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1904 CALENDARIO NACIONAL Escardó

Florencio Escardó

El 13 de agosto de 1904 nace Florencio Escardó, conocido pediatra, sanitarista, escritor y periodista


El 13 de agosto de 1904 nació Florencio Escardó, en Mendoza. Fue un conocido pediatra, sanitarista, escritor y periodista. Era nieto del escritor argentino-uruguayo Florencio Escardó del siglo XIX, con quien suele ser confundido.
Fue médico imitando a su abuelo de apellido Taborda, cirujano del ejército portugués. Cursó la secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1929 egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Fue Decano de la Facultad de Medicina en 1958, y luego vicerrector de la Universidad de Buenos Aires y convirtió en mixtos los regímenes masculinos de los colegios Colegio Nacional de Buenos Aires y Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini.​ Su iniciativa fue resistida y polémica.
Su cátedra fue la autora de la creación del primer laboratorio de bacteriología pediátrica, un centro audiovisual importante, un pabellón de psicología con ocho consultorios y una sala de terapia para grupo, un laboratorio de isótopos reconocido por la Comisión Nacional de Energía Atómica.​ Creó, además, la residencia de Psicología Clínica.
Fundó la "Escuela para Padres del Hospital de Niños", y en su cátedra instituyó el trabajo para incluir la realidad de las familias asistidas: sus alumnos realizaban trabajo asistencial y comunitario en la isla Maciel.​ En 1976 lo dejaron cesante de todos sus cargos.
Si bien su carrera en hospitales comenzó en la maternidad Samuel Gache del hospital Rawson, su labor descollante fue en el hospital de niños Ricardo Gutiérrez, en el que llegó a ser Jefe de Servicio de la Sala 17 y director, duranta una carrera de 45 años. Desde allí impuso una reforma para beneficiar la recuperación de los niños: la internación de las madres con los pacientes para mantener el vínculo afectivo.​
Hasta entonces las madres visitaban a los hijos internados de día, entre las 5 y las 7 de la tarde, después eran alimentados con mamaderas que colgaban de soportes metálicos sobre las cunas. Esa imagen lo conmovió cuando visitó el servicio a los 22 años, y modificó el sistema de acceder a la jefatura de la Sala: “¿Qué puede tener de revolucionario pensar que las madres deben estar con sus hijos enfermos? ¿Cómo alguien puede aprender pediatría si no se está al lado la madre? Tardé treinta y dos años en conseguir que las madres entraran a la Sala en el Hospital de Niños –¡treinta y dos años!– Es lo único de lo que estoy orgulloso en la vida”, dijo.
Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y miembro titular de la Academia Porteña del Lunfardo.
Hizo el guion de la película La cuna vacía, dirigida por Carlos Rinaldi. En la actualidad tiene su nombre el Hospital Materno Infantil de Tigre, en la provincia de Buenos Aires.
Fue escritor científico y profesional, y de otros asuntos relacionados con la salud y la familia. En 1969 publicó la Enciclopedia Gastronómica Infantil y fundó la revista Mamina.​
En el rubro "humor" escribió bajo el seudónimo “Juan de Garay” y “Piolín de Macramé”. Como “Piolín de Macramé” en 1921, comenzó a publicar la columna "Palabras sin objeto", luego llamada “¡Oh!”, “Cosas de argentinos” y “Cosas de porteños” las que aparecieron en Crítica, La Razón y La Nación.​
En 1940 la editorial chilena Ercilla editó una recopilación parcial, luego El Ateneo de Buenos Aires hizo otra edición más completa y en 1957, Rueda lanzó una reedición. En 1964 el diario El Mundo de Jacobo Timerman lanzó 75 nuevos “¡Oh!”, compilados por Americalee en dos ediciones. En 1982 volvieron a aparecer los “¡Oh!” en la revista Caras y Caretas.​
A la ciudad le dedica Geografía de Buenos Aires, seguido de un tardío Nueva Geografía de Buenos Aires, y la letra de dos tangos “La ciudad que conocí” y “¿En qué esquina te encuentro Buenos Aires?” a los que pusieron música Atilio Stampone y Julio de Caro. Al colegio de su secundaria, el Nacional Buenos Aires, le dedicó el libro de recuerdos La casa nueva. Y fue autor de varias poesías.

¡O!, el amor
Por Piolín de Macramé
I
Cada uno define el amor según su temperamento. O su falta de temperamento. Y lo utiliza para una serie de cosas. Literatura. Poesía. Entretenimiento. Negocio. Matrimonio. Y hasta para amar. A veces.
Se llaman amor las sensaciones que nos hacen encontrar adorable a una persona. Que los demás consideran atroz. Casi siempre. Y soportarla. Nosotros. Y hacernos soportar. Que tampoco es grato. Frente a alguien nuestros defectos aparecen duplicados. Y necesariamente tenemos que verlos. Es como si se multiplicaran por dos. Porque tienen su volumen natural y el que les agrega el comentario. Y las virtudes no se cuentan. Porque se suponía que tendríamos más.

II
El amor es eterno. Lo dicen los clásicos y es inculto dudarlo. Lo que cambia es el sujeto. Se vive en permanente estado de amor. Cuando no sabemos a quién aplicarlo, nos sentimos fracasados.
También dicen los clásicos que el más intenso es el primer amor. Pero es que cada vez creemos que es el primero. Y lo decimos. De modo que no mienten los clásicos. No nosotros. Amamos mientras parecen verdad mentiras como esta. Luego no dejamos de amar. Dejamos de creer. Que es lo mismo. De creer esas mentiras. Pero creemos otras. Es decir, Volvemos a enamorarnos. A veces de la misma persona. Que en realidad sirve de pretexto para dar salida a sentimientos propios. Que no pueden salir sin pretexto. Como algunos maridos. Y casi todas las mujeres. Aunque nadie se lo exija. Lo hacen para sentirse tiranizados. Que es otra de las causas por las cuales buscamos el amor. Porque nadie sabe qué hacer con su libertad. Por eso las mujeres cultivan el prejuicio. Los hombres vulgares los negocios. Y los selectos el pensamiento. Necesitan sentirse prisioneros. De la murmuración. Del horario. O de una idea. Los pueblos, más sencillos, prefieren darse malos gobernantes. Así poseen un dictador para todos. Casi siempre legalmente elegido.

III
En amor siempre se persigue la victoria. Que a veces consiste en que nos derroten. Pero no vence el más fuerte. Ni el más débil. Ni el más apasionado. Vence el que extrae de la presencia y de la ausencia bastante ilusión como para llenar el propio espíritu. Y la propia soledad. Irremediablemente y definitiva. Eterna.
Cuando un hombre dice "Te Amo", piensa en conquistar alguna mujer. Cuando una mujer dice "Te Amo", piensa en casarse. Aunque sea con el que la escucha. Para ambos el amor es idéntico de forma. Lo que varía es la finalidad. Que unos y otros concluyen por alterar.

IV
La costumbre pasa por enemiga del amor. Y es su verdadera aliada. Porque el amor sería insoportable si no nos habituáramos a él. Vivir pendientes de una llamada telefónica. O del cartero. Aprender a distinguir una manera de tocar el timbre. Tales tareas impone el amor. Lo cual es realmente fastidioso. Pero tolerable si pensamos en las enamoradas de antaño. Que traducían la presencia del novio por las pisadas de su caballo.
Hay el amor teatral. Que no siempre se desarrolla en un escenario. Es el que se nutre con grandes declaraciones epistolares. Amor de papel "maché". Y el amor tímido. Que no se nutre con nada. Y el amor romántico. Que vive al amor de la luna. Y muere de avitaminosis. Y el amor leal. Que cultivamos secretamente. Para poder seguir burlándonos de los enamorados.

V
Yo no sé nada del amor. Es decir, estoy en estado perfecto de aprendizaje. De comenzar el aprendizaje. Así me limito a transcribir lo que me manda mi admiradora incógnita. Lástima que sea tan corto. Y me haya obligado a agregar estos pedazos. Cabeza y cola. Como para hacer una sirena de una mujer cualquiera. Sépase sin embargo que yo soy un enamorado. Un enamorado del ocio. Como todos los trabajadores. Pero que agradezco los regalos. Aunque sean un poco corto.
©Ramírez de Velasco

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