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1870 CALENDARIO NACIONAL La Nación

Bartolomé Mitre

En 1870 fue lanzado el diario fundado por Bartolomé Mitre: cómo funciona ahora y cuál podría ser el destino del periodismo


El 4 de enero de 1870 se  publica la primera edición del diario La Nación. Es un periódico tradicional, de tendencia conservadora. Es parte del canal de televisión La Nación+ y de la tarjeta Club La Nación.
Su fundador fue Bartolomé Mitre dos años después de haber terminado su mandato como presidente.​ Fue la voz del “mitrismo” y de los partidos políticos que respaldó: Partido Nacionalista, Unión Cívica Nacional y Partido Republicano.
El 15 de abril de 1909, tres años después del fallecimiento de Mitre, sus herederos decidieron formar una sociedad anónima, entre los hijos sobrevivientes y los nietos sucesores de los otros hijos ya fallecidos.
El grupo La Nación es un holding de empresas que tienen acciones de la única fábrica de papel prensa del país, controla total o parcialmente el canal de televisión LN+ y revistas como Ohlalá, Brando, Rolling Stone, Living, Lugares, ¡Hola! Argentina y Jardín, una empresa de eventos, la tarjeta Club La Nación, el sitio de noticias lanacion.com y el estadio Buenos Aires Arena.
La empresa madre, la sociedad anónima La Nación, es controlada desde 1996 por otra sociedad, MNMS Holding, cuya propiedad es en un 70 por ciento de un grupo inversor con sede en las Islas Caimán de nombre Barton Corp. y en un 30 por ciento de la familia Saguier.​ Una de sus principales accionistas, Esmeralda Mitre, dijo que Mauricio Macri, canceló parte de una deuda millonaria en dólares de la familia Saguier, accediendo así al control del grupo.​
La circulación del diario en papel mermó en los últimos años, de tal suerte que en este momento vende menos de 90.000 ejemplares semanales. En el 2019 era el segundo diario más leído de la Argentina en formato impreso, detrás de Clarín,​ y el tercero en formato digital, detrás de Infobae (imbatible en el primer lugar) y Clarín.​
Desde el 29 de enero del 2019 se imprime en los talleres gráficos del Grupo Clarín. Su redacción está en los primeros pisos de la Torre Al Río, sobre la Avenida del Libertador 101 en Vicente López, provincia de Buenos Aires.​
Los grandes diarios porteños están heridos de muerte, se sostienen por los otros negocios que las sociedades que los constituyen han ido engendrando, pero no hallan la manera de seguir subsistiendo en un momento en que la información se ha vuelto líquida y no corre por los surcos que venía trazando hasta hace unos 20 o 30 años.
Internet y sus redes son la gran trampa en que están sumidas millones de personas que actúan al impulso de emociones muy primarias, al menos en esta parte del mundo. Los diarios dejaron de ser la referencia, el norte, al compás de una grieta que es mundial, la redacción de las noticias se hizo una cuestión maniquea, son redactadas en colores fuertes, blanco o negro.
En el afán de conservar lectores, la mayoría de los diarios hizo extremas sus opiniones, sin conceder, aunque sea una luz de razón a quienes consideran del otro lado del abismo. Para peor, a la juventud, prendida a sus teléfonos móviles, no le interesa lo que dicen en largas crónicas sus periodistas “estrella”.
El diario La Nación era el último que respetaban los argentinos cuando el mundo temblaba a sus pies, el que tendría la palabra moderada, la editorial bien pensada, la crónica certera, la información veraz. El perder ese norte contribuyó también a la caída en las ventas, un poco de ecuanimidad habría alargado su agonía, al menos un tiempo más.
En el siglo pasado murieron las talabarterías, se extinguieron las levitas, el sombrero pasó a ser una antigualla o un disfraz, las ciudades que lo tenían perdieron el tranvía, las casas chorizo se tumban o se reciclan con otros fines, se abandonó la lectura de libros como fuente de conocimientos u objeto de esparcimiento, desaparecieron las familias extendidas, murieron la mayoría de los clubes de barrio o sobreviven apenas, dejó de ser influyente la televisión, abrieron sus puertas los “barrios cerrados”, desaparecieron los kioscos de revistas y las librerías. ¿Por qué no le iba a tocar a los diarios, por más tradicionales que fuesen?
Bueno, si ha llegado hasta aquí, le dejo como tarea, pensar de qué manera se podría informar con ecuanimidad y verdad a las próximas generaciones, si es que se interesan, por supuesto.
Tenga a bien escribir la respuesta abajo, por favor.
©Juan Manuel Aragón

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