depositado en el lugar, pues era motivo de disputa entre dos vecinos.
La acción de los Uturuncos era parte de un plan de operaciones más amplio, que traería levantamientos militares, movilizaciones sindicales y manifestaciones políticas de sindicalitas, peronistas y la izquierda que se empezaba a infiltrar en ese movimiento. Sin embargo, estos planos no se concretaron debido a divisiones internas en el movimiento peronista y a la falta de coordinación entre las facciones.
El general Miguel Ángel Iñíguez, representante de la derecha peronista, y John William Cooke, líder de las corrientes de izquierda, se disputaban el control del movimiento. Ambos tenían el aval de Perón, pero sus diferencias estratégicas y doctrinarias afectaron la unidad de la resistencia. Cooke impulsaba una lucha armada de estilo revolucionario, similar a la guerrilla cubana, mientras Iñíguez favorecía una estrategia tradicional basada en la organización de grupos armados vinculados al sindicalismo peronista.
Tras la toma de Frías, el grupo se replegó hacia la selva de Tucumán, donde intentaron establecer una base de operaciones. Durante los siguientes cuatro meses, los guerrilleros se enfrentaron a condiciones adversas: clima inhóspito, deserción de dos tercios de sus integrantes, falta de apoyo logístico y la persecución implacable del ejército y la policía.
El aislamiento fue agravado por el bloqueo de sus comunicaciones con periodistas y por el progresivo retiro del apoyo popular que habían recibido inicialmente. La falta de recursos, sumada al abandono de los líderes peronistas que inicialmente habían prometido apoyo, llevó al colapso del grupo.
Poco a poco, los Uturuncos fueron capturados o abatidos por las fuerzas de seguridad. A finales de 1960, la mayoría de los miembros restantes estaban en prisión o dispersos, y la guerrilla dejó de operar como una fuerza organizada.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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