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GENEALOGÍA El fanatismo es sólo católico

Las mentiras anticatólicas valen más que sus verdades

Va un escrito de hace varios años, pero explicado, corregido, aumentado, recauchutado y con algo de sal y pimienta para hacerlo más sabroso

Esto ya lo he escrito antes, lo retoco un poco sólo porque vale la pena repetir la verdad, sobre todo si es la pura verdad. Y nunca hay que cansarse de proclamarla, oportuna e inoportunamente. Si usted dice: “Allá vienen los evangelistas, siempre diciendo lo mismo, siempre jodiendo con los falsos ídolos”, los comprende porque proclaman a los cuatro vientos lo que creen. O indica: “Por el otro wing se acercan los radicales, que siempre te quieren chantar a su Yrigoyen, a su Além, a su Alfonsín”. Por más que no le gusta ninguno de sus próceres, entiende a los radicales y sabe que todos los días de su vida se van a alabar de sus ideas, porque es algo así como su religión, ¿no? Lo hacen a tiempo y a destiempo, en una reunión social, en el colectivo, en la confitería, en la casa de los parientes, de lunes a lunes, desde que se levantan hasta que se acuestan. Y son gente normal, ¿ha visto?
Ah, pero uno sale, quizás tímidamente, a indicar que es católico, apostólico, romano, antes de oir cualquier cosa que usted tenga para decir, le chantan en la perra cara que es un fundamentalista, un talibán fanático, un oscurantista medieval, un intolerante, un exaltado defensor de la pedofilia, de los que va los domingos a misa solamente a golpearse el pecho a dos manos, arrodillarse, en el mejor de los casos frente a estatuas, y en el peor, ante un tipo con vestido y lucir su ropa nueva y come hostias y caga diablos y todo eso, ¿no?
Bueno, decía que ya he escrito esto mismo en otro lado, pero lo repito aquí, porque bien vale la pena recordarlo, ahora que viene la fecha en que vuelve a nacer el Niño Dios, no solamente en los corazones de los creyentes sino en la realidad. Después de leerlo, ódieme de la manera que mejor le parezca, pero si todos tienen derecho a decir su verdad, ¿por qué no voy a proclamar la mía?
Lo que dije entonces era esto:
San Mateo trae en el primer capítulo de su Evangelio, la genealogía de Nuestro Señor. Afirma que desciende de Abraham y, por lo tanto, del mismísimo rey David. Después lo dice clarito para que, el que quiera oír, oiga. “Estando desposada su madre María con José, sin que antes hubiesen estado juntos, se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. Mas José su esposo, siendo, como era, justo, no queriendo infamarla, deliberó dejarla secretamente”.


Tenga mano compañero, deténgase en ese párrafo, porque hay muchos que han leído la Biblia y han entendido otra cosa, quizás porque sus muchos estudios no les han permitido abrirse a la profundidad de estos relatos. Porque ahí está clarito: “Había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo”. Qué más quiere hacer que diga el Nuevo Testamento, no se sabe, pero no son los de afuera, los que malinterpretan los Sagrados Textos como se les antoja, los que interpelan este párrafo. Que, si fueran esos nomás, tendríamos cómo correrlos con la vaina. Porque desde siempre cuestionaron esas ocho palabras: “Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”. Como si Dios mismo, que Creó el redondo mundo e hizo al hombre a su imagen y semejanza, no fuera capaz de hacer concebir y parir a una mujer, sin conocer hombre.
Lo peor amigo, es que, quienes lo dicen ¡son propia tropa!
Es gente que supuestamente militaba en estas filas, la que sostiene teorías extrañas sobre un asunto que es esencial para nuestras creencias. Porque, o María era Virgen y los libros de estos expertos deberían ser quemados en hoguera pública. O no lo era y entonces deberíamos dejar en cenizas todos los templos católicos, apostólicos, romanos alrededor del mundo, porque se ha venido enseñando una mentira.
Es cierto que el alma humana se rebela ante lo que no entiende. Para concebir un hijo, una mujer debe, necesariamente haber estado con un hombre, como lo hicieron su madre, su abuela, su bisabuela y su mismísima señora, amigo. “No hay otra forma”, chillan. Porque no creen en Dios.
Entonces buscan otras explicaciones: Que ese Evangelio fue escrito para los griegos o para los judíos o para los romanos o para los extraterrestres, que pedían que la Madre del Salvador fuera virgen. Como si hubieran sido novelas fabricadas a base de encuestas. Por eso había que ponerles una virgen, desde el primer capítulo del primer libro del Nuevo Testamento.
Equiparan a los evangelistas con los actuales gurúes de la propaganda de la tele, que en vez de dar testimonio de lo que vieron u oyeron, eran mentirosos bien pagos con el encargo de fundar una religión que durase más de 2000 años y contando. 
Pero, ¡haga el favor!, ¿quiere?
Uno de estos días, cualquiera va a venir con la historia de que el pecado original no existe, que es una bonita licencia poética para obligarnos a que llevemos a nuestros niños a bautizar o van a decir cualquier otra paparruchada por el estilo, ya va a ver.
¡Ah!, ¿ya lo han hecho?
Pero, ¿no le digo?
Juan Manuel Aragón
A 9 de diciembre del 2024, en Fisco Grande. Preparando los lechones para Año Nuevo.
Ramírez de Velasco®

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