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TARAS Crean un idiome impronunciable, ideal para cretinxs

Guiso de mondongo

El progresismo reclama el cambio de palabras, pues se ofende sus sentimientos políticamente correctos (perdón, correctxs)


Teníamos un idioma maravilloso, cada letra con su sonido preciso, determinado y sus muchas excepciones, cada una justificada debidamente. Durante siglos la gente lo había venido formando de forma tranquila, algunos cambios demoraron siglos en consolidarse. Viejas discusiones sobre el uso de la “i” o de la “y”, de la “h” (¿si es muda para qué existe?), se fueron zanjando, en algunos casos a favor del sentido común, en otros por respeto a la fonética, la etimología, la gramática, la semántica, en fin.
Hay letras que cuando están solas, son casi impronunciables, como la “c”, la “k” o suenan ridículas como la gutural “j” o la risible “l”. Entre todas hay una, la equis que directamente es imposible decirla, sin compañía de una vocal al menos. Como “éxito”, “extra” o “México”. Suena como “cs”, casi un ruido hecho con la boca.
Es claro que el idioma escrito cumple la función de que alguien lea lo que se puso en un papel o se envió por la computadora. Salvo que sean apuntes, en cuyo caso están permitidas todas las abreviaturas y los “palabros” que a uno se le ocurran. Pero si se redacta algo con la intención de que perdure, siempre se debe pensar en que otro lo leerá.
La escritura es un medio de comunicación que nos viene de unos 5000 años antes de Nuestro Señor Jesucristo. Empezó en forma de comunicación comercial y luego se fue perfeccionando de tal manera que cuando alguien quiso escribir la historia del asedio, la toma y el incendio de Troya y las andanzas posteriores de Odiseo, por primera vez halló un medio para hacerlo. Y parió el idioma puesto en otra forma que no fueron palabras dichas en el aire de un fogón, en un campamento, en el almuerzo familiar.
Llama la atención entonces, que luego de todo el pulimiento que tuvo el idioma español, lleguemos a un punto en que haya que inventar un sonido nuevo para la “x”. Por un capricho pseudo político de unos cuantos que se creen iluminados por la cultura de la cancelación, debemos esforzarnos en aprender su lectura cuando dicen “todxs”. ¿Se debe pronunciar “todcsos”, “todcsas” o cómo diablos hay que hacerlo para que no ofender sus castos oídos?
Veníamos avanzando medio a los tumbos, por cada Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, había cientos o miles de pobres o mediocres escritores —entre los que honrosamente me cuento, con los paupérrimos, digo— que tiraban para atrás la literatura mundial. Algunos de los malos escritores tenían por ahí algún acierto que los hacía trascender las fronteras de su ciudad, su comarca. Pero el carro era llevado no solamente por la gente común, sino también por los que fundaban en cada libro casi un nuevo idioma con la genialidad de su pluma, daban vuelta reglas asignadas o imponían nuevos modismos que, con el tiempo se volvían coloquiales, comunes, corrientes.
Contra ellos y quizás por una rebeldía provinciana, algunos se están dando a la tarea de hacer pedazos la belleza del idioma español, ideando nuevas formas de escritura que hasta son difíciles de tipear para un mecanógrafo experimentado. No solamente el “todxs”, sino también el “todos, todas, todes, todis y todus” han empobrecido la comprensión de cientos de miles de lectores que no saben si pensar que quien las escribe es un orate o un cretino, en el sentido médico psiquiátrico de ambos términos.
Es gente que tiene los tiquismiquis de las viejas tías de antaño, a quienes algunas palabras les herían los sentimientos: evitaban la palabra “teta” para referirse a la teta de las madres y decían “pecho”, no querían articular “fornicar” y preferían “hacen sus cositas”, el término “hembra” como femenino de “hombre”, lastimaba sus castos oídos. Y uno pensaba: “Todos los grandes premios Carlos Pellegrini que tiene corridos esta mujer, y mirá con lo que se viene a molestar”.
El progresismo actual, que reivindica uno por uno los más de 100 mil asesinatos cometidos por la izquierda en todo el mundo durante el siglo pasado y lo que va de este, se ofende si alguien dice “todos los hombres del mundo”, porque según ellos, supuestamente la expresión no incluye a las mujeres. Pretenden tirar abajo toda la literatura mundial a fuerza de obligar al uso de un nuevo idioma que reclama cada vez más adeptos para sus términos, salidos del manual del resentido crónico.
Por ahora solamente piden adhesiones, más adelante será una obligación surgida de la ley y al final mandarán a la cárcel a quienes hablen o escriban como el pueblo llano. Habrá que traducir a todos los grandes escritores, desde José Hernández hasta Leopoldo Lugones (ya no será “la casita del hornero” sino la casita del hornero, la hornera, le hornere y le horner@”) pasando por Rubén Darío y la Sonatinx (“lx Princesx está triste, qué tendrá lx Princesx”), y el resto, repleto de los lugares comunes del machismo y la falta de empatía con las luchas femeninas actuales.
¿Saben qué?, si no les gusta cómo habla la gente que no tiene sus pobres prejuicios de clase social universitaria, superior, bañada éticamente en los nuevos parámetros de la corrección política y el odio a la tradición, vayan a freír mondongo. Perdón, mxndxngx (a ver, pronúncielo).
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy buen artículo Juan!

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  2. Excelente artículo Juan Manuel. Creo que dos o tres chiflados, no tienen motivos para arruinar el idioma. A mi entender, es un problema de autodiscriminación de parte de "elles". Un abrazo.

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  3. Será que antes se ninguneaba?será que los lugares públicos estaban destinados solo para algunas personas?saber que hubo mujeres que tuvieron que figurar como hombres para editar...hace pensar.A lo que se nombra se le da lugar.
    .

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  4. Muy bueno, Juan Manuel. Se te escaparon tres ceros. Entre los más de 20 millones de muertos de Stalin y Lenin, los más de 60 millones de muertos de Mao, los casi 10 millones de Pol Pot en Cambodia, los de África y los de Castro, la izquierda mató más de 100 millones, no cien mil.
    A la distorsión del idioma se la combate rechazándola y poniendo en evidencia a los ignorantes que la impulsan, quienes sólo persiguen el propósito de mostrar un falso virtuosismo, a falta de méritos propios para destacarse en alguna actividad relevante y/o útil a la sociedad.

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