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DE MEMORIA Crónica del último duelo de Santiago

Duelo de película de cowboys

Fue la vez que dos diputados se quisieron batir en el campo del honor y como no sabían qué hacer recurrieron al heraldista Santiago Carrillo


El último duelo fallido de Santiago del Estero, se dio durante la gobernación de César Eusebio Iturre, principios de la década del 80 del siglo pasado. En la Cámara de Diputados de la provincia se dirimía no solamente la política de la provincia, sino que también se forjaban odios profundos y duraderos. En esos tiempos, los legisladores provinciales llevaban al recinto, el mandato de sus electores y del partido por el que habían sido elegidos y en el fragor de los debates, se suscitaban antipatías políticas y también personales.
En esta crónica no se consignará los nombres de los duelistas por respeto a sus descendientes, sólo se dirá que uno de ellos era ingeniero y pertenecía a la Unión Cívica Radical y el otro, abogado, siempre enancado con los triunfadores, en una de las dos facciones del Partido Justicialista, para demostrarles, aunque fuere a última hora, su adhesión incondicional y de siempre, como corresponde. Ganaban los unos, estaba con los unos, ganaban los otros, era de los otros.
El caso es que luego de una sesión de la Cámara de Diputados que, en ese tiempo se reunía en el espejado salón de baile del teatro 25 de Mayo, no solamente se cruzaron palabras, sino que hubo una patada volando casi de incógnito y por detrás, hasta la humanidad del ingeniero radical quien, como dato de color hay que anotar que durante su juventud había sido boxeador. Quien lanzó la patada era el peronista.
Fue un episodio más o menos escandaloso para aquellos tiempos, cuando había diputados en Santiago del Estero: todos los días se cruzaban en discusiones más o menos enjundiosas, los radicales, siempre en minoría usando su tradicional verba florida y los peronistas respondiendo muchas veces desde el mutismo, pues sabían que a la hora de votar contaría su número más que sus palabras.
Luego de varios días de aquel rifirrafe, apareció, en un suelto del diario El Liberal, la noticia de que se habían retado a duelo. En verdad, si aquellas ofensas se proferían en el siglo XIX, sus protagonistas debían zanjar sus diferencias en lo que se llamaba el “campo del honor”. Pero a esa altura del bailongo, el siglo XX estaba bastante avanzado y no había ni siquiera memoria de cuándo había sido el último lance en el campo del honor en Santiago.
Los únicos que se conocían —y siguen hasta hoy, lamentablemente— eran los llamados “duelos criollos”, al estilo Martín Fierro, cuando dos borrachos, luego de estar libando durante varias horas, comienzan una discusión, van elevando su tono y finalmente se agarran con cuchillos de cocina o lo que tienen a mano.
Los santiagueños conocían del asunto, porque cuando la escuela llevaba a los chicos a visitar el Museo Histórico de la calle Urquiza, les mostraban pistolas de duelo que habían sido de Absalón Rojas. Luego en el aula, preguntaban al maestro qué eran y para que servían esas armas.
También tenían la idea de las películas de cowboys, cuando se enfrentaban en la calle principal de un pueblo y el que desenfundaba primero su arma y mataba al otro, ganaba. Como dato adicional, en esas viejas cintas, a los duelistas se los enfocaba de unos centímetros de la rodilla para arriba, para mostrar desde cerca los revólveres. El encuadre quedó, desde entonces, con el nombre de “plano americano” y es conocido por los fotógrafos profesionales. Pero no se sabía mucho más y nadie iba a tomarse el trabajo de ir a la biblioteca 9 de Julio para averiguar.
Un comedido consultó a Santiago Carrillo, consumado guitarrista y especialista en heráldica, pues era lo más parecido a un experto en estos lances que pudo hallar. Le contó que ya tenían un lugar para batirse, un campo en que criaban pollos, pero les faltaba decidir el resto, las armas a emplearse, cuántos médicos debían ir, qué debían hacer exactamente los padrinos.
Sentado en una de las primeras mesas del bar “Odio y rencor”, de los hermanos Ari y Ramón Paz, Santiago oyó todo lo que el otro tenía para decirle y simplemente le respondió:
—Es un duelo imposible.
—¿Por qué?
—Porque ese lance se da entre caballeros y ninguno de esos dos es caballero.
Y agregó:
—Hubieran elegido un lugar acorde, no sé, como la terraza del Banco Español. Pero, ¿en una pollería?, ¿dónde se ha visto?
Y no hubo duelo.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. "......siempre enancado con los triunfadores", "Ganaban los unos, estaba con los unos, ganaban los otros, era de los otros."
    Mmmmmmm......dejame pensar.......está difícil esta........vas a tener que dar más datos porque tengo como 80 sospechosos.......estás hablando prácticamente de todo el bloque de diputados......

    ResponderEliminar
  2. Lo recuerdo y la cronica que publicó el liberar. Me parece que el duelo inmediato iba a ser a golpes. Uno salió arremangado pero no se llevó a cabo por los impresidibles "separadores".

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  3. Uno ...EL BELGRANO SANTIAGUEÑO?

    ResponderEliminar
  4. POLLO CRUDO moreno.... jajajjajajaja

    ResponderEliminar

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