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El clásico |
La cuestión no es Boca—River, incluir a otros equipos o hablar de distintos deportes sino cambiar de tema
Quizás más que un clima de época, lo que este tiempo ha traído como novedad al mundo es un lapso de violencia animado, sobre todo, por los diarios, la televisión y la internet. Hay 22 personas que se van a juntar para jugar a la pelota, oiga bien, a un juego, y en los diarios salen títulos como “Duelo de punteros”, “Enfrentamiento de necesitados”, “Golpe a golpe”. El lenguaje de la guerra, la pelea, las armas, el combate, de la beligerancia, el enfrentamiento, son usados casi como un pasaporte para leer las noticias deportivas, sobre todo del fútbol.Una actriz cualquiera dice algo de otra que, a su vez, le responde con alguna guarangada en las redes de internet. Los periodistas, que otrora intentaban poner paños fríos ante situaciones de violencia, hoy titulan “Fulanita destrozó a Menganita en Twitter”. Lo peor es que ni siquiera son actrices, sino mujeres de vida marginal —por no usar una descripción más dura— intentando abrirse paso en eso que llaman “mundo de la farándula”.La verdad ha llegado a no tener ninguna importancia en la lógica de la prensa, los diarios, la radio, la televisión, y son solamente un medio para que la gente se exprese. El problema es que los dueños de esos medios, necesariamente eligen quién tendrá voz y a quienes acallarán. Si una estrellita en ascenso insulta —pongalé— a la actriz Mercedes Morán, corresponde que el periodista que le puso el micrófono no la tenga en cuenta, la ignore y al menos le diga: “Chiquita, vete a estudiar teatro, cine, televisión, hacé una carrera propia, actuá en varias obras, filmá unas cuantas películas y cuando tengas todo eso, volvé para para que te entreviste de nuevo”.Casos se han visto de periodistas que aconsejaron a algunas de esas pobres chicas, decir que eran vírgenes para luego publicarles una nota en la tapa de sus propias revistas y hacerlas famosas. O les señalan a otras de su mismo o parecido peso específico para que se peleen y alcancen notoriedad. Horas de una televisión que podría servir para acercarnos el mundo a nuestros aparatos, son desperdiciadas en la mugre que sale de la cabeza de un cronista.
Y vamos a decirlo ahora, antes de que todo esto pase y se olvide. El atentado que sufrió la vicepresidente Cristina Fernández fue eso, un atentado, un intento de matarla que afortunadamente salió mal.
No fue un presunto o supuesto atentado. Es cierto que en la lógica de Boca—River, River—Boca que prima en las redes de internet, casi al mismo tiempo que se conocía la noticia, hubo interesados que salieron a poner en duda los hechos. Pero, va de nuevo, los periodistas de uno de los dos bandos en que se divide el pensamiento universal de los argentinos, después del repudio al hecho, le otorga importancia a esta idea. E instala la hipótesis de que todo pudo haber sido una puesta en escena.
Si es así, entonces la voladura de la Asociación Mutual Israelita Argentina fue un gran montaje para perjudicar las relaciones de la Argentina con el mundo árabe, o al menos con una parte importante, como Irán, Néstor Kirchner y Alfredo Yabrán no se murieron sino que disfrutan de la vida en una isla del caribe mientras las nativas les abanican el pito, los montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo eran tiernas y dulces agrupaciones de jóvenes con buenas intenciones a quienes se les escaparon dos o tres bombas de morondanga y mataron de pura casualidad a cuatro o cinco policías. Y así podríamos seguir negando la realidad en la perra cara de lo que sí sucedió.
Ah, no, espere. Lo que dicen los diarios es que en las redes sociales muy pocos creen que el atentado haya sido tal, no que lo señalan ellos. Volvemos a lo mismo, ¿la estrellita en ascenso dijo o no dijo que Mercedes Morán era una esto o una aquello? El problema es el destaque, porque no es lo mismo que la noticia salga en un recuadrito perdido —más que eso no merecen las redes de internet— a que aparezca casi como artículo principal, siempre cuidando escribir que son otros los que lo dicen, no ellos, cómo se le ocurre.
En serio, muchachos, la cuestión no es Boca—River o River—Boca, ni siquiera si incluimos otros equipos, San Lorenzo, Central Córdoba, Juventud Antoniana y tampoco si mencionamos otros deportes, pádel, natación, porque la vida tiene muchas aristas como para depender siempre de dos extremos, blanco o negro.
Deberíamos plantearnos la idea de abandonar por un tiempo la lectura de los diarios, la televisión, internet, la radio y darnos a la lectura: “Menos Feinman y más Platón”, sería un lema, “Dejemos a Verbitsky aprendamos del Martín Fierro” o “La Nación y Clarín no saben más que Sancho Panza”.
Ya que estamos, es más productivo jugar al fútbol antes que mirarlo por televisión. Ahora lo dejo, me espera una relectura en la calma del sábado a la tarde, de “Sed y canto”, poemario emblema del vate Alfonso Nassif, se lo recomiendo.
©Juan Manuel Aragón
"Los hombres estan dispuestos a creer aquello que quisieran que fuera verdad"
ResponderEliminarSir. Francis Bacon
En estos tiempos de postmodernismo en los que la realidad se ha convertido en una construcción social, los medios aprovechan y distorsionan la realidad para atraer interés y captar público.
Hay que aceptar que el público que compra y engancha es la otra mitad del problema y no la víctima. Nuestra sociedad ha caido a niveles criticos de baja educación, no solo por deficiencias del sistema educativo sino por propia falta de interés en educarse. Creer que lo que les llega por guasap es información...y lo creen....., en un grave error que tiene consecuencias.
Y como vos dices, la trascendencia que se le da hoy al teman como la farándula deshilachada de La Argentina, o al fútbol ( también deshilachado), es lamentable....a menos que se trate de Güemes...por supuesto.
Juegue el Gaucho, carajo..!! Bien ahí.
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