Ahora que hemos entrado por el aro del cielo, las estrellas, permítanme referirme a Claudio Tolomeo, a quien nombré de refilón el otro día. Vivió en el siglo II y fue el más famoso astrónomo griego de la antigüedad. Debe su nombre a haber nacido en la Tolemaida Hermia, del Alto Egipto. Nada que ver con la célebre familia de Tolomeo Lago, Tolomeo Filadelfo y de Cleopatra. Y no, amigos, no es una contradicción ser griego y haber nacido en Egipto, como lo sabe cualquiera que pasó de primer año del secundario. Reunió en un cuerpo de doctrina todo lo escrito por los astrónomos que lo precedieron, aprovechó las observaciones de Hiparco y de los caldeos. Perfeccionó el sistema geocéntrico —al que ha quedado adherido su nombre— dando una explicación matemáticamente aceptable de los movimientos de los planetas. En su obra más trascendente “Megale Syntaxis tes Astronomía”, el Gran Sistema de Astronomía, llamada por los árabes “Al Kitab, al Majisti”, El Gran Libro —nombre que nosotros simplificam...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero