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INSTRUCCIONES Los mocos: extracción

Testut - Latarjet

Una actividad que debe llevarse adelante como un apoyo a momentos de sana meditación o espera en los semáforos


Este escrito fue publicado, también con mi firma, en otros sitios de internet, pero es increíble la cantidad de gente que pregunta por los métodos más eficaces para —digámoslo con elegancia— extraer las mucosidades adheridas en forma rebelde a las paredes de la nariz (fosas nasales suena a cueva) y por eso se repite aquí, cual breve infolio destinado a grandes y chicos.
Digamos para empezar que una instrucción para sacarse los mocos debiera reseñar que debe buscarse un momento de sana meditación, pensamientos elevados para practicarlo, preferentemente en soledad, aunque a veces no haya más remedio que hacerlo en público, sobre todo cuando se sospecha que amenaza con asomarse por uno de los dos orificios. O por los dos.
Para comenzar se debe poner la mente en blanco, mirar hacia arriba y fijar la vista en algún objeto lejano, una nube pasajera, un eucalipto que sobresale de la casa del vecino, un perro que, en la otra cuadra se las rebusca mordiendo un hueso viejo, cualquier cosa que aleje del mundanal ruido y ponga a quien comenzará esta ardua tarea en posesión de su yo más íntimo, su propia esencia, su mismo ser siendo en sí mismo.
Si el moco se negara —o negase— a ser extirpado, ya sea porque quedó enredado entre los pelitos de la nariz, ya por una natural predisposición que tiene a permanecer a la sombra, aplique el dedo índice contra las paredes, tratando de ubicarlo como dicen que hacían algunas parteras con las madres cuando uno no se quería acomodar para nacer: deberá aplastarlo aplanándolo sin piedad ni compasión, cosa de hacerle ver quién manda, carajo. 
Si tiene la suerte de que, de una el moco se deja prender, pellízquelo con los extremos más bravos de las uñitas, entonces todo será pan comido, en este caso se debe tirar de él, para luego proceder a su -digamos- inhumación. De otra forma, se intentará primero hurgar lo que se pueda con el índice y si también se niega a emerger a la superficie, se lo atacará con el meñique, último recurso antes de recurrir a arbitrios más expeditivos y musicales, como sonarse la nariz.
Los mocos se clasifican en tres grandes grupos principales: blandos y pegajosos, son los butaqueros, duros o rebeldes, que vienen acumulados de hace dos o tres días y eclécticos, también llamados ni muy muy ni tan tan. Los tipo agüita quedan fuera de este análisis y serán tratados quizás más adelante.
El blando es más fácil de extraer, pero tiene la desventaja de que después no hay cómo tinquiarlo porque se adhiere ora a un dedo, ora a otro y, por más que uno se esfuerza, no se quiere ir: es el que finalmente queda pegado debajo de la silla o la butaca y de allí su nombre. En cierto sentido y como paradoja, el rebelde es como más amigable, una vez que se lo toma correctamente de una arista sobresaliente y se completa la operación con éxito, brinda una satisfacción más honda. En ocasiones no es difícil hacerlo una bolilla y uno, siempre mirando para otro lado, lo tirará por cualquier parte, con indiferencia, meditando asuntos filosóficos o de alta política internacional.
El ecléctico es duro, por una parte, pero gomoso por la otra, un traidor que aprovecha de la primera condición para dejarse pillar con tranquilidad, pero luego se prende con todas sus fuerzas para no salir. Da pelea ese maldito, como que no quiere dejar la tibieza y comprensión que halla en las oscuridades de la nariz y pugna por quedarse.
Ha de anotarse como una curiosidad de los tiempos modernos, que siempre que alguien se detiene en un semáforo con un auto al lado, si observa bien su conductor no está mirando el celular sino que se extirpa un moco como si fuera actividad de tiempos muertos en grandes avenidas o calles muy transitadas. A veces ese vecino es usted mismo.

Leer más: una moda de tilingos se ha impuesto en el mundo, como si se necesitara esa marca para ser parte de la sociedad

También es notable el hecho de que los mentirosos, al ser confrontados con sus mendaces dichos, se tocan la nariz levemente. Casos se han visto, empero, de embusteros compulsivos que se eliminan imaginarios mocos al tiempo que confiesan asuntos que nada tienen que ver con la realidad de los hechos. Los policías siempre están atentos a estas señales para confirmar sospechas, resolver crímenes o establecer autorías de hurtos diversos.
Este escrito estará sometido seguramente, a infinidad de críticas, pero los lectores sabrán comprender que hay poca bibliografía sobre el tema, salvo alguna referencia hallada en el Compendio de Anatomía Descriptiva de Jean Léo Testut y André Latarjet, editado por Salvat, por lo que quienes se aventuran a tratarlo deben navegar por aguas desconocidas.
Y es todo, amigos.
©Juan Manuel Aragón
A 6 de octubre del 2023, en el patio de casa. Recordando a mi mamá en su cumpleaños

Comentarios

  1. Tema,jaj el moco,pero q real observar a los hombres en los semáforos y todos se horneando,como clasicamente ,asquerosidad jaja

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