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POLÍTICA Una idea para debatir, mejorar o desechar

Cargada con cebollas

“Quienes estudian la vida de Alejandro Magno, sostienen que parte de su genio era aplicar soluciones astutas”


¿Qué es la obsolescencia programada? Vamos a Wikipedia: “Es la determinación del fin de la vida útil de un producto, para que, tras un período de tiempo calculado durante su fase de diseño, se torne inoperante, inútil o inservible por diversos procedimientos, como falta de repuestos, induciendo a los consumidores a la compra de un nuevo producto que lo sustituya”.
En la Argentina está instalada una de las tantas crisis económicas y financieras que, como enfermedad recurrente, vivió durante los últimos 80 o 100 años, según la mayoría de los especialistas. La prolongada cuarentena por la pandemia, la sequía, la guerra en Ucrania son las razones que sostiene el gobierno para justificar la inflación. La oposición sostiene que esta crisis se debe a la impericia del gobierno. Y los argentinos sabemos que, si la oposición fuera gobierno diría lo mismo que dice ahora el gobierno, y el gobierno gritaría como oposición, con los mismos argumentos que esgrime la oposición. Si no entiende, léalo otra vez.
La cuestión es que, para salir adelante se necesitarán varios años de ajustarse el cinto, postergar ilusiones, encarar una forma de vida más austera, soportar las inevitables tormentas mundiales con menos paraguas. Habrá entonces que recurrir al ingenio, como hicieron los españoles después de la Guerra Civil: inventaron el turismo que se regodeaba con sus fiestas baratas —como soltar toros bravos persiguiendo gente por las calles de una ciudad— y populares. Los toros no eran muy caros, trancar las calles para hacerles el callejón salía barato y se llenaba de visitantes gastando a lo tonto. El turismo para que el mundo observe su pobreza, salvó a muchos españoles de la miseria.
Por la puerta de mi casa suelen pasar camionetas cargadas de verduras que vienen del mercado de Abasto de La Banda, rumbo al sur de la ciudad. Casi todas son Ford F100, que no se fabrican desde 1992, las más nuevas tienen al menos 31 años. Son todavía las mejores para llevar cargas pesadas en trayectos más o menos cortos, ideales para el acarreo de bolsas de cemento, de harina, azúcar, postes, fierros, sanitarios, maderas, muebles, en fin. La solución sigue siendo un vehículo que no se fabrica desde hace 30 años.
El primer fabricante que se decidiera a fabricar un vehículo ágil, fuerte, dinámico, versátil y con materiales nobles, durables y una eficiente cadena repuestera, quizás podría pegar un buen golpe de mercado en la Argentina de la crisis que se vive ahora, y en los aciagos tiempos que se vienen al galope.
Debería ser algo así como el Volkswagen Escarabajo que se fabricó sin muchos cambios, desde 1938 hasta el 2003. Durante 65 años circuló por las calles de todo el mundo el mismo modelo, sin que a quienes lo compraban se les cayera ningún anillo por eso. La filosofía de su fabricación, al revés del resto, sostenía que cada pieza debía ser cambiada si era absolutamente necesario. Se lo abarató de tal forma que, en muchos lugares del mundo era el auto de los jóvenes, de los pobres, de la gente que no tenía para el último modelo.
Cualquier cosa que se fabrique en serie con la premisa de que debe durar lo más posible va contra la lógica del mundo actual, es antediluviano pensar de esta manera. Está bien. Pero se debe tener en cuenta que, si se empezaran a arreglar los problemas de la Argentina, habría necesidad de un transporte más barato, pues la economía deberá moverse con más dinamismo. Al menos para los primeros durísimos tiempos que se avecinan, miles de pequeños y medianos empresarios necesitarán abaratar costos, entre cosas, no cambiando la camioneta cada dos años, como ahora.
No digo que se vuelva a la Ford F100 —aunque no estaría mal— sino que, en todo lo que sea factible de producirse en el país, se hagan al menos dos modelos, el que esté de moda y el que va a durar algo más, empezando por las planchas, siguiendo con cocinas, lapiceras, heladeras, computadoras, anteojos, teléfonos móviles, portafolios, camiones, sombreros, roperos, motocicletas, ceniceros, roperos, automóviles, sillones, termos, mochilas, puertas y ventanas, hornos a microondas, bicicletas, cuadernos. Todo, es decir. Y no como una imposición del gobierno sino por una necesidad nuestra.
Quienes estudian la vida de Alejandro Magno, sostienen que parte de su genio era aplicar soluciones astutas a los difíciles problemas que planteaban los enemigos. En la batalla de Gaugamela, sus soldados no llegaban a 50 mil, mientras el de Darío reunió entre 100.000 y 240.000. El genio militar de Alejandro residía en un estudio prolijo del enemigo, invención de armas acordes para pelearle, en el coraje de sus hombres, en la elección del campo de batalla y, por supuesto, en el espíritu patriótico de su ejército.
Bueno, si alguien se decidiera a poner en marcha una fábrica de camionetas que duren y rindan, ese hecho podría convertirse en el primer paso para luego reactivar los ferrocarriles, que derrumbamos entre todos y miles de pequeñas fábricas que se cayeron del mapa durante los últimos 50 años. Buscar soluciones creativas para cada problema podría ser la premisa de los próximos cinco o diez gobiernos argentinos, tengan la ideología que fuere.
Báh, digo. Capaz que este escrito se equivocó de cabo a rabo, en una de esas sea impracticable desde el principio al fin. Si es así, a vuelta de correo explique por qué, dé sus razones, exponga sus motivos, sostenga sus opiniones. En una de esas lo que está haciendo falta para sacar el país adelante es que nos pongamos de acuerdo, aquí abajo, en tres o cuatro asuntos factibles de cumplirse, en vez de debatir sobre candidaturas ajenas, especulaciones sobre internas, discursos ampulosos, campañas electorales, grietas fomentadas, encuestas de opinión, besuqueos a niños, fotos con pobres, operaciones de prensa, opiniones interesadas de uno u otro lado.
Anímese.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Para luchar contra la obsolescencia programada, hay gobiernos que están exigiendo que las garantías de calidad de los productos se extiendan al menos 5 años. Con ello las piezas programadas para romperse serían más robustas y ya sería difícil de controlar su rotura a tanto tiempo, por lo que durarían mucho más.
    Lo más difícil de controlar es el interés del público por adquirir productos con alto grado de complejidad innecesaria, que tienen más componentes que se pueden dañar, y una cantidad de funciones que nadie usa.
    Además de la afectación económica al usuario, la obsolescencia programada genera exceso de residuos contaminantes y costosos de desechar, por lo que es deseable encontrar soluciones.

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  2. Cristian Ramón Verduc21 de marzo de 2023 a las 13:05

    Para las soluciones patrióticas hacen falta patriotas; no sirve ese juego diario entre obsecuentes y reyezuelos, entre descarados explotadores y alegres explotados. Las casas de gobierno y demás edificios públicos tienen que dejar de ser cuevas de manejos partidarios y ser de una vez por todas lo que deben ser: Lugares de trabajo para administrar de la mejor manera el bien común y buscar una mejor calidad de vida para toda la población, y no sólo para quienes integran esas patéticas parodias de monarquías.

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